‘La misma sangre’, de Ángel Linares: el destino de la activista


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20 de abril, 2026

 

Por Carlos Ramón Morales

 

¿Quién es Norma Mesino, esta mujer de los rumbos de Atoyac de Álvarez, en Guerrero, que debe vivir bajo custodia del Estado, ante amenazas de violencia? Ella encabeza la Organización Campesina de la Sierra del Sur, grupo que en 1995 fue víctima de la masacre de Aguas Blancas. En la década de los 2020s, esta organización busca hacer justicia y reparación con los supervivientes de la matanza.

La familia Mesino es un referente en la historia del activismo de derechos humanos en Guerrero. Y desde la figura de Norma, Ángel Linares (Las montañas invisibles, 2013) propone el documental La misma sangre, en el que hace el recuento de medio siglo de violencia en el estado de Guerrero, pero también crea el retrato íntimo y emotivo de Norma y los Mesino. Resalta el activismo político, la represión del Estado que ha traído muerte y dolor; pero también la resistencia, valiente en su dignidad.

La misma sangre forma parte de la sección Premio Mezcal del 41 Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Ángel Linares nos contó sobre este ejercicio fílmico, que arroja nuevas luces sobre la violencia de Estado que atraviesa a Guerrero.  

 

La misma sangre aborda la violencia que se vive en Guerrero, pero en particular es una semblanza de Norma Mesino, defensora en derechos humanos. ¿Cómo la conoces y cómo decides hacer un documental sobre ella?
En 2012 hice un ejercicio de documental en el CUEC, sobre los movimientos armados en México. Laura Castellanos me contactó con Julio Mata de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos en México (AFADEM), y ellos, a su vez, me llevaron con la familia Mesino.

Don Hilario Mesino fue mi guía en Atoyac para crear el documental Las montañas invisibles, de 2013. Durante la producciónRocío Mesino se convirtió en la pieza que hizo posible todo: ella nos consiguió transporte, comida y se convirtió en una especie de coproductora. Dos días antes del estreno la asesinaron. Es el punto de partida de este proyecto.

Norma toma la batuta de la organización tras el asesinato de su hermana. Ella estaba muy consciente de la importancia que tenía hacer una película que narrara la historia de la persecución y el agravio contra su familia.

 

¿Cómo decides hablar en La misma sangre de este tiempo específico de Norma, contemplando al mismo tiempo la historia de esta violencia en Guerrero?

Fue de los retos más complejos de la película: la historia inicia en los setenta y aborda un contexto ultra complejo. Entendía que no era mi labor organizar esto a nivel historiográfico, y al final elegí construir el retrato de Norma, porque en ella se sintetizan muchas cosas de este universo. Lo principal fue decantar y filtrar, y usar a Norma como hilo de esta complejidad histórica.

Quería mostrar las labores invisibles del defensor de derechos humanos en México y América Latina. Se desconoce qué hacen estos personajes, en lugares invisibilizados, como la secuencia de la gestión del agua. Estas cositas son acciones casi subversivas para el Estado mexicano, ponen en jaque su poder en las comunidades.

Norma funciona como una metáfora de lo que enfrentan las defensoras y los defensores de derechos humanos. Es la historia de una persecución a una familia a lo largo de cincuenta años, una representación de lo que atraviesan muchísimos defensores y defensoras de derechos humanos en la actualidad.

 

Además, Norma es una heroína improbable: en La misma sangre dice que hubiera preferido tener su estética y dedicarse a actividades más pacíficas. Pero el mundo en el que vive la obliga a tomar decisiones. Es un personaje contradictorio y, como personaje cinematográfico, muy atractivo.

En la universalidad de Norma como persona y personaje todos pueden conectar: una persona que obligada por las circunstancias y el apellido a hacer algo que probablemente no quería. 

Además, creo que nadie hubiese querido hacer lo que les tocó a los Mesino. Nadie nació diciendo: "yo quiero ser defensor de derechos humanos" y arriesgar su vida. Es vivir con limitaciones, austeridades, riesgos, y un poco luchando contra gigantes. Eso es lo que me interesa de Norma como persona y personaje.


