´Los demonios del amanecer´, de Julián Hernández: gloria y decadencia del amor homosexual
23 de julio, 2026
Por Carlos Ramón Morales
Empieza con miradas furtivas y crece hasta la plenitud de una pareja. Orlando, de oficio bailarín, y Marco, que pronto será enfermero, se encuentran en la red del metrobús de la Ciudad de México y desde ahí transitan por todas las posibilidades amorosas: antros, parques, familias, encerronas, cruce de amigos, microbuses.
Pero en el amor también hay inseguridades, cosas que se dijeron a medias, miedos, vergüenzas, la frustración de la vida que trasciende la cama. Al hechizo sigue la decepción; a la decepción, la indiferencia dolorosa. ¿Qué puede recuperarse, cuando se amó tanto y se dolió tanto? Los demonios del amanecer, la entrega más reciente de Julián Hernández, explora estas cimas y simas de lo amoroso.
Un elenco que encabezan Luis Vegas y Axel Shuarma; la cámara danzante de Alejandro Cantú, baile y canciones, el erotismo privado pero también los afectos de la familia y los amigos, Los demonios del amanecer propone una historia amorosa pero también una actualización de la comunidad homosexual, donde las búsquedas en solitario se han transformado en parejas, familias, sociedades incluyentes. Y aun así, la duda del amor sigue designando incertidumbres y ausencias: el amor de los años 2020.
Los demonios del amanecer tendrá su estreno el 23 de julio, en salas del circuito cultural mexicano. Julián Hernández nos contó sobre esta exploración de lo amoroso homosexual.
Tras años de experimentar con el noir el Rencor tatuado, la cultura pop en La diosa del asfalto, o un homenaje cinematográfico a Valentín Trujillo en La huella de unos labios, con Los demonios del amanecer retomas el tono de películas como Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor o El cielo dividido, ¿por qué este regreso a los orígenes?
Regreso a una estructura narrativa de películas anteriores, como El cielo dividido, más legible y accesible. Hace poco vi la restauración de Mil nubes de paz... y recordaba que cuando la hice probé cosas con mucha libertad. Con el paso del tiempo y la llegada de recursos, la responsabilidad de acabar un plan de rodaje, de cubrir días de llamado, uno sacrifica cosas que, en un principio, formaban parte del discurso inicial. Ahora recuperé un poco el ímpetu de ese Julián de Mil nubes.... Y sin embargo hay algo inevitable: uno quiere rejuvenecer, pero no puede evitar que también estén los rasgos de la madurez.
En tus primeras películas exploras el enamoramiento juvenil y el ligue nocturno. En Los demonios del amanecer describes un proceso más complejo de la relación: el coqueteo inicial, la plenitud y la decadencia. Parece que esta nueva perspectiva refleja la evolución en la mirada del director.
Mis personajes son jóvenes pero sus problemas han evolucionado, en la medida que yo he envejecido. El personaje Gerardo de Mil nubes... no es el Marco o el Orlando de Los demonios del amanecer, quienes tienen preocupaciones más cercanas a las que tengo a mis cincuenta y pocos años.
Es lo que me interesa, construir personajes que reflejan a la juventud y que también identifiques su evolución. Orlando y Marco no son chavos solamente interesados en cosas de su edad, tienen conflictos que trascienden lo que aparentan físicamente en la pantalla.
Por ejemplo, las dudas profesionales, las de enfrentarse a la pérdida de los sueños, que me ocurre a mí cada vez que intento un nuevo proyecto y no encuentro los recursos para hacerlo; esas cosas también le pasan a Orlando.
En Los demonios del amanecer hay pequeñas y grandes coreografías. Inicias con música disco, Orlando ejecuta una danza que le merece la invitación a un reality show, incluso interrumpes la narrativa con una canción de Raphael. Me parece un gesto de autor romper con el flujo de la historia para incluir música y danza, como recurso extra. ¿Cómo planteaste este equilibrio?
El punto más representativo está en la canción “Hablemos del amor” de Raphael. Mucha gente me decía que la quitara; yo sabía que rompía, pero en ese momento el público está atrapado en la historia de amor y ahí funcionaba meter la canción.
El cine tiene un lenguaje parecido al de la música y permite esto, un movimiento lento para después entrar con tres minutos agitados, tumultuosos. Así se pueden construir las películas y es a lo que apelo.
