‘Eran brujas’ de Alejandro G. Alegre: entre el slasher y la brujería


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17 de julio, 2026.

 

Por Carlos Ramón Morales

 

Hay un programa radiofónico sobre brujería en los espacios digitales. Lo dirige Mia, locutora que desde su mirada gélida contiene una gran desesperación. Y ocurre que Mia viaja por carretera para ver a su terapeuta; hace escala en un hotel del bosque, donde también se hospeda un grupo de jóvenes ensimismados, interesados, como ella, en la brujería. El ambiente tenso escala con la presencia de un asesino serial, y con la promesa de un ritual inciático que pide sangre y sacrificios.

Desde el cruce entre el cuento sobrenatural de brujas y el género del slasher, Alejandro G. Alegre crea con Eran brujas una sugerente historia de horror, que confirma su sitio como uno de los cineastas del horror independiente mexicano más persuasivos de la actualidad.

Eran brujas es distribuida por Benuca Films y estrena en cines selectos del país, a partir del 16 de julio. Charlamos con Alejandro G. Alegre sobre ese hechizo de hacer cine de horror independiente en México.

 

En Eran brujas hay un cruce interesante entre el slasher y el cuento de brujería. ¿Cómo los entrelazas para concebir esta historia?

Intenté hacer una película sobre brujas durante la época de la pandemia, pero también estuve revisando películas como Masacre en Texas, o series que incluian personajes como Hellraiser; mi hija es muy fan de Halloween también. De todo eso me empapé.

Quería hablar sobre brujas pero no quería irme a la cuestión del pueblo per se, sino traerlo a la ciudad. A las brujas las venia investigando desde hace varios años. Cuando hice la película no tenía problema en incluir un personale así. El reto fue incluir el slasher. Quería hacerlo como algo divertido, que la historia tuviera esta sensación de persecución sobre el personaje principal.

 

¿Cómo fue tu proceso de dirección con los actores para conseguir este efecto hierático en tus personajes, pienso sobre todo en los estelares que hacen Tania Niebla y Karina Lechuga?

Está la influencia de El resplandor, que para mí es la mejor película de Stanley Kubrick. Tiene que ver con una presencia del actor situado en su personaje; que su presencia invada el cuadro. Es una influencia que transformo en mis rodajes, al poner la cámara, pedirle a los actores más o menos intensidad. También tiene que ver con las actrices, que confiaron en mi necesidad por contarlo de esta forma.

A pesar de los conflictos para encontrar a mis dos actrices –las conseguí dos semanas antes de empezar el rodaje–, quedé gratamente sorprendido de ambas. Es valioso que los actores confíen y hagan cosas que de repente no están dentro de la naturalidad del ser humano, hablando socialmente en su entorno. No sé si esté bien o mal, el público lo tendrá que juzgar y decir si se logró o no, pero lo que veo en las pantalla es un resultado bastante potente.

 

El Hotel El Zorro, tu principal locación, proyecta una atmósfera visual y sensitiva de misterio, incertidumbre y mucha tensión….

En realidad, solo uso dos locaciones. Una es el departamento de la protagonista  –el mismo departamento donde tiene su podcast– y lo demás ocurre en la misma locación.

Es un hotel-motel que tenía en el interior un salón vacío; ahí ocurre el clímax. A su alrededor hay una zona boscosa pequeñita. Fue una fortuna encontrar ese lugar y que me permitieran una renta amable para rodar durante dos semanas.

Todo tenía la misma apariencia, colores que te daba este mood verdoso por fuera y por dentro predominaban colores amarillos opacos, deslavados, con cosas oxidadas y tonos de madera. Fue una casualidad haber encontrado el lugar perfecto para contar todo en una sola locación. Cuando escribo, más o menos me imagino qué puede pasar, aunque todo lo reescribo cuando veo la locación.

