‘Nos hace falta Sinar’, de Andrés Alarcón Nandayapa: testimonios de un activista
8 de enero, 2026
Por Carlos Ramón Morales
Sinar Corzo amaba a los caballos. Los entrenaba, los entendía, hablaba con ellos. También hacía largas travesías por ciudades arqueológicas y recogía los secretos de los ancestros. Esta sensibilidad lo hizo consciente de las necesidades de su comunidad, Arriaga, en Chiapas. Se convirtió en un activista incómodo; desde el Comité Ciudadano Coloso de Piedra vigiló y encaró a las autoridades. Sus reclamos: agua, salud, el respeto a los habitantes de la ciudad.
El 3 de enero de 2019, Sinar Corzo fue asesinado, a unos metros de su casa. Desde hace siete años el crimen está impune.
Con material de archivo y testimoniales, Andrés Alarcón Nandayapa reconstruye en Nos hace falta Sinar la vida y el legado de Sinar Corzo. No elude la denuncia, pero su énfasis está en honrar al hombre. La movilización y la fiesta, la expedición y la confrontación: las muchas facetas de un activista que le sigue haciendo falta a las regiones chiapanecas.
Nos hace falta Sinar estrenó en el Festival Internacional de Cine “El Cine Suma Paz” de Bogotá, Colombia. Se ha presentado en espacios como el FECIBA 2025 o el Festival Internacional de Cine en Ensenada 2025.
Charlamos con el director Andrés Alarcón Nandayapa y el productor Ulises Ortiz, egresados de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), quienes realizaron este documental.
Sinar Corzo es una figura clave en la defensa de derechos humanos en Arriaga, Chiapas; ¿en qué momento deciden que es un personaje que merece un documental?
Andres Alarcón Nandayapa (AAN): Sinar es familiar mío, mi tío abuelo, alguien cercano a la familia. Para mí siempre fue el tío Sinar: me enseñó a jugar ajedrez y a hacer pan de masa madre. Con el tiempo se fue involucrando en la defensoría civil. Yo veía sus transmisiones de vez en cuando, pero no era lo principal: él era mi tío.
Han pasado siete años de su muerte. Lo vi por última vez en una fiesta familiar. Después me enteré del suceso terrible, y fue muy duro.
Parte de la intención del documental era confluir esas dos dimensiones: la figura humana más allá de la defensoría, y relacionar sus pasiones con su trabajo social.
¿Qué llamó la atención de Ulises para sumarse al proyecto como productor?
Ulises Ortiz Lara (UOL): Andrés y yo somos de la misma generación de cinematografía en la BUAP. Era su proyecto de titulación y me dijo que le gustaría hacer algo más con el material. El primer screener tenía un corte distinto, con diferencias respecto al título y la estructura. Además, Sinar es un personajazo. Para mí es como un sheriff que, desde la causa de los ponis, la vida lo fue llevando por el camino de la Defensoría Civil.
A diferencia de otras películas más enfocadas en la denuncia, como El guardián de las monarcas, en este documental acompañamos a Sinar. El espectador cabalga junto con él y en el recorrido reconoce las problemáticas de su región. Esa mirada refleja mucho a Andrés.
Entre lo técnico, el personaje, la cercanía con Andrés y la construcción narrativa, solo había que llevar por buen rumbo al proyecto. Así me involucré en la película.
Nos hace falta Sinar tiene una enorme cantidad de material de archivo: imágenes familiares, archivos de colectivos, de organizaciones de derechos humanos. ¿Cómo fue el reto de revisar ese material y decidir qué funcionaba para contar la historia?
(AAN): Tuvimos el privilegio de acceder al material por ser familiares cercanos. Sabíamos que había que hacer algo con él: hablar del tema, hacer una denuncia y, al mismo tiempo, un memorial y un tributo. Incluía desde cassettes, hasta transmisiones en vivo en redes sociales, con registros que van de 2010 a 2019. Nuestro objetivo era rescatar la polifaceticidad de Sinar, sus pasiones y cómo confluyeron en la defensoría civil.
Al inicio pensamos en solamente usar material de archivo, pero descubrimos que no se entendería bien sin un contexto que hilara la narrativa. Por eso entraron los testimoniales, que llenaban los espacios que el archivo no cubría ,y que servían como hilo conductor.
El material era extenso y el montaje fue un reto enorme. Armamos un esquema con temas, revisamos qué cubría el archivo y qué faltaba. Sinar grababa sus videos y no cortaba. En el montaje hubo que editar para hacerlo digerible y, además elegir qué discursos incluir, porque muchas veces decía lo mismo de maneras distintas. Es una relación entre el realizador y el archivo, pero también entre el archivo y el público. Es cine de memoria, que busca que Sinar sea recordado.
¿Hubo algún material o alguna historia que te doliera dejar afuera?