Sigo siendo un tipo que le gusta romper y que construye hacia fuera. Ocurre con las coreografías, con los bailes que montan y con la canción de Raphael.
Eres un director con grandes exigencias en la puesta en escena. Al mismo tiempo, recurres a actores jóvenes, en este caso Luis Vegas y Axel Shuarma. Debe ser complicado conciliar a tus actores con tus necesidades técnicas. ¿Cómo trabajas con esto?
Siempre he podido trabajar con actores en distinto nivel de formación. En algunas películas he recurrido a bailarines, me parece que entienden lo que busco con el movimiento de la cámara y la construcción en relación con el plano.
Desde hace quince años entendí que la relación de los actores con el movimiento de la cámara les permite construir una emoción, una forma de respirar del personaje. Lo deduje en unas clases y unos videos que hice con Gloria Contreras, coreógrafa de la UNAM. Ahí entendí cómo los bailarines construyen los personajes para un ballet, para una función de danza, lo traje al cine y me ha funcionado.
Luis Vegas ha entendido estas cosas, ahora son recursos suyos para afrontar el trabajo en el cine. Me resultó muy satisfactorio, porque si bien no lo hago con un ánimo pedagógico, les ayuda a construir el personaje.
Antes hablamos de tu madurez como creador, también pienso que existe madurez en los tiempos que se viven. En Mil nubes... o El cielo dividido todavía existía la extrañeza de las historias homosexuales, ocurrían en solitario, como un acto de transgresión. Con Los demonios del amanecer hay una familia que acepta la identidad sexual del hijo, son respaldados por sus amigos, los personajes ya no están aislados. Las épocas cambian y esta película lo evidencia…
Roberto [Fiesco] y yo luchamos durante mucho tiempo, a través de las películas, para hacer que esas cosas ocurrieran. Cuando presenté Los demonios del amanecer en el Festival de Guadalajara, la gente me pregunta cómo estoy tan conectado con las cosas que ocurren y me resulta satisfactorio, porque lo trabajamos durante muchos años: lograr estas personalidades diversas que sean el cotidiano y no una extrañeza.
También hay un riesgo, como mencionaba uno de los más jóvenes del reparto: volver a percibir ciertas personalidades con los estigmas de antes, con la oscuridad, y ya no es necesariamente así; las cosas pueden ser distintas.
En alguna ocasión la vestuarista Laura García de la Mora me presumió, orgullosa, que contigo habían construido la imagen del homosexual mexicano de los años 2000: este muchacho común, con su mochila a la espalda y deambular errático, alejado de los amaneramientos de antes. Pienso que esa normalidad abrió camino a producciones actuales… ¿Consideras que reinventaste o creaste un nuevo perfil de los personajes LGBTQ+ para el cine mexicano?
Simplemente tenemos un punto de vista más respetuoso y real. Las películas más recientes me resultan interesantes. Nancy Cruz [El círculo de los mentirosos] y Rafa Ruiz Espejo [El fin de las primeras veces] me invitaron a ver sus películas y la invitación iba acompañada de un: “porque las películas que tú hiciste, que nosotros vimos cuando éramos muy jóvenes… hizo que creyéramos que era posible hacer nuestras películas ahora”.
Esa es mi mayor gratificación: que las películas que he tenido la oportunidad de hacer sirvan para que el público piense que es posible abordar estas temáticas.
A mí me gusta creer que contribuimos acerca de la narrativa de la homosexualidad. Que fuimos un granito de arena, como dicen, o una cubeta completa, lo que sea, pero que contribuimos en algún sentido.
Los demonios del amanecer (México, 2024). Dirección: Julián Hernández. Guión: Julián Hernández, Gustavo Hernández de Anda. Producción: Roberto Fiesco, Iliana Reyes Chávez. Fotografía: Alejandro Cantú. Edición: Emiliano Arenales Osorio. Sonido: Omar Juárez Espino. Música: Arturo Villela Vega. Música: Arturo Villela Vega. Elenco: Luis Vegas, Axel Shuarma, Tony Corrales, Angélica Baños Hernández, Luis Miguel Mata, Jere Caelum, Mauro González, Mauricio Rico, Juan Carlos Torres, Javier Oliván, Baltimore Beltrán, Gabriela Zamora y César Romero “La Sissa”.