‘Flamingos: la vida después del meteorito’, de Lorenzo Hagerman: colectivos rosas


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25 de marzo, 2026

 

Por Carlos Ramón Morales 

 

Durante 700 días, un grupo de cinefotógrafos convivió con los flamencos rosas del norte de Yucatán. Conocieron sus formas de aparearse, de procrear, de nacer y de habitar sus espacios. Esta mirada acuciosa derivó en Flamingos: la vida después del meteorito, documental de Lorenzo Hagerman.

Historia de supervivencia y resiliencia colectiva, Flamingos: la vida después del meteorito cuenta con un guión lírico y humorístico de la micropoeta Ajo, la narración de Julieta Venegas y música de Bryce Dessner (The National). Podría ser una película de divulgación sobre estas aves, pero su extensión va más allá, se convierte en una historia de todas las especies del planeta: cómo lo habitamos y cómo nos relacionamos con él.

Flamingos: la vida después del meteorito tendrá su estreno comercial a partir del 26 de marzo, en salas del circuito comercial mexicano. Charlos con el director Lorenzo Hagerman sobre su forma de narrar estas vidas rosas, sinuosas y espléndidas.

 

¿Cómo nace la idea de crear esta película sobre los flamencos de Yucatán? 

Grabé a los flamencos gracias a la invitación del Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell, que es líder en el estudio, preservación, recopilación de archivo del mundo de los pájaros. El primer impulso era solamente hacer el registro para su archivo, que apoyara en la divulgación, preservación, educación y sensibilización de la biodiversidad del norte de Yucatán.

Los biólogos me daban un contexto de lo que iba a ver, y me dejaban catorce horas con los flamencos. Ahí me di cuenta de que, con muy poca información y mucha observación, uno podía entender lo que sucedía. Fue la clave para decir: "de esto se puede hacer una película."

Como todo proyecto empecé con un guión: para obtener el Eficine tienes que hacer una carpeta, que es un gran ejercicio de diseño de proyecto. Ahí hicimos bosquejos del arco dramático, hizo que concentráramos la energía en una sola especie y no tratáramos de diversificar la historia. Poco a poco definimos un proyecto sólido, que cumplía con el objetivo fundamental de la divulgación, pero que también crea un espectáculo, una experiencia que el público verá y a través de su magia te hace conectar con la especie.

 

Haces el guion con la micropoetisa Ajo, desde esta visión me parece interesante el énfasis en lo colectivo. Los flamencos deciden dónde anidar, dónde aparearse, resuelven adversidades... insistes mucho en que esa colectividad los orienta. Refleja muchos momentos políticos, sociales, culturales, que estamos viviendo.

La estructura del documental es lo primero que se construyó; después vino la narración, donde colaboré con Ajo. Pero desde que estaba filmando iban cayendo frases de lo que veía. Caían definiciones, surgían dudas, y eso fue la materia prima para hacer la crónica. 

No está exento de mi vida personal: son diez años de trabajo, pasamos por una pandemia, por la pérdida de seres queridos, eso te da diferentes perspectivas. Todo está presente porque yo hago las películas desde lo que soy. El discurso surge desde el interior, es una descripción de lo que veo. 

Escogí a Ajo para escribir el guion porque en sus micropoemas tiene una gran habilidad para hacerte reflexionar, reírte y meditar de cosas muy cotidianas. Le conté la historia y ella la fue sintetizando y transformando, era un trabajo de ping pong, de retroalimentación rápida.

Y uno no puede observar la naturaleza desde otra perspectiva que la del ser humano. Traduces comparado con tu experiencia. Esa conexión me interesaba mucho y por eso hay en la película momentos simpáticos, pero también reflexivos, donde nos estamos viendo reflejados.


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¿Cómo filmas respetando la naturalidad de los flamencos, que no modifiques su comunidad? 

Uno de los productores principales de la película, del Laboratorio de Ornitología, usaba protocolos muy estrictos para acercarnos. Por otro lado, el flamenco está acostumbrado a ver al ser humano. Hay una distancia vital y no solo con los humanos, entre especies también. Yo nunca voy a saber (y nadie va a saber) si los flamencos estaban conscientes de que estaban siendo filmados. Lo que sí puedo asegurar es que no les molestaba, y que por la constancia de nuestra presencia, sin ningún gesto de amenaza, ellos hacían su rutina sin alarma.

