‘Nuestro cuerpo es una estrella que se expande’, de Semillite Hernández Velasco y Tania Hernández Velasco: las confidencias de les hermanes


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18 de abril, 2026

 

Por Carlos Ramón Morales

 

Dos hermanes se revisan cicatrices y tersuras. A Tania le incomoda su color de piel. Semillite está viviendo su transición de género. ¿Sus historias duelen? Sin duda. Pero  también pueden bromearlas. Platicarlas entre dibujos y bailes. Refugiarse en confidencias: lo que sienten, lo que imaginan, sea sublime o disparatado. Les hermanes reconocen sus cuerpo y desde ellos reconocen la posibilidad de integrarse a las energías colectivas. “Mi historia no termina donde termina mi piel, sino donde empieza el abrazo con mi gente”, reconoce Tania mientras crea refugios de complicidad con Semillite.

Nuestro cuerpo es una estrella que se expande podría ser un documental, pero también se propone como el autorretrato compartido de ilustradore y cineasta, un hombre trans y una mujer racializada. Sobre todo: dos hermanes que caminan por salares, que descubren fósiles, que dibujan sus vidas,  que juegan al baile y a un erotismo que tiene más de reconocimiento que de sexualidad.

Nuestro cuerpo es una estrella que se expande, poderoso ejercicio fílmico queer de Semillite Hernández Velasco y Tania Hernández Velasco, cuenta con el apoyo de FOCINE y forma parte de la selección oficial del Premio Maguey y del Premio Mezcal del 41 Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Entrevistamos a sus creadores: cineastas, dibujantes, entusiastas de la ternura radical, pero sobre todo hermanes. Hermanes cómplices que fantasean.

 

Ustedes son dos hermanes que tienen una convivencia de toda la vida, pero en algún momento deciden hacer juntes un documental, ¿Cómo llegó ese momento?

Tania Hernández Velasco (THV): Yo estaba terminando Titixe y tras el reencuentro con mi familia campesina de Guadalupe Victoria empecé a preguntarme por qué había rechazado mi cuerpo en mi infancia, pensé en hacer un proceso cinematográfico para contestarme. Mi primer interlocutor fue Semi, quien aún no había hecho el grueso de su transición de género; con él abrimos su cajita del género. Y así se delineó nuestra relación creativa: Semi me pidió que yo estuviera delante de cámara, y yo, a su vez, le invité a estar detrás de la cámara. 

 

En Semillite el tema central es la transición de género, pero hay otro nivel de esta transición: pasas de ilustradore a cineasta; ¿cómo aceptas la propuesta de Tania?

Semillite Hernández Velasco (SHV): Siempre he admirado a Tan como cineasta, pero también como persona. Esos valores se reflejan en nuestra vida personal, pero también en el arte que hacemos.

Lo que yo hacía como ilustrador y dibujante tenía que ver con el autorretrato. La película tiene mucho de estos autorretratos individuales, pero también es un autorretrato colectivo, un cuerpo donde ambos somos parte de ese cuerpo.

Ese ejercicio ya existía en nuestra vida real y el desafío fue plasmarlo en arte con estas dos prácticas, yo desde las artes visuales y Tan desde el cine documental.

La apuesta de Tan era estar en la misma línea creativa. Confié en su visión y fue más fácil abrirme. Las personas trans a veces participamos en documentales donde nos retratan, pero según quién y cómo nos retrata cambia la perspectiva del proyecto. Importa tener confianza, saber que te van a escuchar y que tu representación será como tú quieres ser viste. 

 

La persona trans es un ancla para hablar de la identidad, de ahí se dispara a la raza, el color de piel, el territorio... la transición se expande a otras áreas.

THV: La película busca diluir las cajitas identitarias que hemos heredado de las narrativas oficiales. Esta idea del borrado de raíces evita que escarbemos y tracemos caminos de autodescubrimiento que son colectivos.

La gran enseñanza que me ha regalado Semi tiene que ver con la idea de la transformación: siempre nos estamos formando y siempre podemos renombrarnos; eso va más allá del género y las preferencias sexuales; tiene que ver con cómo te narras y con lo que aspiras a ser en el mundo. La idea de esta película es mostrar que las transiciones son posibles todo el tiempo, que es poderoso delinearlas desde la imaginación y la responsabilidad colectiva y hacia el territorio.


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¿Cómo fue el reto de Semi de hacer la transición desde la ilustración (que de hecho, varias de sus ilustraciones son parte de la película) a la película?

SHV: La película tiene juegos y partes humorísticas, algo que yo uso en mi práctica personal. Fue una invitación para abordar estos temas, que a veces pueden ser pesados, o tratados con cierto morbo, al querer averiguar sobre las heridas de nuestros cuerpos. La animación te permite abrir la puerta a la imaginación, renombrar historias, futuros y pasados. El dibujo es una herramienta que apoya la narración de la película y esa parte del juego que para nosotros es importante.

