Día Internacional de la Animación: el arte de imaginar lo inimaginable
28 de octubre, 2026
Por Rosalba López Stevenson
Cada 28 de octubre celebramos el Día Internacional de la Animación, un arte y disciplina que trasciende el entretenimiento, para convertirse en un territorio de comunicación y transformación. Más allá de trazos y texturas, animar implica proyectar identidades y mover emociones, conectar con empatía entre quienes crean y las audiencias. Es un desafío intelectual y una forma de expresión para la que no alcanza la acción viva, sino imaginar lo inimaginable.
En IMCINE compartimos tres ejercicios de animación mexicanos que se realizaron con el apoyo del programa FOCINE, y que demuestran la diversidad de nuestra animación, que vive y respira gracias a sus creadoras y creadores.
En estos ejemplos, sin orden de prioridad, radica una variedad de técnicas y procesos de producción, donde cada proyecto encuentra su propia ruta de exploración.
Desdoblándome: exploraciones mentales ejecutadas al óleo
La directora Natalia Pájaro nos comparte el origen de su búsqueda creativa en su cortometraje Desdoblándome: “Mi duda era: ¿qué quiero contar?, ¿qué me hace sentir?, ¿qué cosa fuerte ha pasado en mi vida y quiero poderla narrar? No de una manera literal. Quería evocar las mismas sensaciones que sientes cuando tu cuerpo y tu mente te dejan de pertenecer. Es un cúmulo de emociones en los momentos de crisis."
Para trasladar esta experiencia al lenguaje audiovisual, eligió una animación híbrida entre lo digital y lo análogo. Combinó técnicas de animación en 2D con pintura al óleo sobre fragmentos de video, y escenarios realizados en 3D. Para las referencias de movimiento colaboró Aura Arreola, bailarina de danza butō y performer; después, Pájaro realizó un video con edición, como guía para animación. La animadora pintó cuadros al óleo para animación en 2D. Y con su equipo modelaron y texturizaron fondos en tercera dimensión; sobre ellos colocaron animación tradicional.
Este cortometraje requirió el trabajo de cuatro personas que pintaron al personaje principal, y tres que se dedicaron a la creación de fondos. Tuvo el apoyo de FOCINE Y mereció el reconocimiento como mejor cortometraje animado el 68° Premio Ariel.
La experimentación técnica se convirtió en una extensión de la experiencia emocional que originó la obra.
La gran historia de la filosofía occidental: la didáctica del dadá (y la soledad trans)
La productora Lucía Cavalchini, productora de este largometraje dirigido por Aria Covamonas, nos acerca a la sinopsis del largometraje: “Una animadora recibe el encargo de realizar un filme de propaganda, pero su fracaso desencadena la furia del poder. Es un largometraje autocrítico, provocador y audaz que expone la agonía, el cansancio extremo y las obsesiones del propio oficio artístico.”
Y profundiza sobre la propuesta: "Es la imposibilidad de hacer una película de propaganda, y la frustración del animadore, que es la frustración de estar en ese lugar agónico: un lugar de cansancio extremo, de obsesiones y de hartazgo. Es una producción autocrítica porque Aria se mete al juego; ese animadore en pantalla es obviamente ella."
Para el desarrollo de la animación, Aria no escribió un guion: se basó en una escaleta y en su intuición. Ella sola realizó todo el largometraje, en un proceso de trabajo que le llevó a producir alrededor de tres segundos de animación al día, durante tres años.
Covamonas encontró en Blender, un software libre y de dominio público, la herramienta para realizar la técnica de cut-out, que combinó con la técnica de collage.
El cut-out consiste en separar todos los elementos de una imagen en piezas individuales para después articularlos; se anima moviendo cada una de las piezas. La directora construyó un multiplano digital y dentro del software desplazaba y combinaba las imágenes para generar movimiento y profundidad.
Con personajes tan insólitos como Mao Zedong, Nietzsche, Ayn Rand y hasta un deforme Mickey Mouse; el proceso artístico de Covamonas se convirtió en parte de su narrativa, con su delirio dadaísta, la angustia personal y una mirada crítica a la política, al oficio de animar y a las leyes impuestas por la cinematografía.
Esta película recibió apoyo de la primera convocatoria de FOCINE a la Animación en 2021, y estuvo nominada al Ariel 2026 como mejor largometraje de animación.
El inicio de la animación mexicana (1935 - 1938): al rescate del acervo de los Estudios Ava
En los años treinta del siglo pasado, el doctor otorrinolaringólogo Alfonso Vergara Andrade financió y ejecutó los primeros trabajos de animación en México. Casi un siglo después, sus cortometrajes fueron rescatados de los acervos y se restauraron en el Laboratorio de Restauración Digital Elena Sánchez Valenzuela de la Cineteca Nacional.
Este proyecto de restauración digital fue coordinado por Jania Alarcón, quien comparte: "Es importante revivir estos materiales, porque cuando están en bóvedas son como zombies, están muertos. La gente debe saber que hay una historia y que no llegamos a este momento de la animación nada más porque sí."
La restauración de cortometrajes de Estudios Ava comenzó con una extensa investigación, seguida de una limpieza profunda y el escaneo de los rollos fílmicos. Después se utilizó un software especializado en restauración, para trabajar en la recuperación de la imagen.
Entre los procesos realizados se ajustó el flicker y la corrección de cada escena, por medio de máscaras de protección de texturas, así como el uso de filtros para la eliminación de polvo, manchas, rayas y otros deterioros.
También se trabajó color, equilibrio de luces y sombras y ajuste en tonos como en valores. Finalmente se equilibró el audio y se sincronizó con la imagen para integrar los materiales restaurados.
Alarcón explica: “Capa tras capa se reconstruye, se revisa, se recupera, trabajando siempre sobre un lienzo preparado, con una base establecida, donde se aprende con los recursos que se tienen.”
Este proyecto, que derivó en la película El inicio de la animación mexicana (1935 - 1938), compila cinco producciones de Ava: Paco perico en premiere (1935), La vida de las abejas (1937), Una noche de posada (1937), Los cinco cabritos y el lobo (1937) y Chema y Juana en el tesoro de Moctezuma (1938).
La restauración de estos trabajos de animación, apoyados por FOCINE Acervos, implicó una labor minuciosa, cuadro a cuadro y capa a capa. Recuperar estas imágenes es un ejercicio de memoria, que reconoce a quienes abrieron camino en la animación mexicana contemporánea.
Visibilizar estas obras es entender que la animación trasciende la técnica y se transforma en un territorio donde coexisten la catarsis de la crisis, la frustración del proceso artístico, la libertad creativa y la memoria cinematográfica.
Frame a frame enseña que detrás de todo el movimiento hay una profunda entrega humana que experimenta, construye y preserva historias que se encuentran y reencuentran entre miradas.