‘Miriam’ de Karla Condado: videocarta para la tía ausente


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18 de febrero, 2026

 

Por Carlos Ramón Morales

 

Miriam, tía de Karla, fue asesinada por su pareja hace 16 años. El horror de esta muerte ha afectado a su sobrina y a toda su familia. ¿Cómo se dialoga con este dolor y esta ausencia?

Karla Condado es de oficio cinefotógrafa, y desde los dispositivos de la imagen y el sonido intenta continuar el diálogo que dejó inconcluso con su tía.  El cortometraje Miriam registra esta conversación: es un ejercicio de memoria, de introspección y de sanación.

Pero Miriam también es una experiencia audiovisual con intenciones experimentales, en el que una fotografía de sombras y barridos, en distintos formatos, se acompaña de un juego en off y por escrito que provoca una inmersión e introspección entre la autora y la tía ausente.

Miriam participa en la sección Shorts de la edición 75° de la Berlinale. Su directora, Karla Condado, compartió con nosotros sobre esta experiencia fílmica e introspectiva que busca trascender la violencia.

 

Tu actividad en la cinematografía ha sido principalmente como fotógrafa. ¿En qué momento decides dar el paso a dirigir un proyecto?

Hice una residencia de fotografía expandida en Buenos Aires, sin tener claro de qué quería hablar. Hasta entonces solo me concebía como cinefotógrafa: recibía las historias y las trabajaba, pero nunca había creado algo desde mí. Entonces no estaba lista emocionalmente para abordar el tema de mi tía, preferí hacer un autorretrato sobre las capas que me había puesto como mujer para protegerme de algo que aún no sabía nombrar.

Después entendí que ese miedo venía del feminicidio de mi tía, porque asociaba las relaciones amorosas con la muerte. Ahí comenzó el trabajo: pensar en el cine como una forma de hablar de lo que nos atraviesa y honrar a mi tía con lo que sé hacer.

Quedé seleccionada en la convocatoria del PECDA Puebla y entendí que ya era momento: habían pasado 14 años y sentí que podía hacerlo. El proyecto nació como un acto de memoria que me permitió transformar el dolor en obra.

 

Conociendo tu trabajo como fotógrafa parece que tomas una decisión: cancelas la “foto bonita” y te mueves hacia lo experimental: sombras, imágenes difuminadas, encuadres que ocultan más de lo que muestran. ¿Por qué estas decisiones?

Quería separarme de lo “bonito” de la fotografía, llevar al límite las cámaras y la película. Cargué una Bolex de 8 mm a todos lados y filmé como si fuera un diario: registré mi recorrido de Puebla a Ciudad de México, mi vida cotidiana, mis amigos, mi pareja, todo aquello que quería que mi tía viera.

Busqué que las imágenes reflejaran la memoria y el desgaste emocional. Por eso mezclé formatos: película de 8 mm, digital y fotografía fija de 35 mm intervenida físicamente.

En una de las escenas finales llevamos la cámara digital al extremo: ISO al máximo, obturador abierto, lleno de ruido. Técnicamente era lo peor que se podía hacer, pero capturó un momento hermoso y decidí quedarme con esa imagen. No me importaba la imperfección técnica, buscaba transmitir la emoción y el mensaje. En ese sentido, el proyecto fue más una apuesta por la historia que por la perfección visual.

 

También hay un recurso narrativo potente: el diálogo entre lo escrito y la voz en off. Hay un ritmo entre lo que leemos y lo que escuchamos. ¿Cómo trabajaste esa transición entre palabra escrita y palabra dicha?

Al inicio no sabía cómo resolver la parte de la voz. Tenía la carta y pensaba que debía ser voz en off, pero al probarlo me pareció demasiado cansado. En medio de esa búsqueda, una amiga me sugirió escuchar una canción de Vicente y Alejandro Fernández, donde uno empieza el verso y el otro lo termina. Esa dinámica me dio la clave: podía hacer que lo escrito y lo hablado se complementaran, como un diálogo entre dos registros.

A partir de ahí busqué un ritmo que equilibrara la lectura y la escucha. Algunas cosas importantes las puse juntas, reforzando con el texto lo que se decía en voz. Muchas frases eran cosas que todavía no podía decir en voz alta en ese momento, así que el proceso tuvo un carácter terapéutico: me permitió trabajar lo que estaba guardado y transformarlo en lenguaje cinematográfico.


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La película se presentará en Berlín. ¿Qué significa para ti que la historia de Miriam llegue a este espacio?

Este proyecto fue el pretexto perfecto para hablar de algo que no me atrevía. Más allá de festivales o reconocimientos, lo importante era expresarle a mi familia cómo me había sentido estos años. Y sucedió. La película la vio toda mi familia y pude hablar con ellos. Ese momento fue lo más valioso para mí.

Después vino Berlín: envié el corto sin expectativas, casi como experimento. Me alegra que haya quedado, porque esta historia es una realidad compartida en muchos lugares, y es importante hablar de ello, aunque sea doloroso.

El cine, en ese sentido, es una plataforma para generar empatía y abrir conversaciones que evitamos. Uno de mis sueños es que deje de existir la violencia contra las mujeres y el cine puede ayudar a que eso suceda, porque nos permite hablar de lo que cuesta poner en palabras.

 

Cuando se habla del cine como espacio de sanación, hay obras que generan ese efecto. Miriam entra en ese territorio: provoca conversación, incomoda, abre preguntas. ¿Cómo entiendes tú esa dimensión sanadora del cine?

El cine por sí mismo no es terapia: mientras escribía y editaba pasaba por momentos duros, lloraba, me enojaba y quería tirar todo a la basura. Lo que me permitió continuar fue el apoyo psicoemocional, que me ayudó a canalizar el dolor en la obra.

Desde el inicio, mi asesora del PECDA me recomendó trabajar con una psicóloga con perspectiva de género. Esa guía fue fundamental para atravesar el proceso creativo.

Fue complicado y doloroso. Pero también es bonito saber que, aunque no fue sanador, para otras personas sí puede serlo. Esa diferencia entre lo que significa crear y lo que significa recibir la obra me parece poderosa.

 

Después de dirigir Miriam, ¿cómo vuelve la Karla fotógrafa a su trabajo habitual? ¿Cambió tu manera de mirar, de entender tu oficio?

Tengo otra visión, más sensible y enriquecedora. Estoy contenta y con muchas ganas de fotografiar más proyectos. Además, me entusiasma explorar los extremos, los barridos, los riesgos visuales. Ojalá esa energía se quede conmigo para lo que venga, porque ahí está la fuerza de lo que quiero seguir construyendo.

 

Miriam (México, 2026). Dirección: Karla Condado. Producción: PECDA Puebla 2024-25, Bosque de Niebla Cine. Guion: Karla Condado. Cinefotografía: Karla Condado/ León Boltvinik. Edición: León Boltvinik/Karla Condado. Diseño de sonido: Gerardo Berumen. Música: Kuro Kasetto/Kotanna. 

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