80 años de la AMACC: entre la educación, los debates y las alianzas


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Entrevista con Daniel Hidalgo, 

presidente de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias 

Cinematográficas

 

03 de julio, 2026

 

Por Carlos Ramón Morales

 

En 2026, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) cumple 80 años de acompañar, promover y reconocer lo mejor del cine mexicano. Ocho décadas que han conocido glorias, crisis, desafíos y consolidación de la actividad fílmica de nuestro país: desde la Época de Oro al auge de los documentales, del cine con aliento crítico y social de los años setenta a la reinvención de los géneros de finales de los ochenta.

Ahora, la AMACC llega a su octava década entre éxitos y desafíos. Los primeros, al ser testigos de una nueva Ley Federal del Cine y el Audiovisual, que dará nuevas oportunidades al gremio cinematográfico. Los segundos: acompañar un arte y una industria en un escenario que contempla plataformas digitales, nuevas formas de consumo e inteligencia artificial.

A esto se añade la novedad: por primera vez, la AMACC es presidida por un compositor y diseñador sonoro, lo que rompe la inercia de presidencias de productores, directores, actores y actrices.

¿Qué novedades tiene para la AMACC el liderazgo de Daniel Hidalgo? ¿Qué reflexiones le arrojan estar al frente de una asociación civil que este año celebra su aniversario 80? Esto platicamos:

 

¿Recuerdas cuándo y cómo ingresaste a la AMACC?

En ese momento solo podías entrar a la Academia si ganabas un Ariel; ahora te haces miembro si tienes una nominación. Y yo entré porque gané un Ariel, con Lena Esquenazi, por el sonido de Del olvido al no me acuerdo de Juan Carlos Rulfo. Más tarde entré como miembro asociado y en 2011 Carlos Carrera me invitó a la asamblea.

Actualmente somos unos 1600 miembros. De eso, 45 conformamos una asamblea y nueve conformamos el comité coordinador: un presidente, vicepresidente, secretario, tesorero y cinco vocales.

 

¿Era distinta esa Academia de ésta que ahora encabezas?

Cambiaron muchas cosas. No había esta asamblea tan grande; los premios se definían en un comité de elecciones cerrado, entre diez a quince personas. Este año votaremos 250. Es un proceso democrático que se hace en línea, más transparente e incluyente.

 Ahora, en la Asamblea hay muchos oficios. Hay vestuaristas, editores; es la primera vez que un compositor y diseñador sonoro la preside. También soy investigador educativo, entonces busco generar alianzas con otro tipo de academias. Por ejemplo, no hay una relación directa con la Academia Mexicana de la Lengua y nuestra idea es promover estas alianzas.

 

Considero valioso que desde tu representación como presidente, la AMACC se involucre en proyectos audiovisuales de espacios comunitarios, como el ECAMC. La Academia busca sumarse a otras realidades cinematografícas. ¿Qué me puedes contar de este intento? 

La Academia tiene interés de hacerlo y cuando llega con un proyecto educativo que tiene ese sentido, empiezan a suceder otras cosas, porque es importante pensarlo no solamente a nivel grupos, sino a nivel de país.

La mayoría de las cosas suceden en las urbes, en la Ciudad de México, Guadalajara,  Monterrey, Guanajuato, Mérida; es importante generar semillas fuera de las ciudades. He dado lata en el IMCINE para hacer más cosas: ellos tienen herramientas para generar este tipo de proyectos y la Academia tiene a los mejores docentes del país. Queremos generar más proyectos de este tipo.


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¿Qué otras actividades ofrece AMACC para conectar con el público?

Hacemos un trabajo de preservación y difusión del cine mexicano. Publicamos libros, montamos exposiciones, creamos mesas de trabajo y clases magistrales o cursos. Es poco visible, sobre todo cuando lo comparas con los premios Ariel, que tienen mayor presencia en México y en todas las academias del mundo.

La Academia difunde el cine mexicano con distintos ciclos de cine. Ahorita viene uno muy importante, Rumbo al Ariel, que presenta las películas nominadas en funciones gratuitas, a través de cineclubes en todo el país. También hicimos el ciclo Voces del cine mexicano, películas ganadoras de distintos arieles. Antes de cada película hay una cápsula con un fotógrafo o un diseñador de arte, y después hay otra cápsula con la misma persona, con la idea de hacer una reflexión de los oficios en el cine.

Así impulsa al cine la Academia. Es un trabajo desde dentro, hay que gestionar permisos y hablar con los cineclubs, para que nos permitan hacer estas funciones.

 

En 80 años, la AMACC ha tenido diferentes identidades y misiones… ¿Cuál es su función en 2026?

México tiene una de las cinematografías más sólidas del mundo y comienza a haber una inversión privada importante en las películas. Sin embargo, tenemos muchos retos; el más importante: muy poca gente ve nuestro cine. Eso lo considera la nueva Ley Federal de Cinematografía y el Audiovisual, que exige a los exhibidores que las películas estén dos semanas en cartelera, que exista repartición justa de los horarios y que tengamos 10% de tiempo en pantalla. El reto es llenar las salas de gente que quiere ver cine mexicano.

También estamos compitiendo con las plataformas de streaming, que cambiaron cómo se ve el audiovisual en el mundo entero. Hay generaciones que se están acostumbrando a ver otro tipo de contenido, en formato vertical. Los jóvenes están yendo poco a las salas de cine. Es un reto difícil, están muy conectados con el teléfono, con sus pantallas pequeñas y el cine está lejos, y además cuesta.

Otro hueso difícil de roer es la inteligencia artificial generativa: el desplazamiento laboral, su relación extraña con la realidad, los nuevos contenidos. Esto cambiará los procesos de producción. Buscamos conversar con profesionales de las ciencias y artes cinematográficas por separado, porque la inteligencia artificial no afecta igual a un editor que a un fotógrafo. Estamos viendo abogados, diseñadores de arte, artistas plásticos, conociendo el tema y viendo cómo tomar una posición y generar reflexión sobre el tema.

 

En tu discurso en la Lotería Nacional, cuando se develó el billete que conmemora los 80 años de la AMACC, dijiste que entrar a una sala de cine es un acto político. Esto hace una Academia que busca adelantarse a los tiempos y transformar la realidad de la industria…

Cuando hablamos de la Academia, hablamos de una multiplicidad de personalidades e ideas políticas que juegan dentro. Los últimos veinte años ha buscado ser plural y democrática. Por eso pongo el ejemplo de la inteligencia artificial, donde las posturas dentro de la academia son encontradas.

Es interesante, porque esto tiene que ver con la diversidad de opiniones y, a veces nuestras posturas son encontradas. Tenemos que respetar la parte democrática, hacer lo que dice la mayoría. Incluso yo, como presidente, a veces tengo que defender un punto con el que no estoy totalmente de acuerdo.

 

¿Qué tipo de Academia te gustaría dejar como legado?

Me gustaría poner dos granitos de arena. El primero, crear procesos de investigación alrededor del cine nacional. También se puede hacer mucho alrededor de la capacitación y la educación.

Por otro lado, avanzamos en un proyecto que viene desde la presidencia anterior, que es conformar un patronato de empresarios mexicanos, con la idea de darle estabilidad financiera a la Academia. Nos ha costado mucho trabajo, porque es una asociación civil sin fines de lucro y tiene ciertas características que no hacen fácil que sobreviva. La idea es que pueda generar recursos y ser autosustentable.

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