‘Lo demás es ruido’, de Nicolás Pereda y las entrevistas torpes


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14 de febrero, 2026

 

Por Carlos Ramón Morales 

 

Tres compositoras de música contemporánea, esmeradas en su arte, pero también agobiadas por la cotidianidad: maridos celosos de sus actividades, vecinos que detestan el ruido, la luz que se va y regresa en el departamento.Y a alguna de ellas, Rosa, la quieren entrevistar. Los entrevistadores también cargan con sus calamidades: el que quiere hacer cine, el que se inventa preguntas entreveradas para ocultar que no entiende mucho de lo que habla. Y la luz se va y regresa, y las charlas son discontinuas o torpes, y el día transcurre entre la extrañeza del arte, la amistad y la incomodidad de las conversaciones. Lo demás es ruido, que así se llama la nueva película de Nicolás Pereda.

Filmada al interior de un departamento, con el elenco fetiche de Pereda en consagración atolondrada, Lo demás es ruido se planta como comedia, transcurre en el sinsentido y culmina en una celebración en penumbras del diálogo como forma de encuentro, así sea torpe y disparatado.

Lo demás es ruido participa en la sección Forum de la 76° Berlinale. Una película que se pitorrea de las entrevistas, hace a la presente entrevista un poco menos que imposible. Aun así, intentamos platicar con Nicolás Pereda.

 

Con tu película siento la vergüenza de ser el entrevistador que quiere preguntar cosas inteligentes para que me contestes cosas inteligentes. Pero seré como Lázaro: voy a sobreinterpretar y ver si en alguna pego. Y lo primero es que en esta comedia propone dos formas de comunicación: una entrevista profesional con aspiraciones eruditas, y las conversaciones cotidianas de tres mujeres. ¿Por dónde empezaste a abordar Lo demás de ruido?

Es una película imposible para cualquier entrevista, porque genera esa sensación de poner en el peor lugar del mundo al entrevistador. Yo con casi ninguna película he hecho un junket, pero lo hice para Fauna porque el distribuidor lo pidió, y durante una semana hice entrevistas, una tras otra. Había ciertos patrones que yo entiendo, es un trabajo precario en el que tendrían que sacar miles de entrevistas, muchos no tiene la menor idea de con quién están ni de nada. Y es normal, pero es desafortunado al mismo tiempo. Y entonces quise mostrar cómo son esas entrevistas para las personas que las hacen, para alguien que tiene muy poca idea de qué está haciendo, o que preferiría estar entrevistando a otra persona: ese universo me interesaba.

Después: mi mamá se dedica a la música clásica contemporánea y crecí con sus historias y las de sus amigas, con sus risas, sus quejas, sus reclamos y también sus triunfos. El guión lo escribí con Juan Francisco Maldonado; dos de los mejores amigos de su papá eran Mario Lavista y Joaquín Gutiérrez Heras, compositores famosos y la contraparte masculina de mi madre. Con José Francisco nos divertía este universo, esta música que a nadie le importa, más que a ellos. Algo que me gusta del arte contemporáneo es que siempre estás al borde de preguntarte: ¿esto qué es? Ese borde daba para momentos en los que Tere empieza a hacer sonidos como si se estuviera burlando y generando incomodidad, eso me gustaba.

Y después vi una película de Tacita Dean, artista plástica inglesa, una entrevista con dos pintoras que se llama One Hundred and Fifty Years of Painting y ahí había algo interesante en cómo hablan estas pintoras sobre lo que hacen, que me jaló a decir: "se puede hacer una película que casi toda sea una entrevista”. Esas cosas fueron el germen de la película.

 

En una escena marcas un tema importante, sobre distintas formas de conversación; los entrevistadores hablando en off en un café, mientras las mujeres platican en la sala del departamento. Pensaba que por ahí se vislubra cierto tema de género, cómo son las mujeres cuando se juntan, con la diferencia de cómo creamos los hombres nuestras intimidades, como también lo marcas hacia el final de la película.

Luisa y Tere son familia, y Lázaro y Paco no se conocen. Era una escena para mostrar lo precario del periodismo. Lázaro fue a entrevistar, no encontró al fotógrafo de siempre, llamaron a quien sea, hacen como que son equipo y después te das cuenta que no se conocen y que están intentando una labor que es difícil y que tiene su cosa precaria; Paco quiere ser director de cine, se ve que no sabe usar bien la cámara, tiene problemas técnicos, y al final ellos están trabajando. 

