'Mi no lugar', de Isis Ahumada Monroy: los adolescentes migrantes de Colima
26 de febrero, 2026
Por Carlos Ramón Morales
Las migraciones laborales no solamente son transnacionales; también al interior de México se suceden flujos de personas que van, de estado en estado, en busca de oportunidades de trabajo. Esto ocurre, por ejemplo, con las comunidades nahuas de Guerrero, que viajan a Colima,para trabajar en su ingenio azucarero.
Isis Ahumada reconoció estos flujos migratorios en la secundaria donde daba clases. De pronto algunos de sus alumnos se ausentaban, y entendió que ocurría porque estaban de paso, porque debían cumplir con jornadas laborales, o colaborar en actividades de los albergues donde vivían.
La población de Quesería y sus albergues se convirtieron en un no-lugar (espacios de tránsito, intercambiables, donde las personas permanecen anónimas, describe Marc Augé) donde transcurre la vida migrante. Uno de ellos es Jonathan Damián: muchacho recio, de mirada penetrante, cuya adolescencia transcurre entre la zafra, una escuela secundaria que lo incomoda, amigos, y un albergue que le ofrece cobijo.
Mi no lugar, de Isis Ahumada Monroy, explora estas vidas transitorias de las comunidades nahuas, a partir de la experiencia de Jonathan. Documental sobre carencias y plenitudes, sobre la precariedad económica y la vitalidad desbordada. Una historia sobre ser migrante, ser adolescente y ser Jonathan: fincar una identidad en un territorio de anónimos.
Mi no lugar cuenta con el estímulo del ECAMC y ha sido parte de la Sección de Documental Mexicano del Festival Internacional de Cine de Morelia 2022. Ha tenido una nutrida carrera por festivales, como el Scoprir Mostra de Cinema Iberoamericano, el Vancouver Latin American Film, Ambulante, Doqumenta o Zanate.
Su estreno comercial será a partir del 26 de febrero de 2026, en salas del circuito cultural mexicano. Además, tendrá una ruta de distribución, a cargo de Chulada Films, que busca acercar la historia de Jonathan a escuelas secundarias de las regiones cañeras del país. “Ahí donde la realidad de la película existe todos los días”, precisa la directora.
Isis Ahumada Monroy comparte su experiencia sobre la creación de esta historia.
¿Cómo inicia la idea de hacer esta película sobre migraciones infantiles?
El acercamiento fue desde la comunidad migrante que se alberga en Colima, ahí empezó mi interés en conocerlos. Cuando empecé a dar clases en la secundaria, muchos de mis alumnos y alumnas desaparecían del salón de clases y de la comunidad, porque regresaban a su tierra de origen. Así empiezo a tener este vínculo con la comunidad nahua, es cuando empiezo a investigar qué está sucediendo en estos albergues.
Hay familias que migran para trabajar temporalmente en la zafra, es casi una tradición. Tienen una historia de vida dispersa por diferentes lugares, no sólo de Colima, sino de Nayarit o Michoacán, y la temporalidad del trabajo marca sus trayectos.
Jonathan es un adolescente muy atractivo, con mucha personalidad en cuadro, ¿cómo lo elegiste a él y cómo trabajaron en el documental?
Jonathan era el personaje ideal para contar esta historia, porque acababa de llegar a Colima. Su personalidad me gustaba, porque no quería llevar la película hacia la victimización, más bien hacia alguien que toma decisiones en circunstancias complejas. Además de tener esta personalidad tan reacia, estaba en pleno cambio de ser un niño a un adolescente; también nos atrapó mucho que estaba formando su grupo de amigos, su pandilla, con esta complicidad que tienen, esa libertad que se permitían de todo tipo de actividades.
La intención era llevar el documental hacia donde él nos guiaba, fue mucha labor de ganarnos su confianza, seguirlo con la cámara, registrar a sus amigos que se volvían una familia y que todo el tiempo estaban haciendo travesuras.
Por extensión, es interesante el registro que haces de su pandilla, que de alguna manera ya habías registrado en el cortometraje Tecuani, hombre jaguar. ¿Cómo fue trabajar con este grupo de niños?
