‘1974’, de José Esteban Pavlovich: la mujer que quiere llenar una alberca.


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18 de abril, 2026

 

Por Carlos Ramón Morales

 

Aurelia regresa al hotel donde vivió momentos felices. Medio siglo después, el hotel y la mujer coinciden en la soledad y la melancolía. Pero Aurelia quiere recobrar su pasado. Por eso, su idea estrafalaria de ver llena la alberca. Pero es temporada baja y qué locura complacerla. Aurelia espera a que se cumpla su deseo, como si así pudiera recuperar lo que perdió en ese espacio.

Desde la frase de Raymond Chandler, “no hay nada más vacío que una alberca vacía”, José Esteban Pavlovich (Una mano bajo la nieve, 2022) crea un mediometraje poblado de fantasmas, 1974 remite al clásico Sunset Boulevard de Billy Wilder, pero acaso también esté por ahí la mujer obcecada con representar su vida en “Un sueño realizado” del uruguayo Onetti. Con una Rosa María Bianchi en plenitud de su arte, 1974 parece recordar que las soledades más dignas son las que están pobladas de fantasmas.

1974 se presenta en la sección Cortometraje Iberoamericano de la 41 edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara y cuenta con el apoyo de FOCINE. Platicamos con José Esteban Pavlovich sobre este ejercicio de llenar albercas de soledad, de fantasmas o de cine.

 

¿Cómo empiezas a imaginarte la historia de Aurelia, y su regreso a este hotel?

Entre Navidad y Año Nuevo me dio covid y me aislé. Estaba en un cuarto de la casa de mi abuela y desde el balcón veía la alberca vacía. Recordaba la frase de Raymond Chandler: "No hay nada más vacío que una alberca vacía", que me pareció llena de sugerencias. Escribí el cortometraje de un tirón y la siguiente Navidad, que me volvió a dar Covid, reescribí la historia. Nace de dos momentos de soledad y reflexión. Por eso tiene esa atmósfera, quizá son estos temas que traigo cargando desde siempre. 

 

Desde tu corto anterior, Una mano bajo la nieve, destaca tu apuesta por contar una buena historia, que alude más al cine clásico que a la experimentación. La consigna suena sencilla, la ejecución es compleja. Cuéntame sobre esta decisión.

El cine clásico ha estado muy presente en mi vida, me fascina. Siempre he tenido clara esta parte, la referencia más obvia sería Sunset Boulevard, de Billy Wilder, pero también los melodramas de Douglas Sirk, o 3 mujeres de Robert Altman. Pero no estoy diciendo que el cine solo sea historia, yo intento siempre un híbrido, una narrativa pero sin olvidar el aspecto cinematográfico, la imagen y el sonido, la atmósfera, esa presencia del cine en su especificidad.

Pero sí, me interesan los personajes. Y en este caso me fascinaba entender a Aurelia, por qué es como es. Además, el nombre de Aurelia me fascina fonéticamente, viene de la Aurelia de Nerval. Me fascinaba este personaje y quería entenderlo desde muchas aristas. 

 

Rosa María Bianchi tiene una carrera reconocida en cine, televisión, teatro, y aquí le estás dando un gran papel. ¿Cómo trabajaste con ella para crear a Aurelia?

 En Una mano bajo la  nieve trabajé con un actor no profesional, Miguel Pereyda; para este nuevo proyecto necesitaba de una actriz de cierto calibre, como lo es Rosa María Bianchi.

Encontré a una persona sumamente interesante, no una estrella o una diva, sino una actriz mayúscula. Me sorprende la juventud que tiene, esa hambre de seguir creciendo como artista, de seguir respirando teatro y cine.

Ensayamos una semana completa y platicamos mucho, probamos cosas muy sensoriales para imaginar al personaje. Rosa María viene de una tradición del teatro y del trabajo de mesa, pero también de la improvisación. Hace una gran actuación, tiene una espuma de emociones, un margen muy amplio de registros: en un solo plano va de una emoción a otra, eso es bien difícil en la actuación.

 

En Una mano bajo la nieve llevabas a tus personajes del mar al bosque y la nieve, ahora tienes un hotel soleado que se mueve hacia lo nublado y la lluvia. Este hotel es un espacio enigmático, un no-lugar, diría Marc Auge.  

