30/06/2014

Entregan la Medalla Salvador Toscano a Paz Alicia Garciadiego en la Cineteca Nacional

*Como parte de este reconocimiento se realizará una retrospectiva sobre las películas escritas por la autora del 1al 6 de julio en la Cineteca

Fuente: IMCINE


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Entregan la Medalla Salvador Toscano a Paz Alicia Garciadiego en la Cineteca Nacional

 

*Como parte de este reconocimiento se realizará una retrospectiva sobre las películas escritas por la autora del 1al 6 de julio en la Cineteca

*Yo no elegí ser guionista, la profesión me eligió: Garciadiego

De manos del presidente de la Fundación Carmen Toscano, Rogelio Martínez Aguilar y del director general de la Cineteca Nacional, Alejandro Pelayo, la escritora de cine Paz Alicia Garciadiego recibió la Medalla Salvador Toscano al Mérito Cinematográfico 2013, en un acto celebrado la noche del jueves en la sala 4 del recinto cinematográfico.

Esta distinción fue entregada por la Cineteca Nacional, la Fundación Carmen Toscano y la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), en una ceremonia en la que estuvieron presentes el director general del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), Jorge Sánchez; la presidenta de la AMACC, Blanca Guerra; los realizadores Arturo Ripstein, Jaime Humberto Hermosillo, Roberto Fiesco; las actrices María Rojo y Julieta Egurrola, entre otros. 

Alejandro Pelayo comentó que este reconocimiento no es a una guionista, sino a una escritora extraordinaria que también hace guiones cinematográficos, tras recordar que la Medalla Salvador Toscano al Mérito Cinematográfico se entrega a aquellos hombres y mujeres cuya huella en las distintas áreas de la industria fílmica ha resultado imprescindible para el desarrollo histórico y artístico del cine mexicano. Además de que esta presea lleva el nombre de uno de los iniciadores del cine en México, el ingeniero Salvador Toscano.

El director de la Cineteca Nacional también dijo que desde 1983 hombres y mujeres de distintas generaciones de creativos han sido reconocidos con esta distinción, al igual que destacados cineastas como Alejandro Galindo y Roberto Gavaldón; fotógrafos como Gabriel Figueroa y Alex Phillips Jr.; escritores como Vicente Leñero y Tomás Pérez Turrent; investigadores como Emilio García Riera; y,  el actor Ignacio López Tarso.

Paz Alicia Garciadiego tuvo su primer contacto con el cine cuando recibió la invitación de Arturo Ripstein para adaptar a la pantalla el relato de El gallo de oro de Juan Rulfo, en 1984. Egresada de la carrera de Letras españolas y Estudios Latinoamericanos de la UNAM, ella había comenzado haciendo guiones para radio e historias educativas, relató Pelayo Rangel.

Garciadiego–continuó el director de la Cineteca-, transformó el rural universo rulfiano, en el cual la tragedia se fusiona con el realismo mágico al mundo sombrío, claustrofóbico y sin salida de Arturo Ripstein en El imperio de la Fortuna. Desde entonces Ripstein y Garciadiego se convirtieron en cómplices de vida y del arte.

Paz Alicia ha sido escritora de complejas estructuras narrativas, que alternan puntos de vista contradictorios hacia una misma  situación; así como creadora de personajes enfrentados a un mundo trágico en el cual no encuentran la salida. Ripstein y Paz Alicia comenzaron en 1988 su primer guión original con Mentiras piadosas, una continua deconstrucción del melodrama, el género en el cual se  construyó la cinematografía mexicana y sus mitos del cine mexicano clásico, mencionó el funcionario cinematográfico. 

Pelayo Rangel enfatizó que Garciadiego, en mancuerna con Arturo Ripstein, ha dinamitado las convenciones del melodrama clásico para subversivamente demoler instituciones como la familia, la pareja, la madre emblemática, el amor verdadero o las clases sociales. Sus filmes  en común son crónicas de amores echados a perder que marchan hacia la destrucción sin remedio.

