Cine sin Cines: paletas de changunga, violencia y alienígenas

El Festival Internacional de Cine sin Cines no se limita a exhibir películas de pueblo en pueblo, como los proyeccionistas itinerantes de antaño; replica la experiencia completa de un festival

Y a los filmes los acompañan sus hacedores: directores como Gabriel Retes, María Vargas o Aldo Verástegui; actrices y actores como Diana Ávalos, Rosario Serna, Moisés Miranda o Raúl Adalid; la directora de casting Elvira Richards; el proyeccionista Chipi; obstinados de la edición como Mariana Ruiz y Alfredo Mendoza, periodistas como el peruano Sayo Hurtado y hasta el monstruo ‘Depredador’. Semeja más una caravana circense, a cargo de la actriz Elpidia Carrillo como maestra de ceremonias de tres pistas.

El 29 de mayo se hacen los protocolos de rigor en Morelia: discursos, felicitaciones, buenos deseos, algún comentario político que busca destemplar a los funcionarios de cultura.  Clases magistrales de Gabriel Retes y Elpidia Carrillo; música regional, uchepos y el festival inicia en realidad en Parácuaro.

Esta comunidad no es ajena a la noción de la farándula. De aquí es Elpidia pero también Juan Gabriel, Mariana Seoane y Agustín Bernal. El cine no les es extraño pero sí infrecuente: las salas más próximas están en Uruapan, a hora y media de camino, y apenas se instalará una cadena comercial en Apatzingán, que está a media hora. Ven cine por cable o plataformas digitales.

A los paracuanenses, sobre todo los más jóvenes, no les cuesta trabajo imaginarse fuera del pueblo y explorar la vida o el arte en otras regiones.

A Azucena, morenita, espigada, de 16 años, le encantaría actuar y cantar, si bien su profesión más segura sería la medicina. “El festival te anima, te enseña muchas cosas. Elpidia es divertida, de hecho su foto está en la entrada del pueblo”. Azucena ve películas en su casa. La última vez que estuvo en una sala de cine fue hace ocho años, cuando vivió en Estados Unidos.

Raúl, galancillo de trece, nunca ha ido a una sala. Se surte de películas y series en plataformas. Se jacta de terminar una temporada en un día. “Ahora veo Santa Clarita Diet, que tiene tres temporadas; me falta un capítulo para terminarla toda”, afirmó.

Los dos quedaron entusiasmados de los talleres que tomaron en la secundaria federal Guillermo García Aragón. Azucena estuvo con Rosario Serna, quien los hizo improvisar breves sketches; Raúl atendió la clase de producción de Mónika Rojas y Aldo Verástegui, supo que las películas ya pueden hacerse con teléfonos celulares: “nos contaron cómo cortan la historia, la filman en desorden y ya después la editan”.

Justo del taller de edición de Mariana Ruiz y Alfredo Mendoza, director del Centro de Capacitación Cinematográfica, salió un videominuto concebido por los alumnos. El cine es reflejo y puede ser desconcertante. Así ocurre con Parácuaro en sangre.

La confrontación  de la realidad hace contrapunto con la violencia fantástica. La película más famosa de Elpidia Carrillo en Hollywood fue Predator (McTiernan, 87), donde compartió créditos con Arnold Schwarzenegger y con la que tiene una relación ambigua (demasiado comercial para una trayectoria independiente). Pero para efectos del festival entusiasma el monstruo lovecraftiano de dos metros que aparece en el momento de mayor distracción adolescente.

“El traje lo hice yo”, explicó Felipe de Jesús Izquierdo, quien tiene el hobby de los disfraces y a quien Elpidia lo ha invitado al festival desde que les tomaron una foto en las oficinas de La Voz de Michoacán. “Costó unos tres mil quinientos pesos. La máscara cuesta otros dos mil quinientos. Mi abuela me hace las redes a gancho, participa mucho mi familia. Redondeando las cifras gasto unos nueve mil pesos.” También tiene disfraces de Chewbacca, Darth Vader, Darth Moul, Gandalf… el más reciente es Thanos.

Felipe está terminando la carrera de odontología, ahora hace su servicio social. Quisiera especializarse en su carrera pero la farándula lo llama a eventos, ferias, fiestas… Y por supuesto que le seduce encarnar a un alienígena que merodea los pueblos de Michoacán para sembrar la huella del cine.

 

Por: Carlos Ramón Morales