‘Moscas’, de Fernando Eimbcke: la escritura de una historia que viajó la Berlinale 2026
Entrevista con Vanesa Garnica, guionista de Moscas
19 de febrero de 1985
Por Carlos Ramón Morales
El 18 de febrero se estrenó en el Berlinale Palast la quinta película de Fernando Eimbcke, Moscas, que forma parte de la competencia oficial de la edición 76 del Festival Internacional de Cine de Berlín. Se recibió con entusiasmo la historia de Olga, la mujer ensimismada en su rutina, y su accidentado contacto con Cristian, el niño que conmueve sus murallas emocionales.
Moscas es la segunda película en la que Eimbcke la escritora Vanesa Garnica colabora con Fernando Eimbcke -el año pasado ocurrió con Olmo-; ella es una narradora mexicana que ha publicado novelas como La cofradía de las almas perdidas, En un claro de bosque, una casa o Notas para Bunker Hill o el mapa de las pequeñas cosas y que le ha dado un nuevo impulso a la obra del cineasta.
Apenas Moscas volaba a Berlín cuando pudimos charlar sobre su oficio como guionista con Vanesa Garnica. Compartimos lo que nos contó.
Me da la impresión de que Eimbcke se está trasladando a personajes maduros...
Es cierto, aunque Moscas está dividida. Aquí también el niño es un agente activo, con su propio arco dramático. Más interesante es ver cómo Fernando se ha ido abriendo a otras historias, aunque le es fiel a su universo, a esa etapa de la vida en formación. Pero este niño y la siguiente historia en la que estamos trabajando también es con niños. Siempre gravita hacia esos personajes que buscan romper con el mundo adulto.
Has colaborado con Fernando en su anterior película Olmo, y ahora ocurre en Moscas, incluso sabemos que hay un tercer proyecto...
A Fernando lo conozco de toda la vida, desde los 14 años; en la pandemia la relación saltó de lo personal a lo laboral y ha sido muy interesante conocer este aspecto de él, aunque de cierta manera es lo mismo: el trabajo se vuelve una prolongación de la amistad. Nos hemos conocido en los mejores y los peores momentos.
Suelo preguntar cuál es el estilo de dirigir, pero aquí a lo mejor me puedo ir dos momentos antes y preguntarte cómo es el estilo de escritura de Fernando Eimbcke contigo.
Trazamos juntos las grandes líneas de los personajes, no es un trazo completo pero sí decimos: el personaje empieza aquí emocionalmente y va a terminar acá, ¿qué sucesos ayudan a representar eso? Así fue el guion de Olmo. Luego Fernando dice: "Esto sí funciona, esto no por esta razón” y sobre ese análisis tallereamos juntos, “¿y si hiciéramos el ejercicio de esta acción?”, y entonces escribo las escenas por separado, luego él retrabaja, me pelotea y yo retrabajo.
Una vez que tenemos el trazo lo demás es juego y se vuelve divertido, porque entran todo tipo de ocurrencias, se vale decir estupideces y ponerlas en práctica. Y si no cuajan, la que sigue, o hay escenas que nos gustan mucho, pero que vistas en la totalidad del proyecto no tienen sitio y entonces les rendimos honores y las mandamos a la tumba.
Fernando siempre me dice de los personajes: "aviéntales más piedras, no se las facilites, que haya obstáculos, más piedras, más piedras”. Un día llegó a mi casa con un puño de piedras. Dijo: "Ponlas en tu ventana." Es un ejercicio no ponerles todo en charola de plata, porque la vida está llena de obstáculos y nos cuesta una montaña obtener lo que queremos. Ese es el viaje de un personaje.
En la novela haces el ejercicio de la lengua escrita, con sus posibilidades poéticas o reflexivas; la escritura del cine es pragmática. Lo pienso por las piedritas que decías.
No se parece casi nada escribir narrativa a escribir guión. Me facilita en términos mentales, porque después de vivir la experiencia de la narrativa soy rápida para redactar, pero acá pasas de la riqueza del lenguaje literario a instrucciones directas, en su expresión más desnuda y comunicativa posible. Tuve que deshacerme de muchos vicios que son cualidades en lo literario, pero en el guión no hay espacio para la poesía, debes revisar si estás comunicando lo que deseas en acciones.