Considerada por Gabriel García Márquez como la mejor escritora para cine de habla hispana, Paz Alicia ha sido reconocida en los principales festivales del mundo, destacó el también cineasta, para anunciar que como parte de este homenaje la Cineteca Nacional programará un ciclo del 1 al 6 de julio de las películas escritas por Garciadiego, las cuales suman 13 títulos todas dirigidas por Arturo Risptein, además de un episodio de Ciudad de ciegos, de Alberto Cortés.

En su calidad de presidenta de la AMACC, Blanca Guerra manifestó su orgullo de que la presea Salvador Toscano le fuera entregada a una guionista de la talla de Paz Alicia, luego de recordar que su encuentro con Ripstein, fue al mismo tiempo su encuentro con Garciadiego, en El imperio de la fortuna.

“Es una guionista con un sello y personalidad que tiene ese inconfundible estilo. El lenguaje, las sutilizas, ese manejo de frases con diminutivos, pero que rompen con todo, es  muy característico de Paz Alicia”, consideró.

Por su parte la escritora agradeció esta distinción sobre todo para su gremio. Y manifestó que recibió la noticia de este premio con emoción y azoro. “El azoro lo explico porque soy guionista y porque formo, por lo tanto, parte de un gremio acostumbrado a las sombras, un gremio que pocas veces da la cara, que siempre aguarda agazapado atrás del director, de  los actores e incluso del productor. Nosotros los guionistas somos probablemente los grandes olvidados del cine”.

Sin embargo, paradójicamente nuestro trabajo no es relegado, afirmó Paz Alicia Garciadiego, “porque  de qué se tratan las películas sigue siendo de máxima prioridad en el cine, pero lo que se olvida es que estas historias son imaginadas, escritas por alguien: el guionista. Este olvido no es casual, parte de la idea que tienen del cine tanto el grueso del público y buena parte de los especialistas del séptimo arte, de que el cine es un oficio de lentes, cámaras y miradas, no es el espacio de la palabra y menos aún de la palabra escrita, y equiparan equívocamente el guión con los diálogos de la película”.

Quizá -estimó la guionista de cintas como Principio y fin o Profundo carmesí-, esta falta de reconocimiento público llevó a distanciar a muchos de los guionistas con su obra; quizá también al ser muchos directores sus propios guionistas se opaca el trabajo del guión a favor del trabajo de la dirección; quizá el desparpajo con que muchos productores tendían o tienden a reemplazar a un guionista por otro, como si el trabajo del guionista fuera una talacha mecánica sin atisbos personales o artísticos, provocó el descrédito del guionismo.

“Yo soy guionista, porque creo fundamentalmente que el cine es arte y por ello la escritura del guión no puede ser un oficio mercenario y oscuro, los que escribimos cine, y uso escrupulosamente la palabra escribir, podemos, queremos y debemos aspirar al arte. La creación está en el enamoramiento del autor por su obra, un amor obsesivo, absorbente, venenoso, peligroso.

“Es gestar un universo y ahogarte dentro de él, por ello lo que aquí planteo es la relación del escritor con la obra, la responsabilidad para con lo que se escribe no tiene que ver con los créditos, sino con el quehacer. No se trata de una discusión estéril sobre la autoría de lo que por principio y por esencia es una obra colectiva, los guionistas formamos parte de un equipo comandado por el director, estamos literalmente en el mismo barco”, manifestó.

Paz Alicia Garciadiego aseguró que “los que escribimos cine sabemos de antemano que nuestro trabajo es una etapa en la travesía que tiene que llegar a un puerto: la película. Aceptamos que el guión no es la escala final, y que si nuestro trabajo llega a buen puerto, el guión desaparecerá necesariamente, para que nazca la película, esa es la paradoja de  nuestra profesión, lo específico de nuestro oficio es que es necesariamente perecedero. El guión vive fugazmente para que la película exista  y si tiene uno suerte, como es mi caso, de que un director le haga una buena película, porque ni el mejor de los guiones puede sobrevivir a un director inepto”.

La escritora finalizó: “Yo no elegí ser guionista la profesión me escogió, hoy es lo único que sé hacer, es mi trabajo, mi quehacer, mi oficio, me encanta es un lujo, mi lujo”.