‘Lo que nos van dejando’, de Issa García-Ascot: confrontaciones en la selva
20 de abril, 2026
Por Carlos Ramón Morales
A Sara le piden que recupere un archivo perdido en una estación científica enclavada en plena selva. Hasta entonces, su vida ha sido de fiesta nocturna, música, evasión. En la selva hay humedad, presencias que merodean tras la vegetación espesa, el ulular espantoso de los búhos. Pero también hay chicas que juegan al futbol y ríos con corrientes transparentes. La selva sumerge a Sara en sus pensamientos. Y la confronta: el horror no se encuentra afuera. El horror está en los recuerdos. Lo que nos van dejando engaña con amenazas externas, cuando el verdadero peligro está adentro.
Lo que nos van dejando, película de Issa García-Ascot, funciona como un thriller psicológico en el que la amenaza se encuentra en la introspección y las revelaciones dolorosas. Natalia Solián está al frente de esta tensa historia. Sus murmullos, sus titubeos, dotan al relato de una enorme tensión.
Lo que nos van dejando cuenta con el apoyo de EFICINE Producción, y participa en las secciones Premio Maguey y Premio Mezcal de la edición 41 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara.
Compartimos la charla que tuvimos con Issa García-Ascot a propósito de Lo que nos van dejando.
¿Cómo surge esta historia?
Lo que nos van dejando surge de la necesidad de hablar desde la reconexión con el trauma, y también del contacto con la naturaleza y lo importante que es para nuestra nuestra existencia. Del abuso a las mujeres y de la relación entre las mujeres; cómo eso te ayuda a sanar y a reencontrarte.
Lo que nos van dejando me lleva por distintos territorios: una mujer de ciudad que va selva y se relaciona con los habitantes de la comunidad. Hay misterio, a veces linda con el horror, se presiente algo amenazante. También hay elementos queer. Muchas formas de encarar la historia de Sara, hasta llegar a un final que le da otro sentido al viaje.
Hay muchos tipos de películas donde el espectador conoce lo que está pasando y el personaje no. Y la apuesta siempre fue que nosotros descubrimos las cosas con Sara. La pregunta era, ¿qué sentido tiene saber de qué se trata antes? Porque le robaría el sentido a cómo se manifiesta el trauma y cómo crea piezas que generan una imagen que resulta reconocible. Entonces la apuesta fue dejar que esas piezas no tuvieran sentido hasta el final. Queríamos que el espectador navegara por todos estos sitios como ella.
Natalia Solián carga con la película; mantiene un registro amplio, la puedo ver divertida al principio de la historia, hasta momentos de incertidumbre o autodestrucción. ¿Cómo trabajaste con ella?
Hay una larga historia donde los personajes femeninos pasaron de ser decoración a ser estos personajes más complejos. Lo que hicimos con Natalia fue navegar con mucha honestidad, la una con la otra, por un montón de experiencias de vida y de relaciones, de emociones, de dolores, de huecos, y en poco tiempo tener una intimidad brutal; eso le dio la dimensión a Sara. Hay muchos elementos míos, y Natalia le dio toda otra dimensión con sus aportaciones.
Fue despojarnos de cosas y atrevernos a ser vulnerables y honestas, más que una creación de un personaje ajeno.
Tienes en Ernesto Pardo a un cinefotógrafo de lujo, lo conocemos sobre todo por documentales, es una sorpresa verlo en ficción. ¿Cómo fue la relación con él?
No hubiera sido fácil trabajar con un fotógrafo que no le resulte cómoda la selva, la naturaleza, las condiciones en las que se iba a hacer el rodaje. La película tiene tantos elementos de fantasía, a veces parece terror o misterio, y pensábamos que una aproximación documental podía darle mucha vida, para no que no fuera excesivamente estética o de ficción. El tratamiento del documental podía aterrizar todos estos elementos para que se sintieran más naturales.
