‘Yugen’, de Nayelli Ojeda: una leyenda hecha en barro
19 de octubre, 2026
Por: Carlos Ramón Morales
Hay un pueblo en lo profundo del bosque, que en los últimos tiempos se ha sumergido en un diluvio incesante. En él hay una niña enferma, y su hermana, Yugen, busca curarla. Usa un antiguo fuego azul cada vez más débil; para recuperarlo debe buscar a los Árboles de la Vida, deidades de la región. Yugen debe hacer acopio de valentía para encontrarse con ellos y recuperar la armonía de su entorno.
Yugen, cortometraje de animación de Nayelli Ojeda, cifra en su manufactura las claves de su historia. Realizado con barro Oaxaca y materiales naturales, hace de sus personajes, sus atmósferas y paisajes, territorios de firmeza y fragilidad: en la historia de Yugen se entrelaza la épica con la identidad, el respeto a materiales ajenos al stop motion con el diálogo con la naturaleza.
Yugen recibió el apoyo de FOCINE y después de una exitosa ruta por festivales internacionales (estreno en el Manchester Film Festival, donde recibió el premio a Mejor Cortometraje de Animación; presentaciones en el Seattle International Film Festival de Estados Unidos y en Chilemonos, de Chile), ahora forma parte de la sección Cortometraje de animación del 24° Festival Internacional de Cine de Morelia.
Compartimos la plática que tuvimos con Nayelli sobre la resistencia, la fragilidad y la identidad del barro que cuenta historias.
¿Cómo surgió la historia de Yugen y su universo fantástico?
Mi principal inspiración viene de mi amor por la naturaleza y el arte popular. Crecí en Xochimilco, de niña iba con mis padres al Parque Ecológico, al Ajusco o al bosque de Tláhuac. La familia representa un símbolo importante en mi crecimiento y es la base de Yugen.
¿Por qué decidiste trabajar el stop motion con barro?
El tema de Yugen es la fragilidad. Quería representarla en la materia prima del stop motion; que no fuera sólo un componente estético, sino que tuviera su identidad.
A pesar de ser sólido y fuerte, el barro también es un material frágil. Era importante para mí que la protagonista intente salvar a su hermana, y que al mismo tiempo represente fragilidad, que mi referente estético tuviera identidad con la historia.
Tengo mucho amor por el arte popular, siempre había querido experimentar con el barro de Oaxaca, pero durante mis estudios fue imposible. Al terminar, tomé un taller de barro en el Centro Cultural Diego Rivera, trabajé con maestros alfareros que me enseñaron sus procesos y el manejo del material; también aprendí sobre la creación colectiva, que no dista mucho de lo que hacemos en cine.
Este material fue un descubrimiento hermoso; la animación te permite habitar estos territorios no conocidos y esa libertad es magnífica.
¿Qué desafíos representó contar una historia con figuras de barro?
Cuando creas con algo que no has utilizado nunca, necesitas un tiempo de investigación, de desarrollo, de prototipaje. Eso ocurrió desde 2018 hasta 2020. Con una familia de alfareros especializados en moldes intercambiamos conocimientos. Ellos desarrollaron una mezcla para los ensambles de las marionetas y eso permitió que conservaran un tiempo de vida más largo.
La mayor complejidad técnica fue la fabricación. Durante el rodaje, el material sufre el mismo desgaste que cualquier otra marioneta, hecha con otros materiales. Pero incluso en Polonia, mi asesor me sugirió que hiciera un mejor acabado en cerámica; yo le decía: "hacer eso es perder la esencia del proyecto."
Este proyecto nació hace ocho años y cambió mi mirada creativa. La animación es un mundo libre, solo hay que ser valientes para tomar territorios que no han sido explorados, es algo que puedes lograr de forma divertida con el stop motion.
¿Qué otros materiales utilizaron?
El vestuario es papel bordado a mano, el cabello está hecho de listón, pigmentado con tintes naturales. Experimenté con materiales que pudiera encontrar en México, que fueran parte de nosotros: hoja de maíz y de coco, corteza de nopal, zacate, ixtle, musgo, madera, papel maché; cualquiera que vaya a un tianguis encontrará estos materiales.
