‘El canto del jaguar’: la animación de una comunidad y su lengua - Selección oficial GIFF 2026
10 de julio, 2026
Por María Zamora
En una región donde el jaguar todavía se deja ver entre la niebla y las lenguas originarias luchan por no desaparecer, la directora Antonia Silva encontró la historia que necesitaba contar. El canto del jaguar nació como una tesis universitaria y terminó convirtiéndose en un cortometraje de stop motion que lleva el chinanteco hasta la pantalla grande de los festivales de animación más importantes; construido a partir de la voz, la memoria y la colaboración de Lidia Rivera, mujer chinanteca que prestó no sólo su idioma, sino también su historia de vida.
El cortometraje cuenta con diversos apoyos públicos, entre ellos FOCINE Postproducción y Jóvenes Creadores, además de la beca Jenkins-del Toro. Ha formado parte del Shortway de Pixelatl, además de competir en la sección Graduation Films del Festival de Annecy 2026 y ahora forma parte de la Selección Oficial Competencia Animación del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF).
Conversamos con Antonia Silva, directora y guionista del proyecto, junto con Bernardo Pérez, fotógrafo y colaborador en múltiples áreas de la cinta, además de Lidia Rivera, en quien la historia se inspira y quien presta su voz e historia para Irma, la protagonista de esta historia.
Tengo entendido que el cortometraje parte de la historia de vida de Lidia, ¿Cómo llegaste a su historia y por qué decidiste inspirarte en ella para realizar este proyecto?
Antonia Silva, directora: El proyecto lleva varios años en desarrollo y nació de una inquietud personal por conocer más a fondo las lenguas indígenas de México. En aquel momento apenas tenía un acercamiento básico al náhuatl y al zapoteco, pero ese contacto inicial me hizo comprender que una lengua no es solo una herramienta de comunicación, sino también una forma de habitar el mundo y de reconocerse en él.
La inspiración para construir la historia a partir de la vida de Lidia llegó gracias a una serie de coincidencias. Un conocido, amigo de los antropólogos Ana Paula de Teresa Ochoa y Ricardo Pérez Monfort, me puso en contacto con ellos. Así les compartí mi intención de desarrollar un proyecto en la región de la Chinantla, zona donde aún hay avistamientos de jaguares. Para mí el jaguar era un símbolo de identidad muy poderoso, y además quería vincular la pérdida de las lenguas originarias con la desaparición de distintas especies animales de nuestro país.
Fue así como conocí a Lidia. Debido a la pandemia nuestro primer encuentro fue por Zoom, ahí le platiqué el proyecto y ella mostró interés en participar. Desde entonces surgió una colaboración muy bonita que con el tiempo se convirtió también en amistad.
Lidia y Bernardo, ¿cómo llegó el proyecto a ustedes y por qué decidieron involucrarse tanto? Lidia no solo presta su voz sino que también es traductora y Bernardo, participaste en la postproducción, el storyboard, la fotografía y muchos más roles. ¿Qué vieron en él para involucrarse de una manera tan cercana?
Lidia Rivera, voz de la protagonista y traductora: Cuando Antonia me presentó el proyecto me pareció muy interesante, ya que dentro del cine todavía existe poca participación de las lenguas originarias, y que ella quisiera mostrar una lengua indígena a través del cine me pareció muy valioso. Como hablantes de lenguas originarias no solemos tener muchos espacios en los medios, así que para mí esto era una oportunidad de visibilizar el chinanteco, aunque nunca imaginé todo lo que llegaría a representar.
Quería mostrar esa otra forma de ver el mundo, distinta a la vida en la ciudad. Muchas personas migramos buscando mejores oportunidades y, al llegar, enfrentamos discriminación y racismo que muchas veces nacen del desconocimiento hacia quienes venimos de comunidades indígenas. Por eso mostrar parte de la cultura mexicana a través del cine, y de la lengua originaria, ha sido una gran oportunidad para compartir quiénes somos como mexicanos.