El final tiene que ver con una audacia del compositor consagrado y el entrevistador, sobre cómo ser hombres y sentirse cómodos uno con el otro; mientras Luisa y Tere, la mamá y la hija, tienen clarísimo cómo se juega eso y no les genera ningún problema, porque ya tienen asumido que hay lugares para los hombres y que ellas se pueden reír del proceso.

Al final es un poco burdo todo. A Lázaro se le ocurrió resolver así el final  y pensé, “bueno, es burdo, pero por lo menos queda claro que ellas lo tienen claro también”, que ellos son los que terminan exhibiéndose.

 

 


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Tu elenco son actrices y actores constantes en tu filmografía, que han ido creciendo en sus trayectorias. Teresa Sánchez en los últimos años ha tenido una gran proyección; Lázaro G. Rodríguez cambió de nombre y parece que ahí hay una declaración de principios importantes; Tomás Barreiro coquetea con series de Netflix y te burlaste de él en Fauna. Me preguntaba hasta donde esas trayectorias enriquecen tus películas.

Hay una alegría en el hecho de que ahora estamos todos en otro lugar. Las Lagartijas, que son Luisa, Lázaro y Paco, han hecho una carrera teatral independiente a las películas, con muy buena proyección internacional. Y hay algo de paralelismo entre su compañía de teatro y las películas, que ambos proyectos son chiquitos pero los podemos sostener. Ellos también han hecho unas diez obras o más, en los mismos años en que hemos hecho diez películas o más. Hay algo lindo en compartir carreras y procesos en paralelo.

Y con Tere pasó una cosa más rara: hicimos unas cinco películas juntos y cuando hizo La camarista con Lila Avilés cambió su vida, su carrera, su economía; necesitaba una película que fuera un hit para que su carrera creciera. Evidentemente se debe a que Lila la vio en mis películas, pero en realidad se debe más a las películas de Lila, ahí encontró ese camino. 

No siento que mis películas se nutran del éxito que han tenido Las Lagartijas o Tere, porque aquello que a mí me encantaba de ellos sigue allí, tiene que ver con que son buenos actores y tienen la capacidad de mantener su propia aura, y que pueden ir y venir de transformarse en otros personajes y volver a ellos mismos. En el teatro hacen ese tipo de movimientos, intepretar personajes de ficción y regresar a ser quienes son. Y Tere lo hace desde otro lugar, ella sí es más de ponerse la máscara, pero en el contexto de Las Lagartijas sabe muy bien regresar a ella. Es difícil describirlo con palabras, pero es evidente cuando hacen esos gestos de actuar, de ir y venir de una actuación con máscara a una representación de quiénes son ellos.

 

Sé que las películas de Nicolás Pereda son distintas del ejercicio de Las Lagartijas, pero en tanto los dos proyectos corren en paralelo, algún académico agudo tendría que hacer una historia y reflexionar cómo se nutren un ejercicio del otro.

Hay una obra de Las Largartijas que se llama Montserrat, tiene material mío que no usé para una película y que Lázaro agarró para la obra de teatro.Hay una obra que se llama Lázaro, que es sobre su transformación, y utiliza todas las películas que hemos hecho para ejemplificar su vida. Las películas se han metido a veces en las obras que Lázaro ha hecho solo, muchos fragmentos de las películas están ahí. 

Y después Lázaro, que es con el que más hablo: en nuestras conversaciones siempre hay algo que le pasa en sus obras y que le pasa a las películas; él tiene mucha más injerencia en las películas que yo en las obras, porque le mando los guiones muy temprano y él me da mucha retroalimentación, el proceso de planearlas tiene mucha influencia de él.

 

Lo demás es ruido (México, 2026). Dirección: Nicolás Pereda. Guion: Juan Francisco Maldonado y Nicolás Pereda. Producción: Catalina Pereda. Cinefotografía: Nicolás Pereda. Sonido: Guido Berenblum, Gerardo Kalmar. Postproducción: Nicolás Pereda. Música: Violeta García. Elenco: Teresita Sánchez, Rosa Estela Juárez Vargas, Luisa Pardo, Lázaro G. Rodríguez, Francisco Barreiro, José Rodríguez López.

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