‘El secreto del doctor Grinberg’ de Ida Cuéllar: un thriller de la conciencia

Jacobo Grinberg trabajó con curanderos y chamanes, sus actividades lindaba entre la academia y lo esotérico. Un científico entre los chamanes, un chamán entre los científicos, se le describía.

 

Y justo parte de su misterio fue cuando a finales de 1994 desapareció sin dejar rastro. ¿Su cuerpo se expandió a otro plano de conciencia? ¿Fue abducido por seres superiores? ¿Lo secuestró o eliminó el gobierno estadounidense?

 

Estas incógnitas se relatan en El secreto del doctor Grinberg, documental de Ida Cuéllar, platicamos con él sobre esta película tan persuasiva, como el mismo material que cuenta.

¿Cómo entras a la historia de Jacobo Grinberg?

En mi primer viaje a México en 2010, una mañana en Tepoztlán, una mujer me dijo que tenía que conocer a un científico mexicano que se llamaba Jacobo Grinberg. Dijo que era el más importante de México, que había trabajado con curanderos y chamanes y que se lo había llevado la NASA, ésa era su versión. Conseguí su autobiografía La batalla por el templo y me fascinó, ahí había pistas sobre la desaparición que vino después. En paralelo conocí a su hija y empecé a contactar con familiares e investigadores, con la idea de hacer una película. Al medio año realice todo con un equipo muy pequeñito: el director de fotografía José Luis Bernal, Miguel León coguionista, Rodrigo Lira hizo el sonido; pero al editar entendí que estábamos lejos de tener una película; esto nos llevó casi nueve años, entre entrevistas, edición, postproducción y hallazgos.

Una cosa es tener un tema  fascinante como éste y otra es que haya una buena forma de contarlo, ¿cómo elaboraste la estructura de esta historia?

Es un tema vastísimo, con muchas hipótesis y teorías, tanto de la vida de Grinberg como de su desaparición. Quería hacer la historia cautivara, no solamente para interesados en la ciencia, la magia y la filosofía de Jacobo. Al principio era más reflexiva y poética, pero no la película que me gustaría ver. Un día vi The Tin Blue Line de Errol  Morris, sobre un personaje que está en la cárcel por un crimen que no cometió, Morris lo estructura a partir del thriller y entendí que algo así necesitaba. Eso te permite después volar a donde quieras, meterte en metafísica, magia, chamanes, ciencia; pero que estos ingredientes aparecieran como consecuencia de una investigación policial. También quería que tuviera los ingredientes propios del misterio que envuelve a Grinberg, que fuera hipnótica y atmosférica, con una presencia de algo que sobrevolara la película, eso lo buscamos con las galaxias, los planos de carretera, la noche; a través de estas atmósferas intenté un contexto de más inmersión.

 

El personaje principal es Jacobo Grinberg, pero es interesante cómo despunta el policía Clemente Padilla, una suerte de coprotagonista.

Para mí es un personaje de cine negro, que entra en un caso y éste lo transforma. Es el policía mexicano que no tiene ningún interés por la metafísica, la filosofía y la ciencia, pero tiene que empaparse en el universo de Grinberg para desentrañar los enigmas del caso. Es un personaje con una obsesión y esa obsesión siempre es un caramelo. Además su aspecto, su manera de hablar, es un personajazo. Clemente accedió rápidamente y aceptó lo que le pedí para hacer la película; al final es quien la lleva a sus espaldas, su vida cambió a causa de este caso; hay un drama en su propia historia. Padilla es la parte más humana y tangible dentro de la historia.

 

Cada testigo del caso Ginberg se convierte de manera automática en un personaje más del caso, ¿ocurrirá eso con tu película y contigo mismo, Ida Cuéllar será otro personaje de la mitología Grinberg?

Es verdad, sin querer al hacer la película te vuelves parte de la historia, como le ocurrió a Sam Quiñones, el periodista de Los Ángeles. Al estar estos nueve años investigando, la gente se me acerca no como cineasta, sino como persona que conoce la historia por haberla investigado. No sé exactamente cuál es mi papel pero es verdad que de alguna manera formas parte del mito Grinberg. Para mí lo importante sería que la película la vea mucha gente y sepan quién era Grinberg y lo que hacía. Me gusta que le llames la mitología Grinberg porque es la historia está dentro del género mítico. Por eso la quise abrir con la cita de La Odisea, con un pequeño speaker de Grinberg y con la imagen de las galaxias. De algún modo coloca al espectador dentro del mito, más que de una novela o una historia lineal.