Bernardo Pérez, fotógrafo y colaborador del proyecto: El proyecto llegó a mí porque, en principio, era la tesis universitaria de Antonia, con quien fui compañero durante toda la carrera. Aunque siempre coincidimos en distintas cosas, nunca habíamos colaborado tan de cerca hasta este proyecto. Durante la pandemia, empezamos a reunirnos para revisar guiones e ideas, y recuerdo ese proceso con cariño porque, antes que nada, fue un trabajo de conceptualización visual. Nos acercamos al proyecto a través de imágenes y storyboards incluso antes de tener un guion completo.
Antonia me compartía sus conversaciones con Lidia sobre cómo se sentían los espacios, las diferencias entre la ciudad y la Chinantla, y cómo queríamos representar esas sensaciones. Después vino traducir esas ideas a imágenes concretas y resolver técnicamente cómo hacerlas realidad. Tuvimos propuestas muy distintas, pero fue un proceso enriquecedor tanto en lo creativo como en lo técnico, y mi admiración por Antonia ayudó a construir la sinergia del equipo.
También reflexionamos mucho sobre la representación de las lenguas originarias, conscientes de que como cineastas es fácil apropiarse de experiencias ajenas. Por eso desde el inicio existió un diálogo cercano con Lidia y una voluntad de construir el proyecto de forma colaborativa. Su participación permitió representar una realidad ajena para nosotros, pues Antonia y yo crecimos en la Ciudad de México y entendemos su caos y velocidad, mientras que la Chinantla representaba otra forma completamente distinta de habitar el mundo.
Escuchar a Lidia describir la luz de las casas, el paisaje, el fuego, la vida cotidiana, nos ayudó a preguntarnos constantemente cómo representarlo con respeto. Creo que lo logramos porque incluso si el espectador no entiende completamente lo que se dice, la película comunica algo muy poderoso, y cuando además comprende el significado de las palabras, el impacto emocional crece todavía más.
“Incluso si el espectador no entiende completamente lo que se dice, la película sigue comunicando algo muy poderoso.”
Distintos nombres se repiten constantemente en distintos cargos, por lo que da la impresión de que todo el equipo participó en prácticamente todas las etapas del proyecto. ¿Cómo se fue involucrando tanta gente y cuál es el camino de un proyecto estudiantil a un proyecto con ese alcance?
AS, directora: Al principio el proyecto tenía un enfoque muy de tesis. Sabíamos que sería un cortometraje en stop motion, aunque también queríamos experimentar con otras técnicas, y todo fue un proceso muy empírico, de ir descubriendo sobre la marcha qué funcionaba, poniendo en práctica lo aprendido en la escuela y mucho conocimiento autodidacta.
Siento que el proyecto vivió una metamorfosis interesante, pues comenzó cuando ninguno de nosotros tenía experiencia profesional, salvo Lidia, quien ya contaba con trayectoria consolidada. Eso se refleja en el cortometraje a través de un aprendizaje muy genuino sobre cómo realizar un proyecto de esta naturaleza.
Con el tiempo empecé a notar que tenía potencial para llegar más lejos, sobre todo tras participar en un curso de Pixelatl, donde recibimos retroalimentación de productores vinculados al Festival de Annecy que revisaron nuestros proyectos y carpetas de producción. A partir de ahí entendí que la historia podía trascender el ámbito académico y comenzamos a buscar apoyos.
Fue entonces cuando dejó de sentirse como una tesis universitaria para convertirse en un proyecto profesional, con apoyos que nos permitieron terminarlo como queríamos y aspirar a espacios más grandes. De haber seguido viéndolo sólo como "nuestra tesis" probablemente nunca habría llegado a Annecy ni, ahora, a la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine de Guanajuato.
Ha sido interesante ver la evolución del proyecto. Su crecimiento fue muy natural porque la idea tenía fuerza desde el inicio, pero al mismo tiempo conserva ese espíritu de experimentación y aprendizaje sobre la marcha. El proceso no fue perfecto, pero esa imperfección también forma parte de la identidad del cortometraje.
BP, colaborador: Este ha sido un proyecto profundamente marcado por el proceso, pues desde el inicio nos preguntábamos constantemente cómo mover la cámara o lograr cada toma, y surgían muchos problemas técnicos y económicos, ya que la animación es costosa y el stop motion todavía más. Mover una cámara requiere equipo especializado, y los movimientos complejos elevan aún más el reto.
