Pamela Albarrán, la mirada mexicana del Estímulo Especial Angénieux

 

 

Pamela Albarrán planeaba sus vacaciones cuando empezaron a llegarle correos electrónicos que la urgían en el 74° Festival de Cannes. Pensó que era una broma, o spam. Ya esperaba que le pidieran los números de tarjeta de crédito, cuando un correo formal le informó que era merecedora del Estimulo Especial Angénieux en Cannes 2021, que se entregará el viernes 16 de julio en el Teatro Buñuel.

 

Este reconocimiento estimula la trayectoria de fotógrafas jóvenes de todo el mundo. Los años anteriores recayó en fotógrafas asiáticas, de China y La India. Ahora pone el foco en una mirada mexicana, egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica de la Ciudad de México.

 

 

Acláranos algo: ¿el Estímulo Especial Angénieux celebra la trayectoria de una fotógrafa joven, o es un estímulo económico para algún proyecto que tienes adelante?

Ellos buscan promover la carrera de las cinefotógrafas, realizan un foro en Cannes. Durante la ceremonia de homenaje Agnes-Godard van a proyectar mi reel. Es una forma de encouragement, apoyar una carrera que ellos consideran prometedora. Y durante un año voy a poder utilizar lentes Angénieux en un proyecto que lo requiera. En eso consiste el premio, es un apoyo en especie en el que te prestan ópticas durante un año.

 

Eres graduada del CCC. Sé que cuando uno quiere hacer cine, todo mundo quiere dirigir y después te decantas a otras disciplinas. ¿Así fue tu caso o siempre quisiste hacer fotografía?

Yo quería estudiar cine porque tenía un interés genuino en saber cómo se podía hacer una película. No sabía que existía el director de fotografía, es una figura que descubrí cuando conocí a alguien que estudiaba en el CUEC.

Tenía 19 años y quería estudiar cine. Mi padre me enseñó películas desde que éramos niños y por él he sido cinéfila desde pequeña. Empecé a ver películas como Amadeus, Operación Dragón, muy comerciales, pero le fui agarrando el gusto. Me di cuenta que era sensible a ciertas películas, me quedaba: “¡wow!, ¿cómo hicieron esto?” y empezó a interesarme.

En la prepa conocí a un amigo que estudiaba en el CUEC, en ese momento no había escuelas privadas de cine, era la UNAM o el CCC, presente el examen a las dos escuelas. En el examen del CUEC nos llevaron a una sala del Centro Cultural Universitario y nos metieron a cortar papelitos y a contar una historia, yo estaba fascinada, decía: “esto es maravilloso, quiero hacer esto”.

Estudié foto fija primero, estudié comunicaciones y después trabajé como asistente de fotógrafos de moda, pero me aburría muchísimo. Cuando iba a los cortos asistía a hacer foto fija en algunas tesis y ahí empecé a interesarme en ver quién era el fotógrafo en las películas. Hasta que volví a hacer el examen al CCC algunos años después y me quedé.

 

Tienes un gran espectro en tu trabajo, un cuento gótico como La contrafábula de la niña disecada, y documentales como El buen cristiano o Borrando la frontera, son registros amplios y hasta contradictorios. ¿Cómo destaca una personalidad de fotógrafo cuando atiendes compromisos tan distintos?

Una busca contar una historia, retratar la verdad. Esa verdad la veo en el documental y la ficción, no hay distinción. Lo que cambia es cómo vas a poner la cámara y qué fierros te van a permitir poner la cámara de esa manera. Pero para mí todo está al servicio del director y el guión. Busco referencias, referencias documentales, Laura Herrero tenía bagaje, también es fotógrafa así que tuvo una visión súper clara y eso ayuda muchísimo.

Cuando los directores saben para dónde van y me dan libertad para proponer es increíble. En la ficción de Alejandro era muy específico el tipo de lenguaje, era preciso y ese rigor me ha servido mucho. Al final yo les pregunto a los directores qué quieren contar, que me manden lo que quieran compartirme.