(AAN): Hubo decisiones difíciles. Un ejemplo fue un video en el que Sinar jugaba con filtros de cámara, en una transmisión en vivo. Para mí, como sobrino, era importante: mostraba parte de su personalidad. Al final decidí no incluirlo por un tema de ritmo, eran más parte de mi memoria personal.
Lo mismo ocurrió con anécdotas que no pudimos conseguir. No había quien las contara, y necesitábamos esa voz. Fue un trabajo constante de conceder, de aceptar la realidad y trabajar con lo que había.
¿Cómo acompaña Ulises, como productor, un proyecto que depende tanto del archivo?
(UOL): He procurado manejar la producción desde un terreno creativo, preguntándome qué necesita la película. En este caso, Andrés ya había revisado el material, tenía un check list completo. No era una película improvisada, sino un proyecto pensado.
Andrés es abierto, pero también firme en sus decisiones. Como productor, mi labor era respaldar esas decisiones. Al momento de hacerlo, ya no es Andrés solo: hay alguien ofreciendo una mirada externa, que señala el alcance y las posibilidades de la película.
El proceso más fuerte fue la postproducción. Cuando conseguimos apoyo de Imcine sentí que la película ya ganaba por conteo, y que nuestra tarea era hacerla ganar por knockout.
Trabajamos con Jacalito Films en postproducción de imagen. En el diseño sonoro descubrimos detalles que no habíamos escuchado antes. Por ejemplo, en la secuencia de la lancha, el sonido directo estaba destrozado y logramos rescatarlo. Un compañero de generación nos dijo que se sentía el cambio: de ser una película universitaria a una ópera prima. Ese era el objetivo: probar lo que convenía para la película y darle ese nivel.
Da la impresión de ser una película construida de manera colectiva, con muchas personas que compartieron archivos, recuerdos y testimonios. ¿Cómo fue esa colaboración?
(AAN): Este trabajo surge desde el cariño y el respeto que se le tuvo a Sinar. Por eso es un memorial y también un tributo: porque partimos de ese afecto compartido.
Nos sentamos con la gente cercana de Arriaga, con el grupo Coloso de Piedra. Accedimos a la mayoría del material gracias a mi tío Gregorio, y fuimos haciendo un registro de lo que pensábamos que debía tratarse. Varias anécdotas fueron escritas en el momento de la muerte de Sinar. Con el permiso de sus autores las incorporamos, para que ellos mismos narraran la película.
Hubo sucesos como la huelga de hambre en el congreso; debimos buscar quién tenía ese material. Con la colaboración de mucha gente fuimos encontrando estos elementos.
La verdad es que siempre fueron personas que querían mucho a Sinar. Este trabajo surge desde el cariño, y es la razón por la que hubo tanta disposición para compartir.
Han pasado por festivales distintos, desde algunos enfocados en archivo, hasta otros de derechos humanos. ¿Cómo han sentido la reacción de los públicos frente a la película?
(UOL): En Milpa Alta estuvimos en la Casa de Cultura y fue una proyección muy distinta a la del Cineclub de Xochimilco en FICMA, y todavía más diferente a la de Azcapotzalco. Aunque en todas había un tema comunitario, el público y la atmósfera eran distintos. En Milpa Alta, mientras pasaban los camiones afuera, la experiencia se volvía más envolvente; en Azcapotzalco, recuerdo que pasaron vendedores durante la función, y eso transformaba la manera de ver la película.
Salir del esquema de la proyección comercial nos permitió encontrarnos con situaciones que hacían la experiencia más viva. En Milpa Alta, por ejemplo, las charlas giraron en torno a la defensa del territorio; en Azcapotzalco surgieron temas sobre defensores civiles que hoy siguen siendo amenazados.
La película se hizo por razones muy específicas, pero en algún punto deja de pertenecernos: el público, en su reapropiación, empieza a sacar nuevas lecturas.
¿A Sinar le habría gustado esta película?
(AAN): Espero que sí. Desde que la trabajé en la carrera siempre sentí a mi tío acompañándome. Al mismo tiempo, que su voz y su trabajo puedan seguir conociéndose en diversos espacios, me parece significativo. Es lo más importante: que siga sonando su voz.
Yo esperaría que lo sigamos recordando, es una forma de mantener viva su memoria.
Nos hace falta Sinar (México, 2024). Dirección y guión: Andrés Alarcón Nandayapa. Producción: Ulises Ortiz Lara. Fotografía: Alejandro Alarcón Zapata. Edición: Andrés Alarcón Nandayapa. Sonido: Alejandro Alarcón Zapata. Música: Andrés Alarcón Nandayapa. Diseño de sonido: ZVOOK. Postproducción: Jacalito Post. Colorista: Jaime Villa, ICG. Locación: Arriaga, Chiapas. Participan: Sinar Corzo Esquinca, Gregorio Corzo Esquinca, Luis Arvey Pérez Cruz, Concepción Avendaño Villafuerte, Agustín Medinilla Vázquez, Dimas Castillejos Trujillo.