‘Pedro’ de Liora Spilk Bialostozky: hazañas de un artista surrealista (y de la documentalista que lo persigue)
(Publicación original: mayo, 2023)
Por Carlos Ramón Morales
Por un lado está Pedro Friedeberg, artista mexicano contemporáneo, creador de la silla-mano: él la detesta. También detesta las inauguraciones, los cócteles y los homenajes, y que le digan que es el último surrealista y que le pregunten en qué consiste la corriente del chinchismo (una vacilada). Pedro Frieberg detestaría esta nota también.
Y por otro lado está Liora Spilk Bialostozky, cineasta documentalista, montajista de oficio, atribulada, impulsiva, insistente. Y se le metió hacer un documental de Pedro Friedeberg. Y Pedro no sabe cómo sacársela de encima. Y en una persecución de llamadas, cartas escritas a mano (Pedro detesta los correos electrónicos), abordajes en actos públicos, el artista se va dejando fotografiar, filmar, retratar.
Lo que sigue es la amistad. Lo que sigue son las preguntas de Liora y un crecimiento y una reflexión sobre su propio quehacer cinematográfico. Lo que sigue es un documental que hace de los tropiezos una travesía gozosa por el arte, las manías y las ideas de Pedro Friedeberg.
Pedro, ópera prima de Liora Spilk Bialostozky, se ha presentaso en la sección Ahora México de la edición 13 del Ficunam. Platicamos con Liora de este entusiasta y trompicado ejercicio de arte, admiración, pero sobre todo de amistad.
Imagina que Pedro Friedeberg está con sus amigos, no tiene tu cámara al lado, y les platica de la chica que quiere hacer un documental sobre él, ¿Qué crees que habría dicho?
Me lo imagino perfecto, sentado con sus amigos y diciendo: “hay una niña que no me deja de molestar, que quiere hacer una película sobre mí y no deja de insistir.Yo creo que no la va a hacer bien, por eso no le he dicho nada, pero bueno, sí me sigue molestando así lo haré”. Siempre se queja, pero al final cede y así lo imagino, diciendo: “ésta que no me deja de molestar”.
¿Y por qué habrá cedido al final para que hicieras este documental?
Pues yo creo que aprendí a divertirlo un poquito y eso me fue dejando entrar. Porque cuando viene un crew a su casa, con sus cables, sus cámaras y el micrófono, le molesta mucho, pero yo era más discreta y aprendí a acompañarlo. Siento que la discreción que yo aportaba, y la poca o mucha diversión, bajó sus barreras.
¿Cómo fue esta estrategia de la creadora que también se vuelve personaje y co-protagonista?
Pedro Friedeberg vive de vacaciones por la vida, es un hombre sin conflicto.
Yo tengo una mente muy estructurada porque soy montajista, siempre busco la estructura y el conflicto. Pero no había conflicto por parte de Pedro, el conflicto era mío: de la imposibilidad del acercamiento, de la falta de claridad en la idea cinematográfica. Pedro está más allá de eso, es un ser de la fantasía, un caso mitológico. En los documentales actuales se crea un conflicto artificioso, yo desde un inicio quise ser sincera con esta película y este es el conflicto que encontré. Entonces decidí envalentonarme, aceptar mis errores, ser vulnerable y compartir con los demás este proceso.
Te toca entrevistar al Pedro Friedeberg de la tercera edad. Acompañas a un gran artista pero también a un hombre mayor, y eso implica ciertas destrezas. ¿Qué significa filmar a un artista en el ocaso de su vida?
Como dice Deborah Holtz, Pedro construyó un personaje como lo eran todos los de época: fiestero de la Zona Rosa, de rechazar las normas y de ser irreverente. A mí no me tocó ese Pedro, sino una persona que ya se hartó de todo, que sólo le interesa sentarse a pintar, que quiere pasar el tiempo con sus amigos, y creo que de las cosas que me exigió fue la paciencia y quitar el ego, porque me dejaba plantada, me gritaba un día; un día me dice que no va a ir a la función y de pronto llega, le pedí que hiciera el póster y me dejó de hablar un mes porque no quería hacerlo, y de pronto me invita a su casa porque ya lo tenía hecho.
Es un juego de paciencia que el documental exige: mucha observación, mucha intuición, esas virtudes que uno necesita para entender la vida del documental, porque es algo exponencial. La ficción requiere una intuición distinta, pero la caja de herramientas que se exige para un director de ficción y la caja de herramientas para un director de documental son maletas distintas.
Uno de los momentos más emotivos, también de los más valiosos desde un punto de vista del documento histórico, es el encuentro de Pedro con Ida Rodríguez Prampolini, crítica de arte. ¿Qué me puedes contar de esta experiencia?