También he trabajado con directores que no tienen ninguna referencia, saben lo que quieren hacer pero no necesariamente buscan referencias, ahí tengo que ver cómo me adapto al script. Somos maleables y nos adaptamos dependiendo del proyecto y el director, pero al final es lo mismo: cómo decir la verdad, que se crea lo que está pasando enfrente.

 

¿Cómo ha sido la experiencia de la fotógrafa mexicana en Francia?

Cuando estábamos en el CCC, en el último año puedes hacer un intercambio. Yo tenía ganas de estudiar en el extranjero por lo menos un año, sabía un poco de francés y me puse a ver escuelas. La Louis-Lumière me aceptó.

Fue interesante porque me di cuenta que el CCC tiene un nivel muy alto, hay una libertad creativa que no encontré en Louis-Lumière. Es una escuela con mucho prestigio, hay muy buen equipo y rigor, agradezco la experiencia, pero descubrí que en el CCC nos enseñaban a preguntar por qué: “¿Por qué la cámara va ahí? ¿Qué quiere decir esta atmósfera?” Y esa unión de técnica y libertad artística me ayudó a entender estos panoramas. A veces la gente en Francia puede ser muy cuadrada, les puede dar miedo salirse de ciertas líneas; a mí me gusta que el CCC es libre.

 

¿Y como profesional, afuera de la escuela?

Este oficio es de contactos y toda mi red de contactos la hice en México. No es fácil que un director confíe en un fotógrafo que nunca haya visto, desde que es asistente u operador . Ha sido picar piedra pero he encontrado gente súper abierta. En Francia funciona diferente que en México, realmente tienes que pasar muchos años como asistente para empezar a operar, y después de mucho como operador para que te dejen fotografiar; es un proceso largo, pero es insistir.

Poco a poco han empezado a caer cosas y he sido flexible de aceptar proyectos que me permita llegar a otro lugar, conocer más gente. En estos dos años he hecho sobre todo cortos de ficción.

En Marruecos conocí a unos jóvenes con los que hice un proyecto musical. Era una película experimental y al mismo tiempo una grabación musical de uno de ellos. Fue una gran experiencia; uno de ellos es director y tiene su productora en Marruecos, me invitó a fotografiar su primer corto y fui ahora en enero.

 

¿Estás ahora en algún proyecto ?

Ahorita estoy terminando dos cortos, corrijo a distancia uno que hice en Montreal en 16mm, en 2019, antes de la pandemia. Y en estos días estoy con la corrección de color de un corto que filmé en marzo. Hay una chica franco-marroquí con quien estamos preparando una ficción, una road movie de una familia que viaja de regreso a Marruecos para arreglar una cuestión de una herencia, y los conflictos de la familia se acaban resolviendo o desmenuzando en ese viaje, es un road movie, con eso estamos en pre.

 

Hablas de Montreal, Marruecos, Francia, México, imagino que este oficio se vuelve un poco internacional. ¿Es posible que te veamos haciendo una película aquí en unos años?

Me encantaría, extraño filmar en México, de verdad. En México hay un nivel muy muy alto que a veces no valoramos o no sabemos, o bueno, sí lo sabemos pero a veces no nos acordamos. Extraño mucho filmar allá.

 

Algunas películas de Pamela Albarrán (desde imdb)

 

  • Contrafábula de una niña disecada (Alejandro Iglesias Mendizábal, 2012)
  • La tierra de Nod (Mariana Flores Villalba, 2014)
  • El Buen Cristiano (Izabel Acevedo, 2016)
  • Ayúdame a pasar la noche (José Ramón Chávez, 2017)
  • Borrando La Frontera (Laura Herrero Garvín, 2018)
  • Place du Trocadero (Mathieu Cayrou y Pierre León Luneau, 2020)

 

Conoce el trabajo cinefotográfico de Pamela Albarrán