Yo no soy guapo, el arraigo suena a cumbión

 

Yo no soy guapo ha hecho bailar a los cinéfilos de Los Cabos, a los vendedores ambulantes del Centro Histórico, a los paseantes de la Alameda Central y a los amantes del pulque de la avenida Insurgentes.

¿De dónde esta gozadera que hace mover las caderas y los pies se convierte en un material tan entrañable? De que este documental trata de cumbia. De sonideros. Pero también de barrio, y de pertenencia.

Joyce estudió fotografía en la Universidad Veracruzana, en Xalapa. Llegó a la Ciudad de México a estudiar cine documental y estaba entre el desconcierto y el desamparo cuando la invitaron a un baile de sonideros en La Merced. “Fue natural entrar en el ambiente, como encontrar un hogar en la ciudad: la música, el baile, gente cotorra. Los bailes de sonideros fue como un oasis”. Al principio pensó hacer una serie fotográfica. Después entendió que este testimonio debía volverse película. Fue el tema perfecto para la maestría de cine documental que empezaba en la UNAM.

Y entonces conoció a Lupita ‘La Cigarrita’

Guadalupe Atlacomulco, que en Tepito se le conoce como Lupita ‘La Cigarrita’ y tiene su sonido Radio Voz, conoció a Joyce cuando ella empezaba su proyecto. Brava, arrabalera, Lupita también es generosa y ávida por mostrar su pasión por el baile y la fiesta. Pronto se hizo cómplice de la documentalista. “Joyce llenó la vida de muchos”, dice. “Este proyecto era su tesis y un regalo para los sonideros. Cuando nos llevó a Los Cabos vimos como un regalo que se fijara en nosotros, cuando vimos la película llegaron lágrimas de felicidad, nos vimos y no nos reconocimos”.

Yo no soy guapo trata sobre los sonideros pero colateralmente es una historia de la complicidad. Lupita no guarda distancia con la cámara, le habla directamente a Joyce en cuadro y la sumerge por todos los vericuetos de Tepito: puestos ambulantes, la cancha del baile, la casa de Guadalupe Reyes ‘La Socia’, sonidera pionera. “En la peli se nota que nos llevamos bien”, explica Joyce. “Somos groseras, cotorras. Para mí como documentalista es importante acercarme a las personas, no creo en la objetividad del documental, que uno se tenga que anular o borrar; es más rico estar presente e incluir tu historia, tus gustos o disgustos. Como yo llevaba la cámara, Lupita le hablaba a la cámara porque me hablaba a mí, eso hace que se rompa la formalidad”.

Y Ricardo Mendoza ‘El Duende’ al inicio no quería participar

En Yo no soy guapo también destaca Ricardo Mendoza ‘El Duende’, sonidero desde 1997 con Sonido Chambitas. “Todo el mundo me invitaba por cualquier cosa y  me decía: ‘tú pones el equipo y nosotros ponemos las tostadas’”. Aunque ahora su hijo maneja el Sonido el Duende, Ricardo sigue siendo un emblema en el movimiento.

“A ‘El Duende’ me costó trabajo convencerlo”, revela Joyce: “siempre trataba de llevarme con los que él admira pero yo les decía: ‘es que yo me siento bien con ustedes, en serio’, porque ellos son una familia y no sólo son el sonido”.

Guerreros de la resistencia, maestros del goce

Y es que aquí está la mirada de Joyce, quien hace de Yo no soy guapo una experiencia distinta a un documental convencional que tratara de la historia de los sonidos, o de los exponentes más poderosos. Yo quería retratar la identidad del barrio, la importancia del sonido para la vida barrial, eso solo te lo da un apasionado de la música; eso es más importantes que ser el primero o tener más equipo”.

Yo no soy guapo registra bailes, el consumo de discos, la religiosidad que subyace en el movimiento, pero también fue testigo del intento de las autoridades en 2014 por cancelar los bailes más importantes: el de Tepito y La Merced. Ahí el documental alcanza lo político: es la expresión de un movimiento que nutre la identidad del barrio y que es amenazado a desaparecer. “Espero que el documental pudiera llegar a las esferas de las decisiones políticas, que se abriera el debate del por qué sí y por qué no deberían estar los sonideros en la calle. Los sonidos hacen familia, identidad. Justo el sonido intenta recuperar la calle, la cultura, no es sólo una fiesta para hacer desmadre”, concluye la directora.

Joyce describe a los sonideros como guerreros de la resistencia, maestros del goce, de vivir la vida ahora. Y algo se intuye en su fascinación por el movimiento: Joyce García, la mujer de costa encontró en La Merced y Tepito sus sonidos tropicales, con gusto a asfalto.