Para ejemplo: cuando están en el momento de su reproducción, hay un banco de arena muy descampado, es difícil pasar desapercibido. Entonces, desde antes de que llegara la colonia, establecimos escondites. Los flamencos tienen una visión nocturna débil, entonces utilizábamos la obscuridad para romper el descampado e introducir nuestro equipo: baterías, tripiés muy pesados, víveres. Avanzar 400 metros nos llevaba hora y media, porque aunque estábamos en la oscuridad, si la colonia percibía cualquier alteración, propagaban la alarma rápidamente y había que esperar a que se volvieran a tranquilizar. Llega un punto donde el escondite obscurece su visión, entonces ya puedes, con mucha calma y antes del amanecer, armar tripié, cámara, lentes. Entrábamos de noche, salíamos de noche y los días de luna llena eran de mucha preocupación. 

Un día estaba metiéndose el sol y estaba saliendo la luna casi en simultáneo, no tendríamos obscuridad para salir, en esa ocasión ya llevábamos quince horas desde que habíamos iniciado el rodaje y si no pasaba una nube no íbamos a poder salir porque son momentos muy sensibles de la reproducción.

 

 ¿Cuáles fueron los retos de este rodaje? 

Todo era un reto: llegar al escondite, o días en que veíamos huellas de jaguar cerca del escondite; o en el capítulo del pantano, había poca agua y era tener lodo hasta las rodillas. Pero al mismo tiempo era una experiencia fascinante cuando llegabas e instalabas la cámara, se pasaba el día muy rápido porque en la cabeza estás constantemente pensando: ya tengo esta toma, necesito esta otra y ahora cortaría esto; vas editando en la cabeza y no descansas, es intenso en todo momento.

Pasar desapercibido era un reto grande, armar una historia con una sola especie es un reto grande, también ser fiel a lo que es verídico científicamente: fue una revisión de más de un año con el Laboratorio de Ornitología, palabra por palabra, para buscar el sustento científico. 

Tuve la suerte de trabajar con los mejores del mundo. Los fotógrafos del laboratorio de ornitología son especialistas en filmar aves, que tiene su chiste, porque mantener en foco un ave en vuelo, con un lente 800, es un tema técnico como fotografiar fútbol: seguir en foco todo el recorrido y lograr planos cercanos.

 

De los flamencos, ¿hay algún aprendizaje en cómo deciden, cómo se mueven, cómo sobreviven, cómo hacen sus vidas?

El primer aprendizaje está en observar la vida silvestre. Es lo que quiero que el público viva, el ejercicio de la observación. En varios momentos no hay narración y solo ves la actividad del flamenco, el pollo saliendo del huevo o el nido, y los padres que lo observan. No necesitas más explicación.

Ahora, los flamencos son particulares en muchas cosas, pero no diría que proporcionan más aprendizaje que otra especie. Todas las especies tienen su particularidad y sus estrategias para sobrevivir. De ahí el título: el flamingo es la vida después del meteorito. Las aves son descendientes de los dinosaurios y son especies que por alguna cualidad o estrategia sobrevivieron el impacto del meteorito en la Tierra (y que hay pruebas para determinar que el impacto ocurrió en la costa norte de la península de Yucatán, y que creó el cráter de Chicxulub). 

A pesar de que sigue siendo muy frágil su existencia, la especie ha encontrado la habilidad de perdurar. Eso es notorio de los flamencos y de la vida silvestre. Sabes que gran parte de la fauna desapareció, pero los que quedaron ahí están y ahí siguen.

 

Flamingos: la vida después del meteorito (México, 2024). Dirección: Lorenzo Hagerman. Guion: Lorenzo Hagerman, Ajo. Producción: José Cohen. Compañías productoras: La Vaca Independiente y Cornell Lab of the Ornithology. Fotografía: Lorenzo Hagerman, Gerrit Vyn, Eric Liner, Tim Laman. Edición: Cetina Geo, Miguel Labastida González. Sonido: Miguel Labastida. Supervisión musical: Lynn Fainchtein. Música: Bryce Dessner. Narración: Julieta Venegas.  

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