‘Póstumo’, de Lucía Carreras: encuentros que trascienden la muerte


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20 de enero, 2026

Por Carlos Ramón Morales 

 

Tras una noche de bar y oscuridad, Dolores despierta en un departamento que no conoce. En él vive Luis, un joven casi de su edad, quien presenta rasgos familiares que la inquietan. Dolores entiende que han pasado cincuenta años y que está muerta. Y que la identificación con Luis es mucho más fuerte de lo esperado. El encuentro de estos dos solitarios pronto rebasa el azar: hay un diálogo y un legado que implica a ambos. Póstumo parte de la fantasía y desde ahí lanza reflexiones sobre lo que heredamos o lo que hacemos nuestro de quienes nos anteceden.

En Póstumo, Lucía Carreras asume varios riesgos cinematográficos: una historia con dos personajes encerrados en un departamento, un guion que se despliega poco a poco, reflexiones sobre el cine, las enfermedades mentales o la identidad, cercanías o alejamientos con el teatro. Con Diana Sedano y Adrián Ladrón en los protagónicos, Póstumo es un relato de gran intimidad, que en cada momento hace revelaciones más espeluznantes.

Póstumo cuenta con el apoyo de Eficine Producción y podrá verse a partir del 23 de enero en salas del circuito cultural mexicano. A propósito de ese estreno, platicamos con Lucía sobre su enigmática pieza cinematográfica.

 

Un elemento fantástico sirve como dispositivo para contar tu historia: esta idea de que una persona puede regresar cincuenta años después de su muerte y hablar con alguien cercano. ¿Cómo nace esta idea?

Yo siempre tengo estos pensamientos de qué dejas cuando te mueres, cómo te recuerda la gente, algo que nunca sabrás. Del lado de mi mamá y mi papá murieron sus hermanos jóvenes y toda la vida he tenido la imagen de los tíos que no conocí. Así armé esta premisa: ¿qué pasaría si pudieras volver cincuenta años después de tu muerte? ¿Cuáles de tus huellas trascienden? En este caso las huellas son la enfermedad mental, la depresión.

 

El guion es lo bastante equilibrado para que me deje la pregunta de qué me resultaría más interesante, si hablar con mis ascendentes o con mi descendencia; ambas posibilidades son persuasivas. No sé qué tanto pensabas en estas posibilidades, que convierte a tus dos personajes en protagónicos.

Los dos debían tener presencia protagónica. No quería que uno estuviera encima del otro. Los dos son mi alter ego y la ficción me da esa posibilidad de explorar qué pasaría si muero y regreso en 50 años. Por otro lado, siempre me he preguntado sobre mis tíos, como le dice Luis a Dolores: "siempre me pregunté a qué olías." Eso me pasa, me pregunto a qué olían mis tíos, por todo lo que hablan mis papás. Entonces también soy Luis.

Me puse en los zapatos de los dos y desde ahí está construida la ficción. En ese sentido, es una obra muy personal. Quiero saber de esa relación entre los dos, en la que los personajes se identifican a nivel superficial y después descubren un tema genético que los une, las enfermedades mentales.

 

También, ambos son cineastas… Dolores consiguió los títulos suficientes para que se pudieran escribir libros sobre su obra; Luis está frustrado y decidido a no hacer una segunda película; son puntos de vista opuestos sobre ser artista o comprometerse con una vocación.

Dolores viene de una época donde ser mujer cineasta era casi imposible, el cine la dejaba respirar, en el set se sentía libre. Y en el caso de Luis, el cine es un espacio de expiación. No me clavé en que hablaran de eso porque me parecía demasiado; de por sí hablar de nosotros como creadores a veces es pretencioso.

Me parecía interesante que compartieran profesión, pero la visión de cada uno tiene que ver con una postura mía respecto al cine. Para que una mujer en los años setenta pudiera hacer cine, era una montaña. Es diferente para un chavo de treinta y tantos años que hace cine ahorita. No quería ir más lejos, quería dejar entre líneas lo que pienso del oficio, pero eso lo hacemos todos los creadores, que quedan nuestras posturas de ciertas cosas.

 

Platícame de Diana Sedano y Adrián Ladrón; en Póstumo le apuestas por completo a sus talentos, ¿cómo fue el trabajo con ellos?

He tomado una postura desde Tamara y la catarina: hago un cine donde la cámara trabaja para los actores y no los actores para la cámara; Póstumo es el extremo de ir a ese lugar.

Los actores no conocieron la historia ni el guión hasta los días del rodaje. En el casting, les decía: "Si le entras a la película no vas a saber de qué trata la historia". Y se tiraron al vacío. Durante cuatro meses trabajé con ellos por separado. Trabajamos sus personajes en formas distintas, porque son actores distintos y las circunstancias eran distintas.

