‘Oxidado’, de Hugo Carrillo: la familia y el trabajo en la pantalla
25 de marzo, 2026
Por Carlos Ramón Morales
Los difusos días de la pandemia. Los difusos años de la pandemia. Esas jornadas iguales, entre el miedo de la enfermedad y el trabajo desbordado. Presencias en las pantallas que podrían significar cercanía pero también agresividad. La vida digital de esta década, tan enérgica u hostil como la vida análoga.
Mario vive esta encrucijada: con un empleo exigente, que realiza mientras en Nueva York su hijo está enfermo de covid. Las preocupaciones se difuminan y confunden, los ámbitos familiares y laborales pierden límites y complementan una nueva neurosis. A ese caos alude Oxidado, película de Hugo Carrillo.
Basada en experiencias autobiográficas, filmada en apenas siete días, desde una estética de celulares y videollamadas, Oxidado es un ejercicio catártico que sugiere una nueva universalidad. Esa en la que todavía transitamos, de la vida que tenemos de forma presencial y la otra que se va atisbando desde las pantallas.
Oxidado estrena el 26 de marzo en salas comerciales de México. Platicamos con el director Hugo Carrillo sobre esta experiencia íntima que también alcanza a todos quienes experimentamos aquella pandemia.
La película toca algo que muchos vivimos durante la pandemia: el miedo a la enfermedad y la intensa presión laboral de esos años. ¿Cuando fue que transformaste tu vivencia personal en una película?
Para mí fue una catarsis. Cuando pasó todo, lo escribí como un desahogo. Lo guardé en un cajón y después lo volví a leer con otra perspectiva. Entonces pensé que podía ser una buena película.
El título Oxidado tiene todo que ver con lo que ocurrió: dejas de hacer algo un tiempo y te oxidas. Quitar ese óxido lleva su proceso, y más en las circunstancias que relato en la película. Esa idea atraviesa toda la obra.
Aunque la película sigue a un personaje específico, cuenta algo que nos ocurrió a muchas personas durante 2020 y 2021. Es una historia íntima, pero también social. ¿Pensabas en ese alcance colectivo?
Yo había hecho thrillers y otros géneros, pero esta película era distinta: íntima, vulnerable. Oxidado es una película honesta. Yo no sabía qué alcance podía tener una obra así. Llevo cuatro películas, pero esta fue la primera que hice en esta tesitura, tan íntima.
La presentamos en Guadalajara y la reacción me sorprendió. La gente se me acercaba, me abrazaba. Una señora llorando me dijo: “Lo que cuentas me pasó a mí.” Esa presentación fue reveladora, porque, aunque es una producción sencilla, nunca imaginé el alcance que tendría. Me sorprendió tanto como al público, porque generó empatía con una gran mayoría.
Sobresalen estas dinámicas laborales actuales, propias del home office: estructuras donde cada quien solo ve una parte del sistema, que las decisiones vienen fragmentadas y los empleados terminan atrapados en una lógica difícil de entender. ¿Qué te interesaba explorar de ese mundo empresarial y laboral a partir de la historia de Mario?
No todas las empresas son así. He trabajado en lugares donde el trato ha sido exquisito. Pero en este caso particular, en Estados Unidos, todo era un abuso. Carretonadas de dinero para los de arriba, mientras abajo las productoras lloraban: “ya no puedo, tengo que llevar a mi hijo a la escuela, son las dos de la mañana.” Y no había horas extras, ni salarios adicionales. Era explotación pura.
Además, te lo disfrazaban con discursos: “Esto no es para todos, solo ciertas personas pueden hacerlo.” Te daban un barniz de que eras muy chidos, pero se trataba de una falsedad total. Lo expongo abiertamente, aunque nunca menciono marcas ni nombres, pero sí señalo que hay empresas que se conducen de manera desfavorable. Y es importante decirlo, porque el abuso laboral no debería normalizarse.
En la película trabajas mucho con pantallas: videollamadas, computadoras, celulares. Eso plantea un reto narrativo importante, porque no es una película de grandes espacios o de movimiento físico, sino de interfaces digitales. ¿Cómo pensaste la puesta en escena, para mantener el ritmo y el interés con este tipo de recursos?
Escribí la historia buscando que fuera interesante y fiel con lo que me sucedió. Después sabía que teníamos que encontrar el reparto ideal. Frank Rodríguez está increíble; Rodrigo Murray me hacía llorar, representaba a mi jefe en esa empresa, y verlo en pantalla era revivirlo.