Es un personaje. Me fascinan las historias que pasan en los hoteles. Al igual que la alberca funciona como metáfora, como un espacio liminal donde  confluyen memoria y sueños y otros fantasmas. Si en mi cortometraje pasado había explorado mucho los exteriores, aquí me interesaba explorar los interiores.

Mi locación es un hotel icónico de Guaymas, se construyó en los años treinta y por él pasaron estrellas de cine como Liza Minelli, Gene Hackman, John Wayne, María Félix. Yo lo conozco desde niño. Para el corto me quedé en él ocho días con el fotógrafo José Daniel Zúñiga; después nos internamos en el rodaje todo el equipo. 


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La fotografía es como una pintura prerrafaelita, pensaba en la Ophelia de John Everett Millais, esta mujer lánguida rodeadas de flores en un estanque. Y sobre el sonido hay una escena sobresaliente, cuando Aurelia reclama que no le han llenado la alberca, pero no lo oímos porque la cubre el ruido de la tormenta que se avecina.

Quería preguntarte por el trabajo que hicieron el fotógrafo José Daniel Zúñiga y los de sonido, David Muñoz en sonido directo y la mezcla de Armando Gudiño.

Con José Daniel Zúñiga trabajo desde hace muchos años, Una mano bajo la nieve la hicimos juntos. Tiene un gran ojo, es sumamente talentoso. Estuvimos en el hotel y le expliqué cómo lo quería contar, a propuesta de él usamos una cámara de formato medio que le da esta cosa épica a la historia, además de que usó unos lentes japoneses antiguos.

Estudiamos mucho a un pintor danés, Vilhelm Hammershøi, me fascinan sus cuadros con una luz muy nórdica, al contrario de nuestro sol sonorense. Su luz es etérea, pero muy corpórea a la vez. Siempre pintaba mujeres de espaldas y así jugamos con los encuadres, eso envuelve a la actriz en el misterio, no conoces su interio, tratas de entenderlo pero no llegas a penetrarlo. 

El sonido es de las cosas que más disfruto. El rodaje es interesante, una aventura, pero algo masoquista; donde más disfruto es en los momentos de soledad con el editor Carlos Cepeda y también al diseñar el sonido. Con Armando Gudiño nos clavamos en cómo el sonido puede revelar cosas que la imagen no está diciendo. La escena que mencionas estaba compuesta desde el guión, no quería oír lo que decían, quería que el contexto de la tormenta expresara el interior de de Aurelia, ponerla en una pecera.

 

Es una historia de treinta minutos, pero da la sensación de que se expande. ¿Cómo hacer una historia de treinta minutos, darle oxígeno y que sea tan amplia que parezca un largometraje de 90 minutos?

Los cortos a mí siempre me salen demasiado largos. Mis guiones son cortos, el de 1974 tiene unas veinte páginas pero se expande por mi modo de respiración, que me gusta ver las cosas en su esplendor. Es un cortometraje que viéndolo a posteriori descubrí que también trata de la espera, en un sentido muy amplio de la palabra; entonces acumula tiempo, gestos, eventos. Sin esa acumulación no podría expresar lo que quiero. Para mí, el mediometraje me ayuda a conocer a un personaje, estar con él, verlo desde más ángulos que podía dar un cortometraje de quince minutos. 

 

¿Qué tal presentar 1974 en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara?

Es emocionante que por fin pueda salir a la luz; tengo procesos lentos porque me gusta dejar respirar a los proyectos. Entonces libera mostrarlo y ver cómo responde la gente. En especial, Guadalajara es una de las grandes plataformas del cine latinoamericano; espero que se vayan agregando otros y 1974 tenga una larga vida de exhibición. 

 

1974 (México, 2026). Dirección: José Esteban Pavlovich. Guion: José Esteban Pavlovich. Producción: José Esteban Pavlovich, Oliver Rendón y Octavio Llano.  Compañías productoras: Julian Film, Trikon, DVL Film House, con el apoyo de FOCINE-IMCINE. Cinefotografía: José Daniel Zúñiga. Edición: Carlos Cepeda. Diseño sonoro: Armando Gudiño. Diseño de producción: Ángela Leyton. Reparto: Rosa María Bianchi.

 

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