Cine sin Cines: la entrevista con Elpidia Carrillo

En Araktepakua se puede hablar con Elpidia Carrillo, la fundadora y principal instigadora del festival. En Cherán hay premios: los entrega el Concejo de Gobierno de la comunidad

Elpidia Carrillo tiene una presencia inagotable, cuesta trabajo entrevistarla y de ninguna manera porque se haga la inaccesible: tanta actividad del festival la hace recorrer completa cada población: soluciona logísticas, atiende invitados, encuentra una comadre con la que se pone al día; tres niños le piden autógrafo y termina jugando con ellos.

Al final se le puede sentar y hacer respirar quince minutos en la plaza de Araktepakua. En unas horas estaremos en Cherán. Es el último día del Cine sin Cines. Elpidia se da un tiempo para reflexionar y explicar por qué el esfuerzo de este festival.

¿De niña veías cine?

“De niña yo no veía cine”, rememora Elpidia. “Nosotros veíamos las estrellas y jugábamos con los animales. Nos agarrábamos de las colas de las vacas para hacer skateboard”.

Cuando se movió de Parácuaro a Uruapan una mujer cobraba 50 centavos por ver la televisión, que apenas llegaba a esas tierras. Elpidia quedaba hasta atrás de los chiquillos, apenas veía nada.

El interés por el cine le vino en la adolescencia, a la par que empezó a trabajar en él, cuando en Estados Unidos trabajó en películas independientes como The Border (Tony Richardson, 1982) o Salvador (Oliver Stone, 1986).

Algunas décadas después, cuando regresó a Michoacán, tuvo la idea de hacer algo para contribuir con la comunidad. “Me dije: ¿Con qué puedo ayudar? Con cine. si hacemos cine podemos contar muchas historias”.

Lo abrumador era organizar una muestra de cine que implicara hablar con distribuidoras, funcionarios, burocracia: crear una infraestructura que la desbordaba. “Entonces dije: lo hacemos nosotros. Hablo con Juanita, con mi comadre, con la otra señora, con el otro señor, que alguien haga el pozole, alguien las tostadas y alguien más las palomitas. Así armamos un grupo, el primero en un barrio pobre de Uruapan”.

El Festival Internacional Cine sin Cines se ha convertido en una actividad comunitaria: participan cocineras tradicionales, médicos, contadores, pero también los amigos directores, actores, maquillistas, vestuaristas, que llevaban sus películas para mostrarlas en las comunidades.

La experiencia es de las comunidades y también de los artistas

Hay dos vertientes principales en este festival: la exhibición de películas y la creación de talleres informales, que dan a las comunidades una primera noción de lo que es el trabajo audiovisual y cinematográfico.

Elpidia cuenta su asombro porque han llegado médicos y hasta miembros de la policía federal a participar en las actividades. “En un festival, cuando empezamos las proyecciones y los talleres llegaron los federales y me preguntaron si no les daba chance de ver las películas. Respondí: vengan pero por favor dejen sus armas afuera. Vieron una película sobre violencia doméstica, hicieron un taller de fotografía, tomaron fotos de lo más hermosas de unas flores de la naturaleza. Al final me preguntaron si no podía regalarles una copia de la película para mostrárselas a los demás compañeros, porque tenía un mensaje bien bueno”.

Elpidia sabe que el festival es una experiencia por dos vías: las comunidades que reciben una caravana de gente excéntrica, creativa, con ganas de aportar energía y conocimiento. Pero los invitados también se enriquecen con la experiencia: “los artistas vienen a trabajar, dan autógrafos y sonrisas, también dan talleres, están siendo perceptivos, saben que no es un festival de fiestas y vestidos de gala, tienen una experiencia especial y cada año cada sede da una nueva sorpresa”.

A Elpidia le gustaría terminar de recorrer con su festival todas las comunidades posibles de Michoacán y quizá después moverse a otras regiones del país. Pero su identidad binacional también la hace pensar en Estados Unidos. “Promoverlo en comunidades de Estados Unidos que emigraron y viven en las mismas condiciones, me gustaría llevarlo a Pomona, Riverside, Sacramento, San José, a lugares donde tampoco hay cines.  De esa manera vamos a quitar la frontera, la muralla visual y espiritual, de pensamiento y racismo de las culturas”, explica.

Las camionetas nos apuran: es momento de viajar a Cherán. En esta población, innovadora y orgullosa de sí misma, es el cierre del IV Festival Internacional Cine sin Cines.

Palmarés IV Festival Cine sin Cines

Mejor película: Traición de Ignacio Ortiz.

Mejor cortometraje: Terranova, de Ana Laura Calderón, María Vargas y Oscar Flores.

Mejor actriz: María Vargas.

Mejor actor: Aldo Verástegui.

Mejor sede del festival: Cherán.

A la trayectoria: Raúl Adalid.

Embajador del Festival de Cine: Jesse Borrego.

Reconocimiento a la Trayectoria: Elvira Richards.

Reconocimiento a la entrega del equipo: Nely Yáñez.

Reconocimiento especial a la conductora: Mónika Rojas.

Por: Carlos Ramón Morales