Era importante que Yugen se sintiera terrenal, pero usar estos materiales también complica todo, porque al ser orgánicos pasa el tiempo y todo respira y se mueve. En la animación constantemente estamos en lucha con controlar las cosas y fue un desafío hacer un proyecto que entablara una conversación con la naturaleza.
¿Cómo fue el día a día con tu equipo de animación para lograr este cortometraje?
Este proyecto nace de la inocencia porque yo no sabía lo que se me iba a venir. Tuve que convertirme en la persona que ahora soy para sacar adelante Yugen.
Nos rechazaron en varias convocatorias. Pero en Polonia recibió mentoría de artistas con grandes trayectorias en stop motion. Después fuimos a Colombia, al Bogoshort, donde sumamos más aliados. También fui parte de la primera generación de FOCINE Animación, en 2021.
La preproducción se hizo durante la pandemia. El trabajo y la coordinación con los artistas fue de forma remota, en reuniones semanales. Otro desafío es que al inicio no tenía un foro. Se hicieron tres foros distintos. Los primeros dos fueron alianzas con universidades: sus alumnos de los últimos semestres de animación se integraban a la producción y a cambio ellos prestaban sus espacios para realizar el proyecto. Después logré levantar un foro móvil.
Para Yugen hicimos animación híbrida: animáción a uno y animación a dos. La animación a uno significa que cada fotografía representa un movimiento distinto del personaje o de la puesta en escena. La animación a dos hace escenas por cada dos fotografías. Cuando trabajas animación a uno es un trabajo más demandante. En Yugen tenemos 44 segundos en uno y eso representó tres meses de trabajo.
Hacíamos aproximadamente 1.25 segundos al día. Cuando animábamos a dos, hacíamos entre 25 y 30 segundos semanales. Dependia si hacíamos a un personaje o dos personajes, si había un movimiento de cámara manejado por motion control, si teníamos blue screen o green screen. Cada montaje tiene su singularidad y sus necesidades propias, por eso el tiempo es más complejo.
Otro desafío fue que las boquitas de las marionetas tienen unión con la cara y en postproducción teníamos que remover esa unión. Nos tomó casi un año, porque tienes que trabajar con volumen, reflejos, con la iluminación del escenario y es diferente que con otras producciones de stop motion, donde el reemplazo de carita es completo y sencillo.
Lo más complejo de Yugen fue mantener este universo durante tanto tiempo, una animación homogénea, porque fuimos diferentes animadores, entonces necesitas mucha planificación con tu equipo.
¿Qué aprendizajes te deja Yugen y cómo influirá en tus proyectos futuros?
Ahorita estoy enfocada en su distribución a través de festivales, hay conversaciones con distribuidoras europeas especializadas en el recorrido de estos cortometrajes.
Para mí es importante seguir experimentando con el stop motion, romper las reglas en la animación, porque es el conocimiento más puro que creas. Me fascina seguir aprendiendo y rodearme de un equipo del que pueda aprender.
Me gusta muchísimo compartir esto con los equipos que conformo, un crecimiento mutuo con las personas que creamos cine. Ahora estoy totalmente enfocada en Yugen.
¿Qué te significa presentar Yugen en el festival de Morelia?
Es la primera vez que se presenta en México, ya ha tenido un recorrido que inició en marzo de este año: ganamos a Mejor Cortometraje de Animación en el Manchester Film Festival y seguimos en otros festivales como Imaginaria en Italia, Chilemonos y Cine de Lebu en Chile; Stop Motion on Fest en Argentina y este mes también llega a Sitges en España.
Presentar en México es muy importante, porque no solo busco que llegue a festivales de cine, sino que también a cines independientes, cineclubes, museos, comunidades rurales, para que las personas que no tienen los recursos puedan acceder a la cultura; al final es un proyecto que en mayor medida se hizo con recursos federales.
Yugen (México, 2026). Dirección: Nayelli Ojeda. Guión: Danae Hernández y Nayelli Ojeda. Producción: Nayelli Ojeda. Con el apoyo de FOCINE. Cinefotografía: Gerardo Téllez, Efrén del Rosal Toussaint. Sonido: Ana Sofía Vázquez. Música: Karina Rivero. Reparto: Paula Poucel. Dirección de arte: Nayelli Ojeda.