‘Cosmos’ de Germinal Roux: una amistad que espera a la muerte


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20 de febrero, 2026

 

Por Carlos Ramón Morales

 

Un encuentro improbable y poderoso ocurre en el centro de la película Cosmos, de Germinal Roux. El de León, hombre de campo que sabe leer los secretos de la Naturaleza, y Elena, poeta y catedrática que se encuentra en los últimos momentos de su vida. Entre ambos se crea una comunión de la que se extraen reflexiones importantes sobre la vejez, la muerte y los afectos. Todo esto, en los sugestivos espacios de Yucatán.

Cosmos es un ejercicio filosófico sobre la vida, la muerte y la amistad. Filmada en blanco y negro, también es un logro del vínculo entre las cinematografías suizas y mexicanas. Se ha estrenado a partir del 19 de febrero, en salas del circuito cultural mexicano. Compartimos la charla con su director, Germinal Roux.  

 

¿Cómo surge la historia de León y Elena que propones en Cosmos?

Es un sueño antiguo, de hace muchos años. En 2009 viajé a Yucatán e hice un trabajo fotográfico sobre una comunidad maya. En esta selva magnífica, bajo el cielo inmenso de Yucatán, tuve una revelación: la necesidad de hacer una película que funcionara como una reconciliación, una manera de hacer las paces con mi miedo a la muerte.

Cosmos está cargada de preguntas personales, ligadas a mi vida y a la pérdida de un amigo cercano, cuando tenía veinte años. Esa confrontación con la muerte me dejó angustia y muchas preguntas sobre cómo dar sentido a la vida. Poco a poco, la historia se fue escribiendo con sueños, intuiciones y reflexiones.

 

En Cosmos retratas a dos personajes interesantes: una mujer catedrática, en los últimos momentos de su vida, y un hombre del campo, más cercano a la naturaleza que a la sociedad...

Elena y León son como el yin y el yang: Elena es una mujer rica intelectualmente, pero espiritualmente pobre, con un gran miedo a morir. León, en cambio, es analfabeta pero sensible a la naturaleza, capaz de leer las estrellas y escuchar a los pájaros, alguien que ya entendió el ciclo de la vida y no teme a la muerte. Creo que todos llevamos esas dos partes dentro.

Si somos capaces de escuchar la voz de la naturaleza y contemplar el mundo, quizá encontremos una forma de consuelo cuando llegue nuestra hora de morir.


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Me comentabas que el proyecto tiene una raíz personal y por qué decides filmarlo en Yucatán. Pero una cosa es inspirarse en un lugar y otra es levantar ahí una producción. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar en el estado? ¿Qué implicó, en términos prácticos y creativos, producir la película en esa región?

Esta película es la primera que nace de los acuerdos de coproducción entre Suiza y México. Hace unos años se establecieron convenios para que cineastas suizos pudieran filmar en México y cineastas mexicanos en Suiza. Cosmos se benefició de esos acuerdos y fue el momento perfecto para retomar una idea que yo tenía desde hacía tiempo. Gracias a Sandino, nuestro productor en México, y a la participación de Francia, logramos una coproducción entre tres países, con el apoyo adicional del departamento de cultura de Yucatán.

Ese respaldo nos permitió desplazarnos, investigar y hacer scouting. Durante más de cuatro años recorrí Yucatán buscando cada locación: la iglesia, la hacienda de Elena, los caminos, los paisajes. El proceso fue parte de la escritura de la película. La experiencia fue formidable: recibimos una gran bienvenida, aunque el rodaje fue difícil por razones logísticas, emocionales y hasta meteorológicas.

Al final, lo más luminoso fue el encuentro con Andrés Katzin, un actor no profesional que se convirtió en el corazón de la película, junto con Ángela Molina. Andrés nos guió con su presencia y sensibilidad, y fue la verdadera luz de esta historia.

 

Me llama la atención la decisión de filmar en blanco y negro. Hoy, cuando el color está al alcance y además en Yucatán, un lugar visualmente tan potente, optar por el blanco y negro parece una postura muy consciente. ¿Por qué tomar esa decisión?

No fue una decisión tomada para esta película, es algo que definí desde adolescente, cuando empecé a hacer fotografía. Toda mi vida he trabajado así, y todas mis películas han sido en blanco y negro. Para mí, es como mi idioma: no sabría hacer cine a color. Incluso la escritura de mis guiones está pensada desde esa lógica, con reflexiones sobre sombras y luces, sobre oposiciones como interior/exterior, grande/pequeño, cercano/lejos.

El blanco y negro corresponde mejor a las historias que quiero contar. No es solo una elección estética, aunque me atrae su belleza, sino una decisión filosófica. Muchas veces digo que el blanco y negro es una imagen incompleta, que necesita la mirada del espectador para terminarse. Esa idea guía mi trabajo: hacer películas lentas, con espacio, para que el público pueda entrar con su propia experiencia y completar la obra, convirtiéndose en coautor de la película.

 

Cosmos (México, Suiza, Francia, 2024). Dirección: Germinal Roaux. Guión: Germinal Roaux. Producción: Joëlle Bertossa, Flavia Zanon, Sandino Saravia Vinay, Patrick Sibourd. Fotografía: Inti Briones, Germinal Roaux. Edición: Damian Plandolit, Jacques Comets. Sonido: Ivan Dumas, Raphaël Sohier, Denis Sechaud. Reparto: Ángela Molina, Andrés Catzín, Erandeni Durán, Ilse Morfín, Marco Treviño, Rodolfo Guerrero, Juan de Dios Rat, Martiniano Catzín Baas. Hablada en maya y español.

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