La realidad de un simulacro: el cine

25/07/2014



<p>La realidad de un simulacro: el cine</p> Imagen

Autor: Sergio Fernández

Editorial: Conaculta/Imcine/Dgp

Año y Ciudad: México, D. F. 2000

Este libro responde a un objetivo distinto del que el autor se propuso escribir.

El primero era acercarse a algunas actrices norteamericanas y europeas desde la pantalla de Hollywood. Pero a medida que fue avanzando, el texto tomó por sí mismo otro camino.

Tres núcleos culturales se abrieron, con visibles o soterrados puentes de comunicación: la narrativa, el teatro, el cinematógrafo con la cauda que es la televisión. Por ejemplo, si se habla de Washington Square, la ilustre novela de Henry James, el asunto se enriquece con la aparición, varios años después, de La heredera (en dos actos, estrenado en Broadway) obra que ayudó a contemplar (con ojos alinde) la película del mismo título cuya primera versión, en blanco y negro, obedece a una sagaz interpretación ya del teatro, ya de la novela; pero las cosas también son a la inversa: la televisión y el cine influyen en el teatro y la narrativa.

No es novedad que en estos núcleos los lenguajes de los que se valen son tan distintos, que realmente se tiene que hacer un gran esfuerzo para, sin salirse de la trama en turno, no traicionar lo propio, o sea el original, es por ello que de una gran novela salen películas dudosamente buenas, si acaso fieles al modelo que las inspira. Recordemos al teatro filmado El luto le sienta bien a Electra, de O´Neil, donde el teatro es pleonásticamente un triple escenario fingido: el que está escrito, el que de allí se deriva para escenificarse y el que, al filmarse, se aprende en la televisión.

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