'Ruido’, de Natalia Beristain, y los desaparecidos que son parte de nuestros cuerpos

Hace nueve meses desapareció Ger. Como último testimonio hay un video donde le dice a su madre que está pasando unas vacaciones increíbles. Después se supo que entró a un bar, después se perdió su rastro. Y desde entonces Julia, su madre, la busca.

 

En Ruido, Natalia Beristain agrega a su galería de personajes femeninos (Dolores y Amanda en No quiero morir sola, Rosario Castellanos en Los adioses) a Julia, una madre con la angustia crónica de tener a su hija desaparecida. Y ella la busca desde ministerios públicos indolentes, hasta lo más oscuro y podrido del crimen organizado. 

Al lado de las pesquisas de Julia, en Ruido se reconoce un espacio de solidaridad y acompañamiento, desde las colectivas de buscadoras y rastreadoras, que trascienden el tema de las desapariciones ilegales de México hacia un manifiesto de identidad y permanencia, aun a pesar de la indiferencia del poder, aun a pesar de la amenaza del crimen organizado. “Cada persona desaparecida es parte de nuestro cuerpo”, se declara hacia el final de la película, y la consigna revela la esencia de esta película: la soledad y el dolor que devienen rabia y asunción colectiva. 

Para esta dolorosa y enérgica película, Natalia Beristain elige a Julieta Egurrola, primera actriz y también su madre, como protagonista. El juego de espejos entre madres e hijas se corona con una idea más importante: el acompañamiento, la solidaridad de las dolientes, de las que buscan y resisten.

 

Ruido se presentó en la sección Horizontes Latinos del 70° Festival de San Sebastián y ahora participa en la sección Largometraje mexicano del 20° Festival Internacional de Cine de Morelia. Platicamos con Natalia sobre su nueva, enérgica película.  

 

¿Cómo nació la historia de Ruido?

Esta historia la he arrastrado desde hace diez años y ha mutado muchísimo a lo largo del tiempo. Por la temática que aborda me costaba mucho trabajo meterme de lleno y dedicarle todo el tiempo que necesitaba; sin embargo, nunca logré abandonar la historia y siempre regresaba, con oleadas de ideas cada vez más fuertes. Desde hace tres o cuatro años decidí tomar en serio el tema, así que realicé toda una investigación con entrevistas y lecturas, y organicé todas las notas sueltas que había realizado previamente. 

Para este proyecto quise estar metida en el proceso de escritura, a diferencia de mis películas anteriores, que habían sido más colaborativas. Estuve de lleno en el cuarto de escritores para hacerlo junto con un guionista que tuviera más experiencia que yo en el tema. Por eso busqué al periodista Diego Enrique Osorno y al guionista Alo Valenzuela, para terminar de crear toda la estructura del guión.

Ruido, Dir. Natalia Beristain

El periodista Diego Enrique Osorno está involucrado en temas como narcotráfico y la violencia y los desaparecidos en México. ¿Qué le aportó a la película?

Diego Enrique Osorno me dio todo el bagaje documental que necesitaba, siempre que tenía alguna duda la comentaba con él y se convirtió en una especie de Wikipedia para mí. Además, él tiene una parte humana que es absolutamente tangible en todos los proyectos en los que se involucra.

Él tiene muchos más años que yo trabajando alrededor de estos temas, por eso la gente lo conoce y lo respeta, eso me ayudó a acceder a ciertas fuentes de información.

 

La actriz principal de Ruido es tu propia madre, Julieta Egurrola. ¿Por qué la eliges como protagonista? ¿Y cómo fue trabajar con ella?

Fue una decisión muy fácil, principalmente porque es un lujo y honor trabajar con una actriz como Julieta Egurrola. Aunque no todo fue miel sobre hojuelas, estoy consciente de que si a mí me interesan temáticas como la de la película, es gracias a la educación que recibí de mis padres, sobre todo de mi madre, así que en mi caso era una conjunción obvia hacer esta película con Julieta. 

