‘Sinahal, Señora de los partos’, de Glenny Torres: el buen nacer en Yucatán
8 de mayo, 2026
Por Carlos Ramón Morales
En las comunidades rurales de Yucatán —pero no cuesta trabajo adivinar que en todo el país— las parteras tradicionales tienen un reconocimiento importante. No sólo se encargan de traer a nuevas personas al mundo: sus saberes alcanzan el cuidado de las madres, los primeros años y hasta el destino de las niñas y los niños. Ixcheles contemporáneas, desde sus labores preservan y consolidan a sus regiones.
En Sinahal, Señora de los partos, Glenny Torres retrata a dos parteras que ejercen su vocación en las comunidades de Hocabá y Chumbec, en Yucatán: doña Rafa y doña Tina dan testimonios de sus oficios y su sabiduría, que tiene su centro en la bondad y el amor.
Documental emotivo y con un sesgo de la libertad de elección de cómo parir, Sinahal, Señora de los partos tiene su estreno comercial el 8 de mayo. Buen momento para platicar con Glenny Torres sobre este oficio ancestral del “buen nacer”.
¿Cómo llegaste a las parteras y después cómo decidiste que ahí había un documental?
Estaba haciendo un libro fotográfico que se llama Sabios, sobre personas del estado que tienen algún conocimiento ancestral. Cuando conocí a doña Rafa, pensé que ahí había un personaje para un documental, pues me dijo que nadie le enseñó su oficio, que a través de los sueños aprendió a atender bebés.
Con la perspectiva de hacer una película sobre las parteras, una amiga me facilitó una lista y en mis días libres buscaba personajes; así encontré a doña Tina. Me abrió la puerta y me abrazó, como si me conociera de años. Yo también recibí sus conocimientos, porque les platiqué a ambas que desde los 16 años mi ginecóloga me dijo que no me podría embarazar de manera natural. Ellas me dieron tés y masajes, hasta que quedé embarazada. Entonces soy parte del secreto ancestral de ellas, de ayudar a embarazar a las mujeres; no solo de atender partos, sino de estar antes, durante y después, como madres protectoras del nacimiento.
Hay una división entre nuestros conocimientos científicos occidentales y sus conocimientos ancestrales; en Sinahal retratas esta convivencia. ¿Cómo es esta relación entre doctores y enfermeras, con el oficio de doña Rafa y doña Tina?
Depende del contexto: si le hago esa pregunta a alguien de la ciudad, quizás las rechacen. Pero si voy a una comunidad donde el acceso a la salud es complicado, los médicos sienten que las parteras les ayudan con las embarazadas.
Además, en la película se muestra que las mujeres extranjeras vienen a tener sus bebés con estas parteras. Son mujeres feministas, se reconocen libres de elegir cómo parir y es lo que importa en mi película, que se vea a la libre elección del parto como parte de una resistencia femenina.
En el centro de Sinahal está el oficio de estas mujeres, pero alrededor hay una serie de actividades interesantes: los masajes para preparar los cuerpos de las embarazadas, el uso de la placenta para algunos artículos; también destaca cómo se vuelven figuras de respeto en sus comunidades. Hay un aura alrededor del personaje de la partera.
Por eso la elección del nombre. Sinahal puede significar distintas cosas, pero en nuestro documental es “el buen nacer”; ellas se vuelven en estas protectoras del nacimiento y las considero como esas ixcheles contemporáneas que protegen a las mujeres y sus embarazos.
Son figuras de respeto en la comunidad, porque participan no sólo en el momento del parto, después visitan al bebé y le hacen el bautizo maya, el Jéets’ Méek’. Al niño no sólo le dan la bienvenida al mundo, también le abren una posibilidad de destinos y oficios en los que se va a convertir.
En el documental registras dos partos. Y pienso que se trata de un momento íntimo y que debe ser una reto grabarlos. ¿Cómo trabajaste estas escenas?
