‘Canción de noche’, de Karla Castañeda: entre la música y la violencia, el corazón


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20 de octubre, 2026

 

Por Carlos Ramón Morales

 

Una madre y su hijo hacen música con una tuba. Su mundo es pequeño y oscuro, pero ellos tratan de habitarlo con melodías y amor. Entonces llega un grupo de agresores: niños con máscaras de pájaro los asedian. El acecho provoca tragedias, aunque también alguna revelación: los agresores también podrían ser niños con el cuerpo muy lastimado.

Después de cortometrajes como Jacinta (2008) y La noria (2013), Karla Castañeda regresa a la animación de stop motion con una historia de dolorosa esperanza. Canción de noche podría ser un símbolo de los fascismos o de la reclusión forzada del crimen organizado; sobre todo se trata de cómo una familia vulnerable puede preservar la esperanza, la voluntad de vida y el corazón.

Canción de noche participa en la sección Cortometraje mexicano de animación del 24° Festival Internacional de Cine de Morelia. Platicamos con la animadora Karla Castañeda sobre la aventura de realizar un cortometraje en lo más profundo de un pueblo de Zacatecas.

 

Pensaba que Canción de noche se refería al fascismo. Después supe que pensabas más en la reclusión forzada por parte del crimen organizado. ¿Cómo concibes finalmente esta historia de una madre y un niño asediados por los niños pájaros?

En realidad quería crear con la música: primero tienes la felicidad de la madre y el niño, con las mariposas; después pasan cosas que implican furia y coraje, después el niño ve que su agresor es igual que él, que es humano y viene el perdón.

Yo quería que este corto tuviera que ver con la pérdida y el dolor, pero también con la redención y los corazones; y empecé a tejerlo así, con música. Viví tres años en un pueblo muy pequeño de Zacatecas que tiene bosque; se va la luz uno o dos días y sólo suena la música que tocan los niños del lugar; yo escuchaba esta música y en este retiro monté mi set. Durante tres años tres personas estuvimos ahí, dedicados a la animación. Ahí también tomé talleres de periodismo de investigación y supe de estas almitas supersanas que se les obliga a ir por otro camino, como ocurre en el corto. 

Acá la mamá siembra la música en el niño y le provoca que vea mariposas, ahí empieza la alegría. Después ves toda la violencia que vive el niño, hasta quedarse con el legado de su madre, que es la música, la tuba. Quería una esperanza, que no fuera una película desgarradora, no sé si quedó así. 

 

 ¿Cómo le haces para transmitir la emoción que quieres expresar con toda la técnica que implica el stop-motion y los puppets?

Actuaba antes las escenas. Por ejemplo, la escena de los niños cuervos que juegan con el corazón, lo recreamos en la plaza principal del pueblo: yo ponía a tres niños y les decía: "Tienen que actuar como cuervos." Los grababa, después me iba al bosque y también grababa a los pájaros.

Con mi hija actué la escena en la que el niño rescata el corazón de la madre. Le dije: "Haz de cuenta que a tu mamá y le quitan el corazón, ¿qué harías?" Ella se levantó, casi le sale una lágrima, agarró el corazón y fue la escena que quedó. 

Para la mamá escogí a una señora del pueblo que tocaba la tuba. No es igual que toque la tuba un hombre a una mujer, el peso es diferente. Entonces hacíamos ejercicios con la señora. Le decía: "Eres una mamá y vienes con tu hijo y tienes este sentimiento." Y nos juntábamos los animadores y veíamos su movimiento. La animación tiene mucho que ver con la actuación. Es un ejercicio de movimiento-foto y movimiento-foto.

A veces veo otras animaciones y pienso: "sólo se está moviendo el personaje". A mí me gusta el movimiento de las manos y los dedos. Me gusta que sean suaves, eso se me hace bonito. Y eso es observar y observar. Yo le dije a la animadora: "Necesito que el niño respire, que se sienta vivo." Y hacemos cositas como mover el cabello o cómo deja su huella en la tierra, que se sienta el peso del personaje; esas cositas hacen la diferencia.

 

Sobre los niños con sus máscaras de cuervo, ¿hubo algún referente para crearlos?

Me encantan los cuervos y estudié mucho su lenguaje; me encantan las aves carroñeras, estuvimos tres años en el pueblo y las veía al amanecer.

Pensaba: “los humanos somos así, te escondes detrás de la máscara, cuando te la quitan eres un humano, como el otro”. Y pensaba en estos niños que hemos sido, al inicio inocentes, después obligados a la violencia. Por eso es importante cuando el niño cuervo se quita la máscara y es como el protagonista, que también llora como él.

 

En Canción de noche haces algunas escenas bajo el agua, que llaman la atención por su destreza técnica, ¿cómo las hiciste?

Tenía tres sets, uno con green screen y ahí pusimos la parte del agua. Yo recreaba la escena en la presa del pueblo, veía cómo movía mis pies y cómo los abría. Primero necesitábamos el movimiento, también saber cómo era el agua a las seis de la tarde, sus reflejos; después montábamos la iluminación que simulara el agua. 

Pusimos una especie de micas que hicimos a mano. Frente a nuestro estudio había una papelería y usábamos lo que había, cartulina, cartoncillo. Lo pintamos de verde y rayamos la mica para que diera un efecto submarino. Filmamos al personaje y las luces desde abajo. Fue difícil moverlo. Cae el triciclo y era mover una ruedita, la otra, la palanca, el century que tienes abajo, todo milimétricamente. De mis tres cortos de animación, es el que más trabajo nos ha costado.


