Cuarta jornada de Ficunam: los paisajes como personajes. Los susurros también.

Cenotes como abismos de enigmas, historias y amenazan, que conviven con la cotidianidad de las comunidades yucatecas. Volcanes como territorios de bandidos, viudas y amantes, que recrean la lírica, el paisajismo y el amor romántico. Desde la apuesta visual o las interrogantes a las reglas narrativas hegemónicas, estas apuestas de murmullos también replantean el sentido del discurso cinematográfico.

 

Ts’onot (Cenote) de Kaori Oda: los muertos que hablan entre las cuevas y el agua

El tópico del paisaje como personaje principal. En este caso, el paisaje como monstruo subacuático que engulle imágenes, sonidos, historias y la misma idea cinematográfica. La cineasta japonesa Kaori Oda, egresada del Bela Tarr’s Film Factory, había hecho documentales con personajes y motivos bosnios, el último sobre mineros; quería retarse en un espacio que no conociera y filmar en el agua. Marta Hernaiz Pidal (La caótica vida de Nada Kadic) le propuso los cenotes yucatecos.

Ts’onot (Cenote) toma distancia de la ficción y el documental. Más pieza de videoarte o de poesía audiovisual, apuesta por las texturas del sonido y las reverberaciones de los abisales cenotes, que adquieren presencias sombrías o amenazantes, son el territorio de madres que perdieron sus hijos, niños que se asomaron y se perdieron para siempre, enormes serpientes que cobran venganzas.

Ts’onot (Cenote) se filmó con un reducido equipo de cuatro personas y un teléfono celular. La pericia técnica semeja la social: el pequeño equipo convivió con las comunidades que se han formado alrededor de estos pozos de agua, reconocieron costumbres, leyendas, aspiraciones, retos. Un poeta yucateco les permite agregar un largo poema sobre la opresión occidental y la resistencia al trabajo fílmico. Voces dolidas, temerosas, susurrantes, combativas, ensimismadas: muertos y ancestros de las comunidades mayas toman presencia en cavernas acuáticas transparentes, tan bellas como atemorizantes.

 

 

Toda la luz que podemos ver, Pablo Escoto: amores que se contrarían entre dos volcanes

El temperamento augusto de los volcanes Popocatépetl e Iztaccihuatl le proponen épicas sentimentales a Pablo Escoto Luna. Tras merodear los ambientes marinos del golfo de México en su documental Ruinas tu reino (2016) se arriesga a escenas y motivos equivalentes de José María Velasco para contar dos historias de amor: la de Maria                que huye con El Toro cuando quieren forzarla a casarse con un bandida; la de Rosario, enamorada de un genera muerto y enterrado en las faldas del volcán.

Toda la luz que podemos ver recurre a la toma fija, rechaza el preciosismo; abreva en poesía náhuatl, de Raúl Zurita, Gabriela Mistral o Roberto Bolaño; y hace de la improvisación una forma de deconstruir la ficción y generar nuevas ideas sobre el cine de época y el desusado amor romántico. “Nuestro trabajo es la pintura del paisajismo mexicano, los mitos mexicas y la poesía que nos gusta. Ese es el material con el que trabajamos. Y en ese sentido cada quien lleva sus búsquedas e interesas a la película. Los actores traían la poesía que les interesaba trabajar en sus personajes, los cuales están basados en arquetipos muy generales”, dijo en entrevista a Julián Crenier para Notimex.

 

CRM