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¿Cómo se sentía Norma ante la idea de protagonizar este documental?

Tenemos una relación larga y de mucha confianza. En algún momento le pedí: “olvídate de la cámara, lo que queremos retratar es la esencia de lo que tú eres”. Al final termina mostrándose natural, relajada, sobre todo hacia las últimas fases de filmación. Norma tuvo la capacidad de evolucionar a partir de la interacción directa con lo que buscábamos, además de una relación de confianza construida con todos, porque no era yo solo el que ha estuvo a lo largo de ese proceso, el fotógrafo fue el mismo, el sonidista, el productor, éramos cuatro personas acompañando este proceso durante muchos años, y pues ya éramos parte de la familia.

 

Me pregunto si a pesar del tema, que es de denuncia, hay una idea  de lo estético, de lo cinematográfico en sí mismo. En este sentido, hay escenas sobresalientes: en un momento tienes a Norma de espaldas, con un filtro azul; o cuando avisa por teléfono que irá a la Ciudad de México, la tomas en un cuadrito pequeño y a oscuras, como si estuviera encerrada ante la posibilidad de viajar. Escenas que aspiran a lo cinematográfico, más allá del documento que denuncia. ¿Qué tanto espacio hay para que la estética acompañe al documentalista que hace el registro de un tema tan duro?

Yo soy un convencido de que un cine político tiene que hacer política desde la imagen y la forma. Es político abrir espacios de experimentación y acercar al espectador a estéticas, eso es compatible con un cine que denuncie o haga registro de memoria histórica. Todo el equipo somos egresados de escuelas de cine, donde siempre ha habido una preocupación por lo formal, por el lenguaje cinematográfico. Siempre nos preocupaba cómo contar esto de una forma que no fuera periodística, sin demeritar lo que implica el periodismo, pero que tuviese una articulación distinta, a que solamente fuera un documento de memoria.

También me preocupó que La misma sangre funcionara con una estructura narrativa clara y limpia. Intenté un equilibrio entre lo formal y lo narrativo, y creo que se logra en todos sus elementos cinematográficos.

 

¿En qué momento del documental decides terminar tu historia? Porque la vida de la familia Mecino sigue, también la violencia en Guerrero, y para un documentalista debe ser complicado cuándo hacer su corte de caja. 

La decisión era cómo cortar a Norma personaje dentro de la estructura narrativa. Tenía las piezas necesarias para construir esa curva del personaje y acabarla donde dramáticamente fuera necesario, más allá de todos los estímulos externos. Y para mí el cierre cuando por primera vez vemos a Norma sonreír, sentirse abrazada, querida, respaldada por sus compañeras, ese momento de epifanía total. El rodaje y la vida nos regaló la posibilidad de tener el punto culmen de su viaje como personaje. Era como decir: su viaje universal como personaje termina, y como defensora seguirá y la película formará parte de un nuevo proceso para ella. 

Justo el 28 de abril, una semana después del estreno en Guadalajara, presentaremos la película en Chilpancingo, en el auditorio Sentimientos de la Nación, con diputadas y diputados. Iniciaremos una campaña de protección y visibilización de la labor de defensores de derechos humanos en Guerrero. La película servirá para que inicie una segunda fase en los procesos de esta red de defensores. Además, el caso Aguas Blancas se está reabriendo por incumplimiento de sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Están pasando varias cosas en las que la película está comenzando a encajar. 

 

La misma sangre (México,2026). Dirección y guion: Ángel Linares. Producción: Miguel Ángel Sánchez. Productor ejecutivo: Daniel Rojo. Instituciones productoras: Sistema de apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, con el apoyo de FOPROCINE-IMCINE. Cinefotografía: Jorge Linares. Edición: Carlos Cepeda. Diseño sonoro: Daniel Rojo. Música original: Nascuy Linares. Participan: Norma Mesino, Hilario Mesino, Alicia Mesino.

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