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Llama la atención saber que resolvías con la papelería del pueblo, uno creería que recurrías a tecnologías más novedosas.

Nunca me he puesto limitaciones técnicas, siempre buscamos cómo resolverlas. Si tenemos esto, con esto se hace; si es con chicle, con chicle lo hacemos.

Era fácil ir con el herrero porque es un pueblo chico. Le decíamos que necesitábamos un soporte para animar, lo soldaba y entre todos hicimos comunidad. Nadie en el pueblo sabía bien qué estábamos haciendo, pero nos ayudaban con muchos favores.

También la música es de ahí. Los niños músicos salieron a la plaza y tocaron la “Canción mixteca”; los grabamos con los celulares. Fueron unas doce tomas, los niños estaban super cansados, pero fue lindo que hicieran esto. Mi idea es hacer una presentación allá y que ellos toquen en la presentación, que toquen el corto en vivo.

 

Hay una pregunta que me gusta hacer en temas de animación, y parece una tautología, pero la idea es que la animación cuenta historias que solo la animación puede contar. Quizá si hago Canción de noche con actores reales saldrá algo interesante, pero no lo que tú propones.  ¿Por qué hacer con animación una historia como Canción de noche?

Me encanta hacer animación porque me gusta estar a solas pensando y leyendo. Cuando empecé Canción de noche sentí que era un poema. A veces alguien me escribe: "tu película pueda entrar en un festival de terror." Yo no quiero contar terror, en mi mente es algo mágico. 

Me gusta el stop motion porque se me hace muy lindo tocar a un personaje, que le pueda poner cabello... el stop motion te permite esta intimidad de estar en tu set en oscuridad. Porque el stop motion es un juego oscuro; los animadores trabajamos a oscuras durante dos años, cada quien con sus audífonos y su música, desayunábamos en la mañana y platicábamos la toma, una toma podía durar dos días, tres días, cuatro días o una semana; nos ponemos de acuerdo en qué lente se va a utilizar, qué cámara, qué ángulo, fue una experiencia linda. La animación da una intimidad que para mí es necesaria, estar con este ambiente, hacer lo que quieras con tus personajes.

Canción de noche son nueve minutos y eso significó dos años de animación y otro de hacer los objetos, y un año atrás el guión: cuatro años y medio. Estuvimos pocas personas en el corto, se sumó más gente en la postproducción.

 

¿Cómo ha sido la recepción de Canción de noche? ¿Qué te han dicho sobre esta historia?

En algún momento de la producción llegaron unas niñas de una casa hogar de Zacatecas al set y les conté la historia: "Es un niño que es feliz, pero hay gente mala que le hace algo a su mamá, el niño decide vengarse pero al final perdona”. Una de las niñas me dijo: "Yo sentí lo mismo porque a mi mamá la mataron." Era una chavita de doce años, me empezó a platicar: "Era muy feliz con mi mamá y después tenía mucho odio y coraje porque la mataron”. Fueron dos muchachitas, a las dos les mataron a sus madres. Quiero que vean el corto terminado, porque vieron las maquetas y hablamos del arte y de cómo era contar y expresarte.

Mucha gente ha interpretado Canción de noche, me han dicho: "Es que para mí las mariposas son las almas." Es como cuando leo un poema, para mí y para otra persona significan cosas distintas. Este corto tiene muchas lecturas, es más complejo que mis anteriores trabajos, tanto en el guión como estéticamente.

 

¿Qué te parece presentar en Morelia?

Estoy muy emocionada, quiero ver la reacción del público mexicano. El último corto que presenté allá fue La noria. Desde entonces han pasado nueve o diez años. En eso hice Pinoccio, videos musicales, otros trabajos, y ahora todo cambió, salgo de tres años en un pueblo donde se iba la luz y las redes cambiaron, las entrevistas cambiaron, las entregas cambiaron, todo es virtual. Para crear Canción de noche hubo un montón de gente, pero en la parte de la animación estuvimos tres personas encerradas durante dos años en un set.

 

Canción de noche (México, 2026). Dirección, producción y guion: Karla Castañeda. Cinefotografía: Karla Castañeda, Luis Téllez. Animación: Luis Téllez, Uriel Chan. Diseño de personajes: Pasha Setrova, Nicol Lozoya. Escultura de personajes y vestuario: Nicol Lozaya. Diseño de producción y arte: Karla Castañeda. Pintura escénica: Nicol Lozaya. Rigs: Ulises Cortés. Props: Ulises Cortés, Nicol Lozaya, Hiram Armando Villaseñor, Erick García, Cecilia Andalón, Oscar Hernández López. Moldes y vaciado: Pablo Arturo Cárdenas. Asistente de producción: Guadalupe Cortés Sandoval. Animación adicional: Víctor Hugo Cervantes. Musica original: Fernando Velázquez. Diseño de sonido y mezclador de regrabacion: Scott Martin Gershin. Efectos visuales: Polar Studio.  Canción mixteca, interpretada por: Banda Sinfonica Juvenil Teulense. Cortometraje filmado en: Teúl de González Ortega, Zacatecas.

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