 

Vi en los créditos que asumiste el rol de la fotografía. ¿Cómo fue la experiencia de equilibrarlo con la dirección? ¿Qué tan complejo resultó esa doble responsabilidad: la puesta en escena y las exigencias técnicas- visuales de la fotografía?

Es complicado y no siento que lo logre en todo momento. Sin embargo,  debo de ser honesto:  si no lo hago de esa forma, no hago la película.  Mis producciones son de bajo presupuesto y apenas tengo un capital.

Me dejo ir por la intuición, pongo la cámara y trato de tener la mejor iluminación, posición, los mejores movimientos posibles. Admito que no siempre se me da como quisiera, pero sí me manejo desde la ecuación de: “lo haces así o no lo haces”, y yo prefiero hacerlo. Tiene que ver con la intuición y con permitir que los actores propongan. Se trata de verlos y sentir el ambiente y el set; que todo tenga una integración y te haga sentir algo a cuadro, y ya después te peleas en la edición.


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Admiro a los directores independientes que deciden filmar con aquello que tienen a la mano. Incluso creo que es un gran ejercicio creativo partir del “menos es más”. ¿Cómo fue trabajar entre limitaciones técnicas pero también la libertad por hacer cine independiente?

Hay ventajas, porque te obligan a pensar mucho las cosas. Debo tener muy diseñadas las escenas de efectos visuales. Esas escenas las planeé mucho, luego hacemos tomas únicas porque no tenemos más que dos ropas por si falla una, y te obliga a buscar herramientas y vías sencillas.

Hay una escena en la cual están acuchillando a una chica y sale la sangre brotando, pero no salió como queríamos. Ahí entró la creatividad, que es una cosa adictiva muy rara. Te da mucho rush, te acelera y sientes que no lo lograrás, pero tengo la fortuna de que estoy rodeado de gente muy entrona, que no dejan caer el barco y lo sacan. Gente que se apropia del proyecto. Pueden entenderme y con ellos pongo la confianza al 100.

Resolvemos durante el día, la limitación hace eso, de repente nos sentimos bajoneados, después pensamos, a alguien se le ocurre algo y lo sacamos. Esa suerte la he tenido en varios de mis proyectos, de forma rarísima.

 

¿Cómo percibes la escena actual del cine de terror nacional? ¿Cómo es tu relación con esa audiencia que apoya tu trabajo y el de tus colegas?

La gente que ve horror es muy fiel, pero también son duros si no llenas sus expectativas. Esa escena es muy underground, un circuito que de repente no sale. Creo que el horror de repente es un género poco respetado, no llega a las cúpulas de ciertos lugares de la industria. Al cine de horror de repente lo denostan un poco.  

Pero también existen ejemplos importantes del cine de terror actual y de hace treinta años, que muestran que en el género habemos muchas personas involucradas, para contar nuestra historia ideal.

Hay gente bien informada, que estudia el género y eso se agradece porque te confronta. Es un género que tiene creadores súper comprometidos y un público súper comprometido, eso está padrísimo.

 

Tienes a un espectador que está eligiendo una pelicula y entre los carteles se encuentra Eran brujas. ¿Por qué debería verla?

Lo que me parece interesante de Eran brujas es la combinación de slasher y brujería. Es una propuesta que se aleja de las brujas en los pueblos, y habla de personajes más citadinos. Es interesante ver a una chica que tiene su podcast de terror pero no nada más es el podcast, ella está involucrada con la brujería sin darse cuenta y sin saber por qué, parece que estuviera destinado para ella.

 

Eran brujas (México, 2026). Dirección: Alejandro G. Alegre. Productora: Dinamogeno Films. Fotografía: Alejandro G. Alegre. Produccion: Alejandro G.Alegre, Roberto G. Alegre. Sonido: Emiliano Nava. Elenco: Tania Niebla, Karina Lechuga, Sebastián Ladrón, Micho Camacho, Daniela Porras, Reneé Venencie, José Salof, Blanca Ferreyra, Israel Almanza, Catalina Urrutia.

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