Disparos, fotografías para sobrevivir a la violencia

 

El documental Disparos (2018) de Rodrigo Hernández y Elpida Nikou quería llamarse así como metáfora naíf: confrontar el disparo de la cámara fotográfica de Jair Cabrera –el disparo de la cultura– contra los disparos de las armas y la violencia.

Por desgracia Disparos terminó aludiendo a la violencia real, la sigilosa que merodea al periodismo mexicano. Una emboscada del narcotráfico rompió la inocencia de Jair, lo obligó a buscar asilo en Europa y crear en Disparos un suspenso amargo: México es un país de reporteros que mueren asesinados, del que acaso es mejor huir.

Pero Disparos también funciona como desafío al estado de las cosas: se debe salir y retratar más gente, se deben recuperar las calles y contar sus historias, se debe remontar la protesta y recrear un país seguro.

De eso se trata Disparos. Sus creadores nos contaron cómo lo hicieron.

¿Cómo conocen a Jair y después cómo deciden que sea el personaje de su documental?

Elpida Nikou (EN): Habíamos escuchado sobre el taller de fotografía de Jesús Villaseca, nos llamó la atención porque sabemos que Iztapalapa es un lugar violento, donde no hay oferta para los jóvenes, por eso lo quisimos conocer. Nos encantó el proyecto y empezamos a seguir a varios alumnos. Jesús nos presentó a Jair, quien ya trabajaba como fotoperiodista. Nos encantó su personaje porque a través de él podíamos contar varias cosas: cómo se vive la violencia en estos barrios, cómo vive un chavo que intenta encontrar oportunidades a través de la fotografía; por eso Jair nos enganchó.

Rodrigo Hernández (RH): En algún momento pensamos hacer la historia a través de varios alumnos, luego nos dimos cuenta que era más fuerte seguir la trayectoria de Jair.

¿Cómo fue la experiencia de ir a un territorio con fama de peligroso, como Iztapalapa?

EN: Una va con prejuicios porque todo lo que oímos de estas zonas es malo y no es cierto, son zonas marginadas pero también con gente que lucha por sobrevivir. Pero para la gente que no es de allí es difícil llegar y grabar, necesitas ir con alguien del barrio y hacer confianza con ellos. En eso nos ayudaron Jesús y Jair.

El último tercio de la película, los hechos violentos que vive Jair en Guerrero, es una historia dura y parecería atenuar la primera parte, cuando se habla del barrio, de los amigos y el taller de Jesús, ¿qué problema les representaba como narrativa tener estas historias, una coyuntural, periodística y otra más “antropológica”?

RH: Para nosotros era importante contar la evolución de la violencia a través de alguien que cubría la fuente de la violencia. Queríamos empezar con un chico de barrio y cómo con su trabajo se extiende su participación: primero en la Ciudad de México y luego por todo el país. Lo que pasa en Guerrero es simbólico, pues por desgracia eso le pasa a buena parte de los periodistas que cubren violencia en México: se ven afectados por la misma violencia que están contando. Era difícil ese contraste, pero nosotros queríamos empezar desde ahí para contar una historia global: la violencia en México.

¿Cómo fue la relación personal con Jair y Jesús?

EN: Grabamos casi cuatro años, estuvimos conociéndolos como familia. Cuando a ellos les pasaban cosas, a nosotros también; ahora no los consideramos personajes sino un proyecto compartido. Con Jair trabajamos juntos, estamos en una cooperativa audiovisual y desde hace varios años él participa en proyectos de distintas partes del mundo: Europa, Afganistán, Kosovo; nos volvimos cercanos a él. Es una relación que va más allá del documental.

RH: Y Jesús sigue en El Faro y La Jornada, es posible que empiece a hacer talleres en todo Iztapalapa. Muchos que han pasado por el taller y más gente de Iztapalapa se han acercado a él a decirle: “Órale, qué chingón lo que has hecho”, “muchas gracias”. Eso es algo con lo que estamos súper contentos.

¿Cómo ha sido la respuesta a ‘Disparos’ en festivales, muestras y proyectos como Ambulante?

RH: Estuvimos en varias ciudades con Ambulante, también en el Festival de Guadalajara y no esperábamos la respuesta, mucha gente se sintió muy identificada con Jair. Mucha gente se ha acercado a nosotros y llegan atorados, emocionados: no es una película esperanzadora, que era lo que queríamos al principio, es una película que refleja cómo está el país. Estamos súper contentos de las exhibiciones, de cómo nos la piden en un montón de centros sociales, en universidades; es algo bonito que nos da ilusión. Estrenamos el viernes en Múnich pero la gente nos la está pidiendo para exhibirla en su barrio o sus colonias, eso es emocionante para nosotros.