En este documental no solamente quise rendirle homenaje a Pedro, sino a toda su generación. Ida Rodríguez es de las historiadoras del arte más importantes del siglo XX, una mujer que yo tenía en mi mitología porque escribió el primer libro sobre Pedro, y él siempre la consideró su gran amiga. Un día me dice Pedro: “Hoy es mi cumpleaños, odio mi cumpleaños y me voy a escapar a Veracruz, ¿quieres venir conmigo?” Y cancelé todo lo que tenía, me fui con él y conocí a una mujer que es modelo de quien yo quisiera ser. También conocí la amistad entre ellos, que de cierta forma tengo el anhelo de que él me considere su amiga. La relación que tienen ellos es la cosa más hermosa.
Pedro tardó diez años en crearse. Imagino que en ese tiempo tiene que evolucionar el concepto de un documental...
Yo entrevisté a Pedro por primera vez como un encargo de un corto de la escuela, a la par que colaboraba en el primer Ficunam. Estaba muy mensa, tenía 21 años, aprendí a hacer cine conforme fui haciendo la película.
Y sí fue cambiando el concepto. Una tiene de referente documentales como Grey Gardens, pero hay dos vertientes del documental histórico: esta cosa magnánima y de tomas increíbles, o este cine personal y subjetivo, donde se incluye al documentalista. Yo pensaba que el documental era algo más grande, que yo no estaba logrando hacer, después entendí que es como la vida, a veces es muy grande, a veces es muy chiquito y entre más lo trates de encasillar menos vivo va a estar.
Fui aceptando la identidad de Pedro y así fue creciendo, aceptando mis errores y mis inseguridades, aceptando la ternura de la cinta, dejándola vivir.
¿Ver a Pedro trabajando le ayuda a la documentalista que crear imágenes?
Pedro está muy hecho a mano. El método era artesanal, solitario e individual, como el que él usa en su obra, es lo que yo traté de replicar en estética y en la metodología de la cinta.
La primera animación donde salgo correteando a Pedro a través de sus cuadros es una animación hecha con recortes a mano, porque él odia la tecnología. Yo traté de encontrar una estética que imitara su trabajo y su personalidad. En cuanto me detuve a observar su personalidad, sus referencias y su forma de trabajo, entendí que tenía que imitarlo.
¿Hacia dónde va la Liora que termina su documental Pedro?
Yo sigo editando, es mi profesión, pero quisiera dirigir más documentales con los estandartes que encontré de mi propio quehacer: el humor, una ética del respeto al personaje, una obsesión con la edad avanzada que no sé si se nota en mi película.
Para mí era muy difícil porque cada novio que tenía en estos diez años me preguntaba: ¿Pedro qué es de ti? ¿Te vas de viaje con él? Y era difícil entender esta amistad transgeneracional. Creo que el documental es una excusa para acercarse a los temas que uno le interesan, yo quisiera hacer documentales sobre gente increíble y sobre cosas que pasan en nuestro país, el país más surrealista, como dice André Bretón.
Acabaste tu documental pero todavía hay que mostrarlo en Ficunam. ¿Qué pensará Pedro Friedeberg de la posibilidad de acudir al Centro Cultural Universitario a presentarlo?
Cuando lo vio por primera vez me dijo que no estaba tan aburrido como pensaba, fue el mayor comentario que me dio, pero le gustó que en Morelia se reían. Para Pedro es tan importante el humor como para mí, si la gente se ríe él no se aburre, y lo que más le importa en la vida es no aburrirse. Por eso cada vez que le pido que venga a presentarlo me hace gestos feos, porque ya lo vio.
Mi plan es decirle que la sala Juan Ruiz de Alarcón es la más bonita del mundo y que es un festival de gente que piensa en el cine, que cree en el cine diferente, que no son borregos, como él les dice a todos los que están en Facebook e Instagram. El público de Ficunam es el mejor que podríamos pedir y ojalá que Pedro nos haga el honor de presentar la peli, aunque nunca se sabe, puede que llegue, puede que no, es un misterio.
Pedro (México, 2022). Dirección: Liora Spilk Bialostozky. Producción: Julia Cherrier, Victoria Gutiérrez, Marion d’Ornano y Liora Spilk Bialostozky. Compañías productoras: Calouma Films, CIMA, Cortes Finos. Coproductores: Pierrot Films, The42Film. Productores asociados: Yibrán Asuad, Alberto Müffelmann. Guión: Liora Spilk Bialostozky. Ricardo Poery. Fotografía: Liora Spilk Bialostozky. Sonido: Liora Spilk Bialostozky. Sonido adicional : Raquel Belver, Jorge Rodrigo Pineda, Arturo Salazar, Juan Sarquis. Edición: Jonas García Fregoso, Pablo Acevedo. Música: Giorgio Giampà. Música adicional: Pablo Acevedo. Postproducción de imagen: Pierrot Films. Animación : Zulu González. Postproducción de sonido: MCO Studios. Diseño sonoro: Arturo Salazar, Chema Ramos Roa, María Alejandra Rojas. Mezcla THX: Splendor Omnia Postproducción Studio. Participan: Pedro Friedeberg, Liora Spilk Bialostozky, Ida Rodríguez Prampolini, Elena Poniatowska, José Luis Cuevas, Deborah Holtz.