Recuerdo una escena en la que abracé a Frankie y a Murray y me rompí. Les dije: “Estoy viendo en pantalla lo que me sucedió, ustedes lo están llevando a un punto que me toca cuerdas muy sensibles.” Ese día pensé que quizá no podría seguir dirigiendo la película, porque iba a llorar en cada toma.
Oxidado no es una superproducción. Es una película sencilla, pero con una historia poderosa y honesta.
Justamente por esa decisión formal de contar la historia desde pantallas, el peso de la película recae muchísimo en los actores y en sus rostros: gestos, silencios, reacciones mínimas. Hay interpretaciones iimportantes de Frank y de Karime Lozano. ¿Cómo trabajaste con ellos para construir estos personajes, desde esas interacciones tan contenidas?
Yo soy un actor de método, estudié en Estados Unidos y me formé en esa línea. En este caso no podíamos estar juntos mucho tiempo por los compromisos de cada quien, así que pensé que era una excelente oportunidad para ensayar en Zoom.
En Zoom hacíamos las escenas y las veíamos armadas desde la camarita; funcionó increíble. Cuando llegamos al foro en Guadalajara intentamos soltarlo más, pero al verlo en vivo perdía el encanto. Entonces decidí: lo que hicimos en Zoom es lo correcto. Oxidado debía ser una película cerrada. Ensayamos sentados y los últimos toques de ensayo y bloqueo para cámara se hicieron así.
Esa dinámica de conversación, de pantalla a pantalla, terminó siendo parte del proceso creativo. Oxidado se gestó desde la intimidad de un ensayo virtual que definió la forma de la película.
Es una película hecha con recursos acotados: pocas locaciones, una apuesta fuerte por las actuaciones más que por otros valores de producción. Eso puede ser una limitación, pero también una oportunidad creativa. ¿Cómo influyen esas condiciones en la imaginación narrativa y estética?
He tenido la gran fortuna de ser director de comerciales y videoclips durante mucho tiempo, y eso te da mucha cancha. En los videoclips, sobre todo, llegas preparado y es un ritmo vertiginoso. Con Oxidado fue distinto, con presupuesto bajo, pero logramos rodarla en solo siete días.
Buscamos un foro en Guadalajara, Tequila Film; tiene una casa al lado que también funciona como foro, un shooting home. Yo apuntaba la cámara hacia Karime y si paneaba a la izquierda, el set de Francia estaba listo; si paneaba hacia otro lado, ahí estaba el otro set. Bien planeado y bloqueado, eso nos permitió rodar la película en siete días.
Fue una coproducción con Canadá, que invirtió dinero. Además, contamos con un gran fotógrafo, Neil Serbin, que tiene equipo en Guadalajara y nos donó todo. Se juntaron muchas voluntades para hacer la película. Originalmente iba a rodar con una cámara más pequeña, pero la historia comenzó a conmover a todos y cada quien quiso aportar.
Aunque el rodaje fue breve, contar con tantas voluntades hizo la diferencia. Oxidado es sencilla en producción, pero poderosa en historia y en la manera en que se gestó.
La película se ha mostrado en espacios como la Gran Fiesta del Cine Mexicano de Guadalajara; ahora viene el estreno comercial. ¿Qué esperas del encuentro de la película con el público?
Para mí es un honor que esta película llegue a los cines. En México es complicado lograrlo y qué bueno que lo conseguimos. Soy un director que suelta: dejo los pinceles y me aparto del lienzo, para que quien adquiera el cuadro lo cuelgue como quiera en la pared.
Es una experiencia increíble ver tu película en un cine. La crítica ahí es honesta: nadie sabe quién eres y alguien puede decir “Esto es una porquería” o, por el contrario, “Wow, me conmovió.” La mejor manera de encontrar una crítica sin agenda es ir un par de veces a verla en sala y escuchar al público.
Esa es mi curiosidad ahora, quiero ir a los cines y ver qué sucede, qué comenta la crítica más honesta de todas, que es la del público que la ve.
Oxidado (México, 2025). Dirección: Hugo Carrillo. Producción: Frank Rodríguez y Víctor Miranda Villé. Guion: Hugo Carrillo. Cinefotografía: Jesús Alberto Murguía Curiel y Roberto Enciso. Edición: Hugo Carrillo, César Plascencia, David Puertas y Frank Rodríguez. Elenco: Frank Rodríguez, Karyme Lozano, Rodrigo Murray, Hania de la Vega.