Le contamos a las embarazadas lo que queríamos mostrar en la película, que el público viera que parir de manera natural pemite un parto humanizado, y que si el público no lo ve, no lo entendería. Entonces se mostraron interesadas en que se vieran sus partos.
A veces no coincidía el parto con el transporte del equipo, que venía de Monterrey. De repente me decía doña Rafa: "en quince días tengo un parto" y el fotógrafo no estaba disponible y teníamos que coordinar, hasta que dimos con los dos partos que se ven en el documental. Creo que la diosa del cine nos ayudó.
Buscamos el respeto absoluto, sólo la cámara estuvo ahí, el sonido se manejaba de manera externa, sin estorbar. Y yo estaba desde afuera, con mi visor, sin intervenir mucho, a menos de que tuviera que dar una indicación, pero tratando de respetar el parto. Nos volvíamos invisibles. Los personajes no se fijaban en nosotros.
¿Y las parteras cómo se sentían retratadas? Creo que a doña Rafa le gusta ser retratada, pero posiblemente con doña Tina debías buscar un tono más íntimo.
Eran dos polos extremos. A doña Rafa le gusta la cámara, la maneja de manera natural, ella viaja mucho dando talleres y está acostumbrada. Incluso hace poco vinieron unas practicantes de partería rusas a tomar un curso con ella.
En cambio, cuando prendíamos la cámara, doña Tina no hablaba tanto, o esperaba a que yo le diera alguna indicación. Con el tiempo se fue olvidando de la cámara y se mostró más natural. Le mostré cosas durante el rodaje, pero lamentablemente no vio la película terminada, porque falleció el año pasado. Pero la familia y la comunidad están muy orgullosos, de que quedó retratada para la posteridad.
Creo que doña Tina nunca entendió qué iba a significar la película, pero estaba contenta de contarme sus vivencias. En su patio tenía un jardín y cuando me platicaba de sus plantas se ponía más enfática en los saberes.
Y quizás no era el objetivo, pero también es una película que tiene que ver con el empoderamiento, los saberes y otros valores que a los feminismos les interesan.
Todavía se necesita visibilizar a las parteras para que las dejen entrar a los hospitales. A doña Rafa sólo dos hospitales de Mérida le permiten pasar y atender a sus pacientes. Ella ha hecho cartas públicas en las que menciona cómo se les maltrata. Pero es una lucha constante. Después de la película siguen con su lucha de que, por ejemplo, no los dejan registrar a los bebés. Tienen que dar aviso en la ciudad de que van a atender un parto, para que les den un folio de registro. No pueden hacerlo ellas, necesitan un control externo. Y esas dificultades a veces les imposibilita atender partos.
¿Con qué te gustaría que se quedara la gente que mire Sinahal?
Hay un amplia gama de espectadores. Me ha tocado gente que le asombra lo complicados que son los partos. Una ginecóloga la vio y le alarmó, decía que cómo se atrevían a arriesgar así a un bebé. Y doña Rafa, con sus palabras, le respondió que no era algo obligatorio, que era libre elección de la mujer. Sé que tendremos distintos públicos, personas que nos han alabado la película o el tema, y gente que se espantz. Estamos abiertas a todas las voces.
Yo le diría al público que se den la oportunidad de sentir este poder femenino de decidir cómo parir, que tengan esa apertura mental de ver cómo es un parto y cómo debería ser un parto humanizado también.
Sinahal, señora de los partos (México, 2024). Dirección y guion: Glenny Torres. Producción: Antonio Urdapilleta, Ale García, Carlos G Dávila, Efraín Conde, Pedro G García. Casa productora: La Palma de Oro Films, Reverie Workshop. Película realizada con el estímulo fiscal EFICINE Producción. Cinefotografía: Gabriel Campillo, Iván García. Edición: Pedro G. García. Sonido: Ariel Raguth, Miguel Sánchez. Música: Rodrigo Montfort. Locación: Mérida, Chumbec, Hocabá, Celestún, Progreso, Yucatán. Participan: Rafaela Can Ake, Crispina Euan Chel.