Éramos un equipo de producción muy pequeño, 70% del rodaje solamente lo hicimos Nelson Aldape y yo, además del equipo de sonido; eso nos permitía seguirles el paso, correr con ellos, ir al río, trepar árboles, convertirnos en parte de sus aventuras. En mi caso debía quitarme mi rol de maestra, porque así conocí a Jonathan y a muchos niños que salen en la película; nos llevó un tiempo romper esta imagen y hacerlos amigos de la cámara.
Hicimos talleres de fotografía y video con ellos. Les prestamos nuestras herramientas para que ellos las exploraran, que pudieran ver a través del lente y les explicamos su funcionamiento. Les llamaba mucho la atención el sonido, cómo se escuchaba el boom. Era compartirles parte de nuestro mundo, para que ellos compartieran con mayor libertad y confianza el suyo.
A Jonathan le gustaba que le hiciéramos entrevistas junto con los otros niños, con sus hermanos, con su mamá, y después de un tiempo le mostramos los materiales que ya habíamos estado trabajando, para que entendiera qué estábamos haciendo. Fue un proceso de ir compartiendo.
¿Qué tanto crees que este grupo de niños fueron tocados por la experiencia cinematográfica?
No sólo influyó en la vida de Jonathan y sus amigos, también del albergue, donde transcurre todo. Sobre todo influyó en la manera de percibir a la comunidad migrante en Quesería. Un día de rodaje seguíamos al grupo, íbamos por las calles del pueblo, y unas señoras nos dijeron que estaban muy contentas de ver a los niños activos, animados, haciendo cosas.
Exhibíamos películas, cortometrajes, un grupo de fotógrafas de Colima dieron talleres. Creo que los niños se sintieron acompañados, y el hecho de que, por ejemplo, los maestros de la secundaria tuvieran la revelación ante la situación que están viviendo sus alumnos, los dotó de otra forma de ver a esta comunidad migrante.
Por ejemplo, cuando Tecuani: hombre jaguar se exhibió en Colima y empezó a tener reconocimientos, lo compartimos con los niños que participaron. Ahí quedó una pequeña huella y afortunadamente se han seguido haciendo proyectos culturales en los albergues. También tuvimos cercanía con el ingenio azucarero, nos pidieron Tecuani para exhibirlo dentro de sus instalaciones y que los trabajadores conocieran esta historia. Hemos visto cambios que nos han llenado de mucha alegría.
Tu locación principal es este albergue al que le llamas el no-lugar. ¿Qué tan difícil fue trabajar en este espacio?
Tuvimos un acercamiento con la institución que se encarga de regular estos albergues. Se llama Beta San Miguel y es un proyecto a nivel nacional, el brazo de responsabilidad social del ingenio azucarero. Había preocupación sobre de qué iba el proyecto, pero con la cercanía y el respaldo de la escuela donde daba clases, hubo la confianza de permitirnos ingresar. Nuestras visitas fueron tan constantes que después éramos parte del albergue. Como éste hay una decena de albergues más, incluso más grandes. Éste se llama Albergue Zedillo, habitan alrededor de veinte familias, en el resto estamos hablando de cincuenta y hasta cien familias.
¿Jonathan y su familia ya vieron Mi no lugar?
La situación familiar ha cambiado mucho, el papá de Jonathan tuvo que emigrar a Estados Unidos, y Jonathan está pasando por una situación complicada de salud, pero creo que verla ahora sería muy importante para ellos, pues también significó mucho en sus vidas.
La mamá de Jonathan siempre ha sido muy sensible y tenía mucha preocupación de que termináramos la película, siempre nos preguntaba cuándo va a salir, entonces para ellos ha sido de mucha alegría ver que terminamos el proyecto. También les significa cierta nostalgia, como el hecho de que Jonathan no haya terminado la escuela, eso siempre termina moviendo. Ahora, por ejemplo, su hermano está cursando la secundaria abierta y su hermana sigue en la primaria; eso lo motiva a lo que él no pudo hacer, ver que sus hermanos lo pueden lograr.
Mi no lugar (México, 2022) Dirección: Isis Ahumada Monroy. Guión: Isis Ahumada Monroy. Producción: Chulada Films. Fotografía: Iván Salcedo. Edición: Carlos Cardenas. Sonido: José Reyes. Diseño sonoro: Teo Vásquez Turner.