 

En esta película sorprenden dos colaboradoras en la fotografía: Elena Pardo, máster del cine experimental en México, y Sandra Luz Barroso, que ha hecho documentales importantes. ¿Cómo fue su incorporación? 

THV: Ambas son nuestras amigas y con ellas nos sentimos seguras; colaboraron desde la ternura, la amorosidad y el cuidado hacia nuestra vulnerabilidad.

Sandra Luz es una gran documentalista y cinefotógrafa, mi principal aliada para soltar y confiar en sus ojos y su ternura. 

Y con Elena resuena la idea del juego. Ella viene del cine experimental, de hacer cine desde la ligereza y pasarla bien con amigues. Su energía transformaba el lugar en un espacio de experimentación y de juego,  con elementos visuales potentísimos.

 

Con el antecedente de Titixe, yo imaginaba que en Nuestros cuerpos... encontraría a Puebla y aquellos territorios que ya conocía de Tania. Y están, pero también sorprende ver las salinas y la cantera, que expanden tu universo fílmico. ¿Cómo fue el trabajo allí?

THV: La peli explora la idea del cuerpo-territorio. Nuestros cuerpos reflejan las preguntas y las violencias que atraviesan el territorio que habitamos. Para nosotres era importante agregar un elemento pulsante de estos territorios: el extractivismo.

Tanto la cantera como el salar son lugares atravesados por procesos extractivos. La cantera está en Tepeji de Rodríguez, cerca de Guadalupe Victoria, un espacio al que íbamos de niñas, pasábamos por ahí y veíamos los fósiles. Para nosotres, que no tenemos información de quiénes fueron nuestros ancestros, estos fósiles se vuelven un álbum familiar especulativo, un linaje al que pertenecemos: el linaje reptil, el linaje pez, entablamos un parentesco con ellos y nos acompaña en este territorio.

Y el salar era importante  porque la peli tiene elementos rituales que Semi y yo inventamos como formas de sanación. Queríamos enfrentarnos al color blanco, un lugar contrastante con nuestro color de piel. Pensamos en la sal como este elemento que corroe pero que también conserva, un elemento transformador del universo. Fuimos a este salar para invocar diferentes tonos de blanco, esperando llegar a un momento de transformación de lo que el blanco significa para nosotres.

 

Esta película puede tratarse de la identidad trans y del color de piel, pero sobre todo es una historia de dos hermanes platicándose el mundo: hay confidencias, imaginan lo que dibuja Semillite, hay manifiestos radicales. Son hermanes imaginando. ¿Cómo conseguir esta naturalidad frente a la cámara?

SHV: Yo no hubiera logrado mi transición de género sin Tania, y no solo mi transición de género, sino existir como tal. Eso es la película, que nos necesitamos y que necesitamos comunidad, estar unos con otros, eso es el amor y la ternura radical que puede generar cambios. 

Y también nos inspira el amor de nuestra familia, eso nos ha abierto puertas como hacer cine. Al ver esos cambios en nuestra vida, queremos generar esos cambios en otras personas. Hay esa apuesta de que si hacemos esto, alguien más podría abrirse a otras personas y usar la ternura radical para el cambio social. Queremos apostar hacia un cambio social más grande del que hay entre nosotros.

THV: La dirección puede ser un lugar solitario, lleno de presiones que se diluyen a través de la colaboración, y más con alguien que amas y te ama y te cuida. Hay miradas compartidas, entablamos un espejeo cercano e íntimo, y me hace entender que mi historia no termina donde termina mi piel, sino donde empieza el abrazo con mi gente. Por eso, la película, que al principio se llamaba “Mi cuerpo es una estrella que se expande” antes de terminarla la cambiamos a Nuestro cuerpo es una estrella que se expande. 

Es esperanzador pensar que la voz propia es una voz colectiva. Eso me define a partir de ahora, me quiero pensar más como nosotres.

 

Nuestro cuerpo es una estrella que se expande (México, 2026). Dirección: Semillite Hernández Velasco y Tania Hernández Velasco. Guion: Semillite Hernández Velasco y Tania Hernández Velasco. Producción: Tania Hernández Velasco y Viana González, en coproducción con Estudios Churubusco y apoyo de FOCINE-IMCINE. Animación, ilustración y vestuario: Semillites Hernández Velasco. Cinefotografía digital: Sandra Luz López Barroso, Tania Hernández Velasco. Cinefotografía análoga: Elena Pardo. Edición: Diana Toucedo, Tania Hernández Velasco. Diseño sonoro: María Alejandra Rojas, Nayuribe Montero Jiménez. Música: Fernando Vigueras (en colaboración con Aura Arreola). Coreografía: Aura Arreola. Corrección de color: Isis Puente. Participan: Miguel G. Hernández Enciso, Yolanda Velasco Juárez, Concepción Velasco Zárate, María Velasco Juárez, Hilda Velasco Juárez.

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