‘Tijuana, todavía’, de Gabriel Gutiérrez Morales, y las fronteras del exilio queer
Entrevista con el director Gabriel Gutiérrez Morales, el productor y actor Humberto Busto y el actor Peter Filimonov.
2 de septiembre, 2026
Por Carlos Ramón Morales
En Tijuana, la ciudad frontera, cruzan los migrantes y las identidades. En este territorio, las búsquedas y las exploraciones parecen ocurrir en un limbo de vidas en pausa. Así, la vida de Chava, que desde su celular prodiga muecas y sonrisas para conseguir un ligue casual. Y así también la vida de Maksim, un joven queer que escapa de la represión en su natal Rusia. La unión de ambos hombres parecería improbable, pero en Tijuana cruzan los migrantes, las identidades. Y los reconocimientos ocurren entre velas, o en las frías playas.
Tijuana, todavía, ópera prima de Gabriel Gutiérrez Morales, cuenta la historia de este encuentro, que tiene su origen en el deseo y desde ahí se extiende al reconocimiento del otro. Contra un abordaje queer con ambiciones fashion y líquidas, Gutiérrez busca recuperar la honestidad, el núcleo del reconocimiento en el otro, incluso la mirada política.
Producida y protagonizada por Humberto Busto, con la participación del joven actor ruso Petr Filimonov, Tijuana, todavía fue desarrollada en el Biennale College Cinema de Venecia, y ahora tendrá su estreno mundial en la edición 83 de esta festival. El director de la película, su productor, sus protagonistas, nos contaron sobre la aventura de crear un cine queer desde la honestidad y desde los territorios límites de la fronteriza Tijuana.
Tijuana todavía nace de la colaboración entre el productor Humberto Busto y el director Gabriel Gutiérrez Morales. ¿Cómo empezaron a imaginar esta historia?
Humberto Busto (HB): Desde mi compañía Fosfo Producciones quería buscar cineastas queer para desarrollar una película donde contemos nuestras historias. Gabriel y yo nos conocimos en la incubadora del Festival de Guanajuato, con posturas semejantes frente al cine queer de la región. Empezamos a intercambiar ideas y Gabriel me dijo: "Me encantaría escribirte un personaje". Yo le dije que queria producirlo, asi llegamos a la idea del proyecto.
Gabriel Gutiérrez Morales (GGM): La semilla es un corto de mi autoría, que retrata el encuentro de una noche entre un muchacho y un hombre mayor. Eso se ha hecho mil y una veces, sobre todo en el cine gay; ¿qué le podríamos dar para que pueda interesante? Entre pláticas salió el tema de Tijuana, que en los últimos años ha recibido mucha migración por diferentes temas geopolíticos; entre ellos, los conflictos con Rusia y Ucrania. Fue una manera de retratar las cosas, en un lugar donde las viví, siendo queer.
En Estados Unidos y México se está catalogando a las personas trans como algo perverso, que empieza a separar incluso a la comunidad LGBTTQ+. Esto me hizo pensar que podíamos explorar esta vía de la migración, con una historia genuinamente queer, que no busque victimizar ni caer en fetiches.
HB: Como personas queer estamos preocupados de lo que pasa en el mundo. Ver que en Rusia se está calificando a la banda queer como grupo extremista nos preocupa muchísimo y nos duele. Nos interesó retratar con profundidad los personajes queer en la época actual, y de qué manera esas decisiones políticas intervienen en nuestros cuerpos, nuestros deseos, en la forma que nos relacionamos.
También nos interesaba mostrar este puente intergeneracional de dos personas queer, de diversos orígenes, que comparten heridas de exilio en común. Nuestras ideas, que eran muy abstractas, cobraron forma de manera rápida.
¿Cómo se integró Petr Filimonov a este proyecto? ¿Qué te atrajo de la propuesta?
Petr Filimonov (PF): Recibí un poco del guión, y desde las primeras escenas estaba sorprendido por el parecido con mi vida. Me parece muy bonito que el equipo buscara, no solamente un actor que pudiera interpretarlo, sino alguien que conociera la sensación de ser arrancado de sus raíces.