El literato escribe para un lector ideal; el guionista escribe para un director, un productor, para vestuario, fotografía... ¿No inhibe escribir para un crew?
Yo trabajé como coordinadora de decoración y arte. Ya había leído cualquier cantidad de guiones, estaba familiarizada con qué es relevante y qué no. A Fer le gusta el guión escueto, entonces hay que considerar lo que dice el director. Pero cuando no es para él agrego más de aquello que puede no ser relevante en términos dramáticos, pero que quizás sea útil para el departamento de arte, que también construye el universo. Para mí ha sido importante pasar por el departamento de arte, creo que dice muchísimo del personaje. Una decoradora me dijo alguna vez que sentía que ella terminaba de escribir a los personajes cuando decoraba su habitación. Seguro el director tendrá voz en el asunto, pero está lindo verlo desde ahí. Hay una distinción entre alguien que cuelga un bodegón en la pared y quien cuelga el póster de una muestra cinematográfica, eso te ayuda a saber quién es el personaje.
Me parece interesante cuando se crean equipos creativos como el que tienes ahora con Fernando Eimbcke...
Ha sido una etapa muy productiva y cálida para los dos. Yo le he aprendido un montón y creo que él pudo apoyarse en mí para destrabar cosas. Somos dos cabezas que nos conocemos desde hace tiempo, que compartimos historias en común, referencia en libros y pelis. Pero no sé hasta qué punto también es saludable colaborar con otras personas: nuevos vientos, nuevas visiones del mundo, referencias, alguien que te confronte. Yo no sé hasta qué punto estas alianzas se vuelven confortables a lo largo del tiempo, y ya no sabes juzgar el trabajo del otro, dar la retroalimentación adecuada. Se cae en el riesgo de volverse autocomplacientes, aunque en nuestro caso todavía es pronto. Pero yo le deseo a Fer más guionistas. Es saludable y le podrán dar un levantón.
¿Qué tan importante es que un director colabore con una guionista?
Los directores pierden de vista el potencial que tendrían sus historias si se apoyan en un guionista. Hay directores que escriben maravilloso y qué bien, pero hay películas que en otras manos se vuelve valioso que compartas con alguien que sepa de estructura, que tenga la sensibilidad para obtener el mejor potencial de una historia, que haya un trabajo tridimensional de los personajes. Sería muy útil que buscaran esta colaboración, que funcionara como una caja de resonancia.
¿Y a ti te gustaría colaborar con otros directores, otros estilos?
Me gustaría trabajar con directoras. Hay una generación de mi rodada y de más jóvenes que vienen con todo. Son voces nuevas, otras maneras de ver el mundo. Entiendo que esto de las directoras puede caerle gordo a los directores, cuando hablamos de una visión de género, pero es cierto que existe y me encantaría. Mujeres como Lila Avilés, Natalia Beristain, Isa García Ascot, toda esta camada que ofrecen cosas tan lindas.
¿Cómo imaginas el camino de Moscas?
Siento que desde que nació, Moscas dio su gran alarido. La escogieron en San Sebastián para Work in Progress y ahora va a competencia. Algo se le ve en ese entorno. Por supuesto, mi ideal siempre está por encima de los sellitos en el cartel, que encuentre su camino con el público, y de preferencia con el público mexicano. Tiene ese balance entre lo digerible, el sentido del humor y una profundidad emocional que abreva de una experiencia universal, que es la pérdida de los seres queridos. El niño, Cristian, es un imán en la pantalla, y Teresa Sánchez es ruda por fuera y luego se va transformando en esta dulzura. Yo le auguro grandes cosas. Es muy bonita película, llena de corazón.
¿Te ayuda, a la hora de regresar a la novela, la experiencia como guionista?
Sí, y más allá del uso del lenguaje, ahora buscaría estructuras más sólidas. Por supuesto que me encanta explorar la riqueza inabarcable de la lengua, pero procuraría cargar más acción, bajarle un poquito al paisaje mental. Ahora estoy fascinada con el vuelito que traigo con el guion, tener tanto trabajo me hace feliz. Entonces esperaré, pero sí se me antoja regresar a la narrativa y ver cómo ha cambiado la perspectiva de mi escritura después de esta experiencia.