Diana creía que era una película de época y me tocó involucrar al crew para fingir cosas. De Dolores sabíamos que solamente iba a vestir la sudadera y los pants de Luis, pero hicimos pruebas de vestuario. Fue todo un armado y fue divertido jugar con el crew.

Diana y Adrián descubrían la película día a día. Cuando Adrián leyó el primer giro de tuerca quedó en shock, me dijo: "No puedo ni hablar, güey, qué pedo con tu cabeza." Después Adrián se volvió cómplice, hasta que Dolores descubrió la identidad de Luis.

Diana arrancó la película en la escena en que está desnuda, acostada en el sillón. La llevamos al set con una bata y los ojos vendados; le quitamos la venda, la bata y corrimos la toma. Entonces conoció el departamento. Jugamos con eso, y los dos le entraron mucho.

Pudimos filmar en orden y creo que funcionó muy bien, los actores tenían a los personaje muy bien agarrados; lo que no sabían era qué les pasaba. Fueron cuatro meses muy intensos, porque los dos son muy intensos.

Fue rico la secrecía con todo el mundo; la maquillista venía y me chismeaba las reflexiones de Diana, me decía: "Diana cree que es una película de vampiros." Y yo: “¿por qué cree eso?” Pues porque Adrián traía el cubrebocas y Diana juraba que se lo iba a quitar e iba a tener la boca destrozada, que era un monstruo… 


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Póstumo tiene un fuerte ascendente teatral, quizá hasta la directora juega con su identidad de ser directora de set o dirigir en las tablas.

Tengo la espinita de dirigir teatro, pero la película no la pensé desde ese lugar. El trabajo fue opuesto al teatro. No hay trazos marcados, no hay ensayos, no hay conocimiento de la obra. A lo mejor, inconscientemente, hice este ejercicio de que los actores no conocieran el guion para alejarme del teatro. En el teatro los actores saben que van del punto A al punto B; cuando haces una película y conoces el guión, prevés que sentir algo ahora tendrá una consecuencia adelante. Yo quería detener eso, que no se adelantaran, que no supieran cómo lo que hacen ahora impactará después. A lo mejor desde ahí me quise alejar de la forma de trabajo del teatro.

 

Lo que hace que Póstumo sea cine, es que el guión nacía y se destruía cada día de rodaje…

Sí, totalmente. Fue muy bonito y nunca me había pasado. Además, el trabajo previo con los actores alimentó el guión, porque yo hablaba con ellos de los personajes y les agregaba cosas que salían de las preguntas que me hacían. Los actores preguntan cosas muy raras y cuando estás creando la biografía de un personaje tienes que contestar. Ahí iba encontrando cosas que abrevaron en el guion. En el trabajo previo, ellos alimentaron el guion y fue un proceso distinto a los procesos que había llevado antes.

 

Me parece interesante el ejercicio de una película austera. Le apuestas a una locación, dos actores, buenos diálogos, buenas interpretaciones. Más allá del tema, es interesante esta especie de limitantes que detonan la creatividad.

No pensé en hacer una película austera. Cuento las historias que quiero y necesito contar. Y cuando estoy escribiendo el guion, solo pienso en eso, no me pregunto si es una película cara o barata. Pero sí llega un momento en el que te das cuenta qué tipo de proyecto estás haciendo y te comprometes con eso. En un momento entendí que Póstumo era una película que debía estar constreñida a un momento, a unas cuantas horas. Así fue la decisión, pero no hay un punto de partida donde buscas hacer una película chiquita, que se pueda filmar en poco tiempo y que no tenga muchos recursos.

Mi prioridad son las historias y los personajes. Y cada día me decanto más por un cine que privilegie a los actores; no trabajar en favor de la cámara, sino en favor de los actores, de la historia, y que la cámara y lo demás lo realce, pero no que vivan por encima.

También, con el tiempo, te vas dando cuenta de qué tipo de cineasta eres. Yo no soy una cineasta que tenga necesidad de experimentar con la luz o la cámara. A mí me interesa experimentar con las historias y la actuación. Mis películas siempre van hacia ese lugar.

 

Póstumo (México, 2025). Guion y dirección: Lucía Carreras. Producción: Samantha Contreras Guillén. Compañía productora: Cinema 226, con el apoyo de Eficine Producción. Cinefotografía: Álvaro Rodríguez Sánchez. Edición: Lorenzo Mora Salazar. Sonido directo: Daniel Balboa. Diseño sonoro: César González Cortés. Elenco: Diana Sedano, Adrián Ladrón.

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