Con Ernesto tuvimos mucho tiempo, nos preparamos mucho, visitamos el lugar reconocimos la selva; eso nos ayudó a retratar y a estar cómodos.
Me pareció muy bueno el ejercicio de la música y el sonido, tareas del compositor Esteban Aldrete y el sonidista Jaime Baksht. Hay percusiones, zumbidos, sonido industriales, vibraciones, juegos sonoros que envuelven a Sara y colaboran con la tensión.
El trabajo de sonido es de muchas personas. Jaime es el responsable de la mezcla, junto con Michelle Couttolenc. Los responsables del diseño sonoro son Zulu González y Pablo Betancourt, y el compositor es Esteban Aldrete.
Esa tensión de las percusiones y los zumbidos es trabajo de Esteban. Yo tenía idea de meter muchos guitarrazos, una música que manifestara la intensidad y la confusión de Sara. Quería apoyarme con los sonidos de la selva. Esteban fue con nosotros a la selva en uno de los scoutings y descubrió que el ruido tenía que venir de Sara: su sonido es más ruido de ciudad.
Juan Campechano, el actor que hace a Joel, también es músico en el grupo Mono Blanco, y con él Esteban compuso todos los momentos; luego Juan interpretó y el resultado es increíble. El trabajo con Esteban fue eso, contarle lo que quería y que él tomar decisiones, que me parecen superacertadas.
¿Qué me puedes contar de la locación de la selva, en los Tuxtla, Veracruz?
Filmamos por Catemaco en la comunidad de Dos Amates; otras partes en La Palma, y casi todo en la Estación de Biología Tropical Los Tuxlas, una estación de la UNAM.
Nos protegió mucho la gente de la estación. Es gente local que lleva toda su vida ahí y nos decía por dónde había que caminar, qué había que agarrar y qué no, porque al final los Tuxlas es una selva que tiene serpientes, árboles con espinas, etcétera.
La selva es un lugar extremo y a mí me gustaba para la película, porque es un lugar que no puedes ignorar, al que no vas a pasar el rato. Es un lugar que se impone. Nunca está en silencio, hay humedad, no lo puedes ignorar. Y pareciera que fue un rodaje difícil, pero la gente de producción planeó muy bien, estábamos muy bien cuidados y nos pudimos adaptar; no fue tan difícil como parece.
¿Qué te parece presentar Los que nos van dejando en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara?
Me encanta que se estrene en México y que su primer público sea de un festival de México. Estoy muy emocionada, porque trabajas mucho en tu cabeza, todo el tiempo es tomar decisiones e ideas que tienes que resolver, y ahora viene la otra parte: enseñarlo, que la gente la vea, que te comente lo que entendió, lo que les gustó, lo que no. Al final cumples el cometido de conectar con la gente. Y da miedo, pero también da mucha emoción.
Es una película muy bella visualmente, está filmada en un lugar hermoso de México. Es una historia que al final te deja con esperanza, te muestra que incluso de lo peor que te pase en la vida también te puedes liberar; está hecha con mucho amor y con gente que tiene mucho talento. Es una película con la que uno se puede identificar y que puede remover cosas.
Lo que nos van dejando (México, 2026). Dirección y guion: Issa García-Ascot. Producción: Yibrán Asuad, Issa García Ascot, Karla Hernández Nassar, Franco Bautista. Casa productora: Cortes finos, con el apoyo de EFICINE Producción-IMCINE. Cinefotografía: Ernesto Pardo. Música: Esteban Aldrete. Sonido: Axel Muñoz. Diseño sonoro: Zulu González, Pablo Betancourt. Mezcla de sonido: Michellee Couttolenc, Jaime Baksht. Diseño de producción: Selva Tulián. Edición: Liora Spilk Bialostozky. Elenco: Natalia Solián, Gerardo Trejoluna, Daniela Seba Sánchez, Fernando Cattori, Saura Zubiate, Aurora Limón.