Para mí siempre ha sido importante hablar sobre la injusticia que ahora hay en mi país. Siempre fui una persona crítica con el gobierno ruso, por eso me fui, para tener capacidad de hablar. Ahora uso mi libertad en México para dar información a otras partes del mundo de la mierda que hay en Rusia.
Además del exilio de la comunidad queer rusa, la película retrata el amor y la soledad de la mediana edad, un aislamiento angustioso que vive el personaje de Chava. ¿Cómo lograron cruzar e integrar este conflicto generacional?
HB: En el cine mexicano hay poca representatividad de un gran sector de la comunidad LGBTTQ+. Hay mucha puntualidad en las historias de jóvenes, pero pocas veces se representan los 40 o 50 años, cuando estás en la mitad de tu vida.
No queríamos traicionar los códigos queer, las formas en que somos y nos relacionamos; pero sí buscamos generar un puente de comunicación con un público que no sea de la comunidad, porque en el fondo estamos hablando de temas que nos competen a todos como humanidad. Ese es el objetivo: ampliar ese espectro.
GGM: La comunidad está en un antro, se están emborrachando y drogando, están flaquitos, encuerados, y yo no me siento parte de eso.
A mí me interesaba un personaje como Chava, porque recuerdo a los hombres mayores que conocí en Grinder, cuando tenía veintitantos y vivía en Tijuana. Me atrae lo que les está sucediendo a nivel psíquico. Estos hombres ya avanzaron cierta brecha y yo pensaba: a cierta edad debes sentirte más cómodo con tu identidad, haber encontrado éxito personal, familiar o económico, pero no es el caso para todos.
La escena de las velas marca un antes y un después en la película. Al ver a Chava y Maksim intimar mientras cuentan sus historias, parece que la ficción se diluye y da paso al testimonio real de los actores Humberto y Petr. ¿Cómo construyeron este momento?
HB: Muchas veces se pierde la diferencia entre los actores profesionales y los naturales. ¿Dónde está esa delgada línea de tu ser no actoral? ¿De tu ser humano con las heridas de guerra que tienes? ¿Cómo puedes ponerlas al servicio de la ficción?
Cuando empecé a trabajar con Gabriel, me di cuenta de que escribe maravillosamente. No sabía cómo iba a traducir esa alteridad y esa ficción, la problemáticas de las que habíamos platicado, pero además ficcionalizadas. Yo no soy Chava; sin embargo, la esencia está. Lo fundamental es eso, la manera de un guionista para colocarlo en palabras y con las puntuaciones adecuadas, porque es un guion que de verdad fue escrito en tres semanas.
CRM: van a estrenar la película en Venecia, ¿ qué impresiones tienen de llegar a Europa presentando Tijuana, todavía en el Festival internacional de cine de Venecia?
HB: Estamos preocupados y molestos porque Petr no ha recibido su visa para acompañarnos; eso refleja cómo enfrenta alguien el exilio. Hasta que Petr no tenga la visa creo que voy a estar feliz, porque al final lo más importante es que vamos a compartir la película con un público internacional.
Por otro lado, estamos agradecidos de que la Biennale di College haya cogido una historia queer y nos haya dado la libertad de hacer la peli en nuestros propios términos.
GGM: Ahora hay mucha visibilidad queer, pero está dictada por el grupo opresor. Las productoras comerciales que hace historias queer no tienen nuestras voces al mando de estas historias y solo terminan creando más distancia entre el público y el producto, porque no son auténticas.
La gente se da cuenta, pero lo interpreta como auténtico y dicen: "me caga lo queer y no quiero saber más". Eso nos perjudica a todos, incluso a mí me pasa.
Es difícil porque estamos celebrando, pero al mismo tiempo entramos a la habitación con la espada y el escudo. Sabes que tienes que seguir defendiéndote para conseguir la autenticidad de tus historias.
Tijuana, todavía (México, 2026) Dirección: Gabriel Gutierrez Morales. Producción: Humberto Busto. Guion: Gabriel Gutiérrez Morales. Cinefotografía: Iván Hernández. Música: Raúl Rivera Melo. Reparto: Peter Filimonov, Humberto Busto, Miry Rodriguez, Jorge Dominguez Cerdá, Dilan Rivera. Locación: Tijuana, Baja California.