Además del lujo de trabajar con esta bestia de la actuación, también fue importante la parte personal, que a veces puede tener muchísimos matices y sinsabores, porque es muy cabrón cuando lo personal se mezcla con lo profesional. Sin embargo, hoy veo para atrás y aun con todas las vicisitudes estoy muy orgullosa de nuestro trabajo. Además, no creo que haya muchas personas en el mundo que puedan decir que dirigieron a su madre en una película.

 

La película parte de la ficción, después insertas momentos que rozan con el documental. ¿Cómo construiste este híbrido?

Esta decisión la fui tomando durante la preparación de la película; en ningún momento casteamos actrices para interpretar a las mujeres del grupo de búsqueda, más bien me entrevisté con muchas colectivas de buscadoras o rastreadoras a lo largo del país, porque lamentablemente ésta es una situación que aqueja a todo el territorio.

Al escucharlas, sentirlas y conocerlas, fui entendiendo que, si bien la ficción es un lugar en el que yo me siento más cómoda, el proyecto no tenía cabida en mi imaginario si no estaba también ocupado por los rostros y las voces de aquellas mujeres que viven esto fuera de la ficción.

En ese sentido, el capítulo de las buscadoras es algo que se va construyendo a lo largo de la película. Es decir, el grupo de bordado con el que Julia tiene la presentación de su historia, también es una colectiva del Estado de México que busca a los suyos. También aparecen Kenia Cuevas, una activista trans super importante, y Jimena González, quien es poeta y escribió el texto final. 

A lo largo de la película hay muchas no actrices que son representativas de esos vínculos que Julia va haciendo a lo largo de la historia y que, sin duda, se corona con el grupo de buscadoras. Para mí ésta fue una forma de articular esta especie de híbrido entre ficción y documental.

 

¿Por qué filmas en San Luis Potosí?

Tomé esta decisión por muchas razones, pero es importante señalar que si bien fuera de la ficción sabemos que la película se filmó en San Luis Potosí, dentro de la historia nunca nombramos en qué ciudad estamos, porque estas violencias atraviesan todo el territorio mexicano.

Filmamos en San Luis Potosí porque ahí está ubicada la colectiva Voz y Dignidad, con la que terminé entablando una relación más cercana, y que además estaba dispuesta a participar. Había otras colectivas que también estaban dispuestas a participar, pero por términos de producción no podía mover al crew a través de un viaje de cinco horas por carretera. 

Por otra parte, San Luis Potosí es un estado super variado, tiene desiertos, cascadas y ciudades, y eso nos permitía provocar en el espectador la sensación de que nos estábamos moviendo en diferentes espacios. Y, finalmente, el apoyo invaluable de la Universidad de San Luis Potosí, que para mí grandísima sorpresa nos prestó el recinto de la universidad para hacer toda la secuencia final.

 

¿Qué emociones te provoca que Ruido se estrene en el Festival de San Sebastián?

Estrenar en festivales siempre es como la cereza en el pastel. Me llena de alegría viajar con una película así, para que se vea en otras latitudes y sigamos recordando lo que pasa en este país día a día, abriendo conversaciones al respecto.

Además, me emociona muchísimo viajar con mi madre y que ella viva la experiencia de pasar por festivales, ahora como protagonista. Me pone muy feliz pensar que la van a ver y le van a aplaudir, tendrá el reconocimiento que merece, por tener una carrera tan chingona.

Ruido (México, 2022). Dirección: Natalia Beristain. Guión: Natalia Beristain, Diego Enrique Osorno, Alo Valenzuela. Producción: Woofilms (Rafael Ley) Bengala (Gabriel Nuncio). Distribución: Netflix. Fotografía: Dariela Ludlow. Edición: Miguel Schverdfinger. Música: Pablo Chemor. Sonido: Guido Berenblum. Reparto: Julieta Egurrola, Teresa Ruiz.