‘El inicio de la animación mexicana, México, 1935-1938’ y el rescate de las primeras animaciones mexicanas
19 de agosto, 2026
Por Rosalba López Stevenson
La animación no solo son imágenes que cobran movimiento; también resultan de un proceso creativo largo y minucioso. Recuperar sus primeras manifestaciones en México implica mirar más allá de cortometrajes o largometrajes, también significa acercarse a las técnicas, los materiales y las personas que hicieron posible su existencia.
En México, los primeros pasos de este arte comenzaron en los años treinta, hace casi un siglo. No siempre ha sido sencillo conocer esos inicios. Las películas han permanecido en archivos y bóvedas durante décadas, se ha documentado y difundido muy poco su historia. Restaurar estos trabajos audiovisuales dirige la mirada hacia una parte de esta historia de la animación mexicana, que todavía tiene mucho por contar.
Jania Alarcón, coordinadora de restauración digital del Laboratorio de Restauración Digital Elena Sánchez Valenzuela de la Cineteca Nacional, nos cuenta sobre la recuperación de cinco cortometrajes animados, que se realizaron entre 1935 a 1938 por los Estudios Ava, y que tuvo al frente a Alfonso Vergara Andrade, otorrinolaringólogo que con sus consultas médicas financió sus cortometrajes y así creó el primer estudio de animación en México.
El inicio de la animación mexicana, México, 1935-1938 fue apoyado por FOCINE y abre la ventana de un conocimiento que no parte de una computadora y una digitalización, sino de una profunda investigación de materiales.
Jania miró Paco Perico cuando se presentó en la Muestra de Patrimonio Audiovisual 2025. Descubrió un tesoro oculto entre trazos, colores, sonorización y movimiento. Ahí comenzó la curiosidad por conocer qué otras animaciones existían en la década de los treinta, y le permitió descubrir que la historia no estaba compuesta por un solo cortometraje. Su investigación terminó convirtiéndose en un proyecto de restauración de seis de los siete cortometrajes que se conservan del Estudio Ava. Se encontró frente a lo que se considera El inicio de la animación mexicana con cortometrajes de 1935 a 1938.
Para estas animaciones se realizó una restauración completa. Empezó por una investigación profunda, para encontrar quién tenía las mejores copias de los cortometrajes, y si existía la disponibilidad de los títulos en las bóvedas de Cineteca Nacional y Filmoteca de la UNAM. Se seleccionaron las copias de mejor calidad, aunque en general estaban muy dañadas: “traían impresos todos los daños, como pegaduras, roturas, microorganismos”, explica Jania. Se debió limpiar el material para dejarlo en buen estado. Después se hizo el escaneo de los rollos fílmicos y, cuando tuvieron el material digitalizado, iniciaron procesos de restauración de imagen, sonido y color.
“Utilizamos software especializado en restauración, filtros que reparan los daños. Empezamos con la inestabilidad: con el paso del tiempo el material se va encogiendo, es un material orgánico que tiene daños y en el escaneo se crea la inestabilidad. Se corrigió el flicker, o en el caso de color, cuando una escena tienes diferentes tonalidades, se unifican y luego se aplican filtros para eliminar rayas, polvo y otras cosas que se pueden reparar digitalmente”.
El trabajo de Jania y sus colaboradores es un ejercicio de paciencia. Materiales con mucha textura o brillos, el filtro los detecta como manchas. Entonces deben corregirse escena por escena, poner mascarillas para proteger las texturas o checar que no existan “artefactos digitales”, píxeles que se crean cuando no se utilizan los filtros de manera correcta. “Revisamos cuadro a cuadro si queda algún daño remanente, roturas, pegaduras, presencia de hongos, que dejan marcas en el material fílmico. Intervenimos cuadro por cuadro, con herramientas especializadas para este tipo de daños. Al mismo tiempo trabajamos color, se equilibran luces y sombras, se ajustan tonos y colores”.
Para el audio se quita el hit, y los ruidos, porque por la degradación el audio no se escucha parejo y hay que equilibrarlo. “Al final de estos procesos juntamos la parte de imagen y de color en un mismo archivo y se sincronizan. En la parte de salidas digitales salen diferentes formatos, dependiendo para qué se va a usar, si será para web o para proyección. Son a grandes rasgos los procesos que se hacen”
Jania explica que en el mundo de la restauración el proceso funciona como un trabajo de capas. “Capa tras capa se reconstruye, se revisa, se recupera, trabajando siempre sobre un lienzo preparado, con una base establecida, donde se aprende con los recursos que se tienen. En ocasiones puede haber un rayo entre rasgaduras, manchas, marcas, rasguños y microorganismos, de pronto aparecen copias que aunque a simple vista se reconoce que ya no se puede hacer la restauración, pueden servir para complementar un proyecto”.
La vida de las abejas es un ejemplo de los azares de la restauración. En su origen, el material estaba muy dañado, pero como era la única copia que se encontró, se restauró corrigiendo lo más posible. “Hoy me escribieron para informarme que había una copia que tenía la compañía que sigue distribuyendo a los hermanos Fleischer, unos animadores muy importantes de los años treinta o cuarenta. En la investigación nunca supe que ese material era a color, y que además está en mejor estado. A veces piensas que tu material es lo mejor que hay pero aparecen más copias. Antes no había ningún distribuidor que hiciera información sobre las copias. Simplemente se creaban y así pasa con todas las películas”.
El oficio de la restauración destaca como un acontecer relevante, un ejercicio de pericia técnica pero también de memoria. Dice Jania Alarcón: “En los treinta no había una industria, no había animación en México, existían algunas producciones en otros países y Alfonso Vergara colaboró con otros animadores. Por eso es importante revivir estos materiales, porque cuando están en bóvedas son como zombies, están muertos. Es importante que la gente sepa que hay una historia, y que no llegamos a este momento de la animación nada más porque sí”, dice Jania Alarcón.
Ella y los restauradores del cine mexicano revisan las bóvedas, descifran a estos muertos y desde ellos entienden las historias y los contextos que originaron las producciones actuales, en este caso, las de la animación mexicana.
Hay que precisar no sólo de dónde viene la historia sino también dónde nos encontramos situados, conocer los pasos que dan inicio a mundos fascinantes, que hoy admiramos y reconocemos en espacios como pantallas y salas.
Conoce más sobre la restauración digital de El inicio de la animación mexicana, México, 1935-1938 en su página:Proyecto de restauración digital.
El inicio de la animación mexicana, México, 1935-1938. Director: Alfonso Vergara Andrade, Carlos Sandoval. Incluye los cortometrajes: Paco perico en premiere, 1935, 9 min. La vida de las abejas, 1937, 9 min. Una noche de posada,1937, 11 min. Los cinco cabritos y el lobo, 1937, 8 min. Chema y Juana en el tesoro de Moctezuma, 1938, 8 min.. Productor: Estudios Ava y TQM Films Trabajo de restauración realizado por el Laboratorio de Restauración Digital Elena Sánchez Valenzuela de la Cineteca Nacional, con el apoyo de FOCINE-IMCINE. Coordinación de proyecto y restauración digital de imagen: Jania Alarcón. Revisión y restauración del material fílmico: Alfonso Espinosa. Digitalización de la imagen: César de la Rosa. Restaurador de color: Daniel Ángeles. Digitalización y restauración sonora: Gerardo Trigueros. Salidas digitales: Jorge Álvarez.