‘Un hijo propio’, de Maite Alberdi: la maternidad imaginaria
14 de febrero, 2026
Por Carlos Ramón Morales
Alejandra quiere tener un hijo. Y es posible que su marido, y su familia, y la familia de su marido, lo quieran más que ella. Pero a Alejandra se le han malogrado sus embarazos. Hasta que en algún momento se le ocurre, ¿por qué no?, fingir uno. Esta fantasía la llevan a emprender ideas mucho más atrevidas y peligrosas.
En Un hijo propio, Maite Alberdi despliega varios recursos narrativos para contar la historia de Alejandra, aspirante a madre que transita desde la candidez a la obsesión. Comedia familiar y crónica policial, testimonio íntimo del presente a interpretaciones psicológicas o legales, Un hijo propio se presenta como un complejo ejercicio cinematográfico que no pierde el foco en su cometido: dar el testimonio de una mujer atrapada en el imperativo social e íntimo de la maternidad, que acaso refleja las disyuntivas de muchas otras mujeres obsesionadas con este mandato.
Un hijo propio tendrá su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Berlín 2026; después, esta historia podrá verse en la plataforma Netflix.
A propósito del estreno, platicamos con Maite Alberdi.
¿Cómo llegaste a la historia de Alejandra y cómo descubriste que ahí había una película?
Yo estaba investigando otro proyecto en el penitencirio de Santa Marta Acatitla y ahí la conocí. Fue alucinante escuchar su biografía, empaticé rápidamente con sus inquietudes sobre la maternidad, me pareció alucinante pensar en qué la había llevado a fingir un embarazo, y sentí que en esa situación había una gran pregunta sobre la presión social que tenemos las mujeres sobre la maternidad, un proceso en el que tenemos poco espacio para sentir que podemos pensar solas y vivir solas, pues estamos muy contaminadas por el entorno social.
La primera parte de la película parece casi una comedia familiar, es divertida, hasta que se va a otro lado. Y pensaba en cómo sería la cineasta Maite Alberdi, a quien conozco como documentalista, situándose en los zapatos de una directora de ficción: entrarle al género, jugar con actores; como si fueran distintas directoras, o la misma pero con distintos desempeños. ¿Cómo son estas facetas?
Es la misma directora, pero con herramientas y procesos distintos. Es como desdoblarse en la forma de realizar, pero para mí la película es totalmente un documental y desde ahí fue el desafío. Es lo que me encanta de los documentales como género: te permite explorar cómo es la historia de los personajes, cuál es su mejor manera para contarla.
Yo suelo hacer documentales de observación del presente, pero cuando escuché la historia de Ale ésta ya había sucedido, entonces había que contarla hacia atrás. Y la mejor forma, yo no hablaría de ficción, pero sí lo veo como una puesta en escena de su historia, tal y como me la cuenta ella. Esta puesta en escena se realizó con actores y también fue un desafío, porque no tenía todas las libertades de la ficción. Conversé mucho con Alejandra y su esposo Arturo, y junto con Ana Celeste y Armando Espitia construimos a los personajes desde esas referencias.
Contamos esta historia con las herramientas de la ficción, pero también la hicimos como documental de observación y de archivo. Fue entretenido mezclar estos distintos elementos del lenguaje cinematográfico.
La historia ocurre en México, eso implica trabajar con staff mexicano y talento mexicano. ¿Qué tal fue la experiencia de trabajar aquí?
Estoy muy contenta de haber filmado en México, de hacer una película mexicana. México siempre ha sido un país hermano de Chile y me sentí en casa, muy acogida, con un cine mío muy entendido, y así viví el proceso de hacer una película mexicana. Tuve un equipo maravilloso que me ayudó a entender los contextos, a saber desde dónde mirar ciertas cosas idiosincráticas, aunque siento que es una película universal y que a veces no había tanto que explicar, pero me acompañaron mucho en ese tránsito, en esa asesoría, con personas que admiro mucho y con un equipo mexicano con el que me encantaría seguir trabajando.
Un hijo propio (México, 2026). Dirección: Maite Alberdi. Guion: Julián Loyola y Esteban Student. Producción: Sandra Godinez, Carla González Vargas, Maximiliano Sanguine. Compañía productora: Gato Grande. Diseño de producción: Estefania Larran de la Cerda. Edición: Carolina Siraqyan. Sonido: Mauricio López. Diseño de sonido: Miguel Hormazabal. Elenco: Ana Celeste Montalvo Peña, Luisa Guzmán, Armando Espitia, Mayra Sérbulo, Casio Figueroa, Alejandro Porter, Mayra Batalla y Ángeles Cruz.