Cada obstáculo nos obligaba a inventar soluciones, y cada limitación se convertía en una oportunidad para encontrar otra forma de hacer las cosas. Mientras el proyecto avanzaba nosotros también cambiábamos como personas, por lo que el cortometraje terminó siendo la suma de muchas etapas distintas, un rompecabezas enorme.
La postproducción y contar con recursos fue fundamental, pues fue el momento en que todas esas piezas comenzaron a unirse. Era imposible hacerlo nosotros solos, aunque eso representó otro desafío, ya que había que organizar materiales producidos durante varios años, definir flujos de trabajo y coordinar equipos mientras entrábamos a trabajar profesionalmente. Aun así, todo ese aprendizaje terminó alimentando al proyecto.
Me da mucho gusto que el cortometraje esté teniendo este alcance, y fue increíble estrenarlo en Annecy, pero también era muy importante encontrar el lugar adecuado para su estreno en México. Nos emociona saber cómo reaccionará el público mexicano.
El contexto del proyecto ayuda a comprender muchas cosas, pero también me interesa la opinión de quienes lleguen al cortometraje sin saber nada sobre él, pues al final la película está hecha para los espectadores y, después de tantos años de trabajo, sigue dándome curiosidad descubrir qué provocará en quienes la vean.
Lidia, al estar en todo el proceso de realización, ¿qué tanto sentiste que el cortometraje representaba realmente tu cultura? ¿Sientes que el universo que crearon reflejaba el lugar del que vienes y qué tanto te involucraste para llevarlo a un lugar que se sintiera bien para todos?
LR, voz de la animación: Creo que el proyecto logró plasmar muy bien todo eso. Fue un proceso complejo, ya que durante buena parte del tiempo trabajamos a distancia y muchas conversaciones se hicieron en línea. Aun así, Antonia y el equipo lograron construir imágenes que realmente me remitían a mi comunidad. La parte de la casa, por ejemplo, fue muy emotiva para mí: verla representada en pantalla me conmovió porque me llevó directamente a mi historia familiar, a la convivencia con mis papás y a recuerdos de mi infancia.
Siento que el cortometraje logró representar no solo la lengua, sino también el tono con que se habla, algo que una persona que conoce el chinanteco reconoce de inmediato. La traducción fue adaptándose conforme avanzaba el proyecto, pues nunca puede ser completamente literal de una lengua a otra: siempre necesita ajustarse al contexto y a la intención de lo que se quiere comunicar.
Recuerdo que Antonia ya tenía un primer guion, pero al momento de grabar la voz hubo partes que, desde mi perspectiva cultural y lingüística, necesitaban modificarse para transmitir realmente el sentido que buscábamos. Fue un trabajo muy colaborativo, en el que nos consultábamos constantemente. Yo señalaba, por ejemplo, que una frase sonaría más natural de otra forma o que el tono de voz debía suavizarse, y volvíamos a grabar. Fue una experiencia muy bonita porque siempre existió apertura para escuchar esas observaciones y ajustar lo necesario, lo que permitió que el resultado fuera mucho más cercano a lo que realmente queríamos transmitir.
“Nos interesa que no sea solo exhibir el cortometraje, sino también devolver algo a la comunidad que hizo posible esta historia.”
Hablando de sonidos, la música de I'k Balam llama mucho la atención porque complementa perfectamente el cortometraje. ¿Cómo llegaron a él? ¿Ya lo conocían o lo encontraron buscando músicos para el proyecto?
AS, directora: Conocí a I'k Balam durante la pandemia, en el marco de un ejercicio escolar: un cineminuto sobre un jaguar encerrado en una jaula. Quería que la música tuviera requinto jarocho, pero en plena pandemia no sabía cómo encontrar a alguien que pudiera grabarlo. Le pregunté a mi mamá, coreógrafa de danza contemporánea, y ella me contactó con un músico de Xalapa conocido como Chasz, quien a su vez me recomendó buscar a I'k Balam.
