'Piedra', de Salvador Martínez Chacruna: canteras que reflejan como espejos

Al norte de Toluca, en San Pablo Autopan, existen enormes canteras de piedra que trabajan hombres otomíes. Con ellas hacen metates, molcajetes y figurillas. 

 

En su cortometraje documental titulado Piedra, Salvador Martínez Chacruna sigue de cerca a Benjamín García, trabajador de la cantera de San Pablo Autopan. Lo eligió como protagonista porque conoce el “corazón de piedra”, codiciado material que se encuentra en el núcleo de las piedras y que se le ha dado usos gastronómicos e incluso terapeúticos.

 

Como parte de la 3ra. Muestra de Cine en Lenguas Indígenas del mes de junio, Piedra estará disponible del 21 al 30 de junio en televisoras y sedes presenciales.

 

Salvador Martínez nos habló de su documental y de la importancia de hacer cine en otomí.

 

Cuando se hace cine de comunidades se piensa en entornos como selvas, bosques o praderas; tú presentas un ambiente agreste de piedras y canteras. ¿Cómo llegas aquí y cómo decides que es material para un cortometraje?

Esa cantera está ubicada a 10 minutos del lugar donde crecí. Por mucho tiempo vi cómo mis vecinos y familiares se dedicaron a hacer molcajetes y metates. En Semana Santa, la representación del viacrucis pasaba por ahí y en mi percepción de niño, veía la cantera como una mina inmensa, siempre me cautivaba.

Siempre tuve muchas ganas de hacer un corto sobre estas minas. De hecho, hace ocho años produje un proyecto mucho más chiquito y con menos seriedad, que sirvió como punto de partida. Es una historia que me conmueve mucho, porque me recuerda a mí, a mi línea paterna, a mis abuelos, y a un oficio pesado e intenso, que se desarrolla en un espacio sinuoso, seco y peligroso.

 

¿Cómo llegaste al protagonista de tu película, Benjamín García? 

Hice una especie de casting porque me interesaba tener a alguien que conociera todas las propiedades de la piedra, incluyendo sus propiedades a nivel terapéutico, porque realmente muy poca gente conoce y compra el “corazón de piedra”, el núcleo rocoso para hacer trabajos terapéuticos.

En la comunidad había poquitas personas que conocían el corazón de piedra y Benjamín García era uno de ellos. Yo sabía que se dedicaba a hacer molcajetes y figuras con las piedras, así que le comenté que quería hacer una película, él me dijo que sí estaba interesado en participar.

A Benjamín le agradezco que me haya presentado a sus amigos que trabajan con él en la cantera. En realidad son un grupo hermético y no dejan que nadie se acerque, menos si me hubieran visto con cámaras y todo el equipo que usamos para filmar. 

 

¿Cómo fue la experiencia de filmar en la cantera? 

Terminé quemadísimo de la cara y los brazos, aunque tenía manga larga, casco, gorra y diez litros de bloqueador encima. Fue una cosa muy rara, las piedras fungen como una especie de espejo y reflejan mucho el calor.

Terminé enfermo después del rodaje, tuve una ligera calentura y malestar físico en general, pese a que filmamos en una de las minas más chiquitas, porque hay un grupo de minas alrededor que realmente parecen de otro mundo.

También fue un reto para la fotógrafa, Flavia Martínez, porque no podíamos estar tan cerca de la actividad, aunque sólo trabajaran con mazo. También sufrimos un poco de bullying, es un ambiente muy parecido al que se vive en las construcciones de casas, así que había mucho albur y se respiraba un ambiente muy masculino. 

Creo que los principales retos fueron con la cámara: no podíamos acercarnos mucho, había mucho polvo, teníamos que limpiar la cámara en cada toma y cuando detonaban la dinamita teníamos que alejarnos lo más que se pudiera. Siempre había mucha adrenalina y fue todo muy físico, pero estuvo bonito y fue maravilloso. 

 

En el cortometraje también aparece la familia de Benjamín, incluso hay una escena en el interior de su casa. ¿Cómo era la interacción con ellos?

Desde la preproducción, siempre intenté ir con cámara para que se adaptaran poco a poco, porque noté, al menos en los primeros encuentros, que mi presencia hacía que cambiaran mucho su personalidad. 

Nos fuimos ganando mutuamente y me permitieron entrar a su intimidad. Tenemos algunas escenas en la casa de los personajes secundarios que no ocupamos porque no las creímos necesarias, pero demuestran la apertura que nos dieron para entrar a sus vidas.

Les gustaba que estuviéramos ahí, cuando acabamos de rodar nos dejó un sabor amargo a todos, porque aunque fueron poquitos días de filmación, cinco días en total, se sintió como si hubiéramos convivido mucho tiempo. 

La escena del desayuno que grabamos en casa de Benjamín la preparamos de manera muy natural, primero colocamos la cámara, nos sentamos juntos y al final nada más nos quitamos nosotros y los dejamos a ellos. Este tipo de estrategias hicieron que todo se sintiera más orgánico, porque además la cámara era muy grande y llamaba mucho la atención, pero en realidad siempre hubo una bonita sinergia.

 

Piedra, Dir. Salvador Martínez.

 

Gran parte del cortometraje está hablado en otomí ¿A nivel creativo, qué tan importante es usar tu lengua en tus producciones? 

Para mí es vital utilizar el otomí en mi vida creativa, no sólo en el sentido del cine, sino a nivel creativo en general, siento que pensar en mi lengua originaria me permite explorar más narrativas.

El otomí me permite contar las cosas desde su núcleo, mi lengua tiene una mayor capacidad de conexión con la naturaleza, que es a lo que apelan las culturas originarias de América, que están conectados a todo lo que pasa, lo que se escucha y lo que se ve, e incluso a lo que no se ve, porque tienen un gran entendimiento con la tierra y el entorno en donde viven.

Ahorita estoy trabajando en mi primer largometraje, que ya está en etapa de postproducción, y también está todo hablado en lengua otomí, así que para mí es bastante grato y, sobre todo, es un enorme privilegio tener la posibilidad de filmar en mi propia lengua. 

 

*Redacción: Luis Felipe Maceda

Piedra. (México, 2021). Dirección: Salvador Martínez. Guión: Salvador Martínez. Producción: Pablo Fulgueira. Fotografía: Flavia Martínez. Sonido: Pablo Fulgueria. Música: Leo Heiblum. Reparto: Benjamín García.