Le escribí, le mostré el cortometraje y le gustó mucho. Necesitaba que la música existiera antes que la animación, pues quería animar siguiendo su ritmo, así que I'k Balam me permitió escoger una de sus composiciones para trabajar sobre ella.
Lo curioso es que el personaje principal era un jaguar negro. En realidad las panteras negras son jaguares con mayor melanina, aunque con cierta luz aún se aprecian sus manchas. Cuando le conté esto a I'k Balam, me respondió que su nombre significaba justamente "jaguar negro": "Balam" es jaguar, e "I'k", negro. Sentí que era una señal, tenía que ser su música.
Él vive en Xalapa, Veracruz, y en el cortometraje aparece un personaje relacionado con el son jarocho, así que me gustaba la idea de incorporar esa sonoridad acústica al universo de la película. Todo ocurrió casi por casualidad: descubrimos que trabajábamos muy bien juntos y, al grabar la música definitiva, él también aportó muchas propuestas. Al igual que con Lidia, el proceso creativo fue muy abierto y enriquecedor.
Ahora que ya están estrenando en diversos lugares, ¿qué esperan que ocurra con el cortometraje y con el equipo? ¿Tienen pensado proyectar El canto del jaguar en una comunidad chinanteca? Si eso sucede, ¿qué les gustaría que ocurriera cuando la comunidad vea la película?
AS, directora: El cortometraje ya está inscrito en varios festivales y ahora esperamos respuestas. La idea es que tenga un recorrido bonito y siga encontrando espacios donde exhibirse. También nos gustaría asistir a esos festivales, aunque a veces es complicado por logística o presupuesto. Para Guanajuato, por ejemplo, Lidia y yo hemos platicado la posibilidad de ir juntas como equipo.
En cuanto a la proyección en San Juan Palantla, comunidad de donde es Lidia, esa idea ha estado presente prácticamente desde que comenzó el proyecto y ha sido una de nuestras principales motivaciones: que la comunidad pudiera ver su lengua en la pantalla grande. Hemos trabajado en la logística. Primero pensamos hacerlo en abril, luego surgieron otros compromisos, entre ellos que me iré un tiempo al extranjero, así que probablemente ya no se logre este año, aunque confiamos en que sí el próximo. Queremos elegir bien la fecha para que asista la mayor cantidad de personas posible, evitando la temporada de lluvias.
Ya contamos con algunas cosas para hacerlo posible, como una pantalla inflable, y también queremos llevar un pequeño taller de cine para niñas, niños y jóvenes de la comunidad. Nos interesa que no sea solo exhibir el cortometraje, sino también devolver algo a la comunidad que hizo posible esta historia.
También quiero agradecer a Bernardo, a Lidia, a todo el equipo que hizo posible el cortometraje y, por supuesto, a nuestras familias, que nos acompañaron durante todo este proceso.
LR, voz de la animación: A mí me emociona mucho. Tan solo la función de hoy en la Cineteca ya fue una experiencia muy bonita, porque significa que estamos encontrando espacios donde compartir el trabajo que hicimos como equipo. También nos interesa asistir al Festival Internacional de Cine de Guanajuato, y estamos viendo la posibilidad de viajar todos juntos.
En cuanto a la presentación en San Juan Palantla, ya existe apertura por parte de las autoridades de la comunidad, que están esperando que organicemos las fechas para la función. Creo que esa proyección es muy importante porque el cortometraje también habla de salir de la comunidad para perseguir un sueño. Me gustaría que las niñas y los niños pudieran verlo y encontrar ahí una motivación para creer en sus propios sueños, y comprender que vale la pena luchar por lo que desean.
También creo que este proyecto demuestra que cuando un grupo trabaja con claridad, compromiso y emoción pueden lograrse cosas muy importantes. Muchas veces no somos conscientes de todo lo que podemos hacer como equipo. Este cortometraje ha llegado a lugares que nunca imaginamos y ha abierto oportunidades para quienes participamos en él. Ese es un mensaje muy valioso: no importa de dónde vengamos ni las condiciones en las que iniciemos, lo importante es seguir trabajando por aquello en lo que creemos.