‘La cazadora’, de Suzanne Andrews Carrera: el mito de Diana, la mujer que asedió a los choferes


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20 de octubre, 2026

 

Por Carlos Ramón Morales

 

Hacia 2013, una mujer fantasmal, casi una sombra, asoló las calles de Ciudad Juárez. Diana, la cazadora de choferes, asesinó a dos conductores del transporte público que habían sido señalados como agresores sexuales. Diana atemorizó a los juarenses y después dejó una carta que explicaba sus motivos; con ese misterio desapareció. La noticia impresionó a la cineasta Suzanne Andrew Carrera, quien con estos elementos creó una ficción: la de las razones de una mujer para hacer justicia por propia mano, en una ciudad asediada por las desapariciones y los feminicidios.

La cazadora parte del thriller y desde ahí se asoma a territorios insólitos, desde los oníricos a la fundación de un mito, que da sentido a la forma de entender la violencia que se vivió en la frontera y que se sigue viviendo en el país.

Con Adriana Paz y Teresa Sánchez en los protagónicos, La cazadora es una película emotiva y poderosa. Tiene el apoyo de EFICINE y participa en la sección Largometraje Mexicano del 24° Festival Internacional de Cine de Morelia y cuenta con el apoyo de EFICINE. 

Suzanne Andrews platicó con nosotros sobre esta hazaña de crear una película que parte de la denuncia social para acercarse a territorios liminales. 

 

¿Cómo descubres la historia de Diana, la Cazadora de Choferes y después decides hacer con ella un largometraje de ficción?

Leí la historia en el periódico y me atrapó. Entonces estaba leyendo mucho sobre Ciudad Juárez, sobre la industria maquiladora y la violencia de género. Cuando leí esto sabía que “Diana” era el personaje para reunir todos estos hilos sobre la maquiladora, la violencia y Ciudad Juárez.

Cuando leí la nota pensé: "por fin alguien está haciendo algo”, como reacción inicial. Me espantó tener esa reacción, ese conflicto entre ser una persona que no cree en la violencia y a la vez entender de dónde sale este instinto de protección. Después, la carta que escribió la cazadora fue la semilla para todo, me dejó claro que no fue un acto de venganza, sino de protección.

Empecé a investigar. Viajé a Juárez y hablé con la gente. Así desarrollé este mundo. Empecé con la creación de Luz, la cazadora, y luego las personas a su alrededor, como su hija Ale, que era importante para mostrar el instinto de protección de Luz. 

Por ahí también surgió el personaje de Jimena, que daba contexto del mundo y las acciones de Luz. Esas líneas de investigación me llevaron a esta película.

 

La cazadora arranca en el thriller y desde ahí se mueve a lo onírico e incluso lo mítico, a partir de las conversaciones entre Luz y Jimena, la mujer que busca a su hija desaparecida...

La cazadora trata de la injusticia, la impunidad y de cómo la comunidad resuelve cuando no existe una autoridad.

Tardé diez años en hacer esta película. Cuando tardas tanto tiempo escribes, regresas, y cuando regresaba agregaba cosas que quería explorar. Empecé con la estructura de 24 horas y eso da el tono del thriller, la sensación de un tiempo comprimido.

Pero también sabía que la película trataba de cómo vive una persona con un trauma, en un lugar como Juárez, que había pasado por una guerra terrible. En ese trauma hay sombras.  Desde el primer viaje a Juárez tuve esta sensación. La Ciudad Juárez de 2013 era un pueblo fantasma, no veías gente. Cuando pensé en el contexto de este trauma salió la idea de las sombras. Cuando uno pasa por momentos de violencia puedes identificar a la gente que ha vivido algo similar. Se siente, se ve en los ojos. Yo quería reflejar eso: sombras que cada uno carga, que carga la ciudad. Muchos le dicen fantasmas pero la gente no desaparece, sigue con nosotros. Quería reflejar esa presencia en comunidades como la de Juárez.

 

Destaco la concentración con la que propones cada escena. Desde las más importantes, como las charlas de Luz con su hija, o con Jimena, u otras que podrían parecer menores pero que se notan trabajadas con mucho detalle. ¿Cómo dirigías tu set para darle este ritmo y oxígeno?

Quería plantear la perspectiva de Luz, como un viaje. El primer asesinato se presenta de una forma objetiva, para el segundo se rompe la realidad.

Cada escena me preguntaba qué siente el personaje desde un lugar muy visceral. No es una preparación intelectual: cuando tienes el guión y sus arcos, ya puedes conversar con la emoción, porque para mí es lo más importante en una película.

Como espectador conecto con la película a través de las emociones, luego pienso en las ideas que plantea. Esta conversación la tuve con mis colaboradores y todos estaban dispuestos a hacer este viaje conmigo. La gente que trabajó en la película veía las cosas de la misma manera. 

Tuve una relación personal con los actores, trabajaba con ellos uno a uno. Con la fotógrafa María Sarasvati nos mandábamos películas, imágenes, conversamos a partir del guión y ahí encontramos cosas en común de cómo queríamos contar esta historia. Lo mismo pasó con Alex de Icaza, que hizo el diseño sonoro. Era llegar a lugares compartidos con el sonido y la música, que hizo Tomás Barriero. Fue muy orgánico y me siento muy agradecida de que se abrieron de esa forma conmigo.

 

¿Cómo fue trabajar con dos actrices tan importantes y reconocibles como Adriana Paz y Teresa Sánchez, para aprovechar su experiencia y, al mismo tiempo, lograr personajes distintos a los que han interpretado anteriormente?

Adriana estuvo en la película desde antes de que se uniera al proyecto. Cuando escribí el guión tenía su foto arriba de mi escritorio y así imaginaba a Luz. La película es ella, una actriz intuitiva, con recursos para hacernos creer todo lo que está sintiendo.

A Teresita la identifiqué en Sundance, en 2020 cuando vi Dos estaciones. Me encantó que todo lo hacía de una forma muy sutil, con sus silencios sentías todo. Ella podía entrar a la idea que tenía para Jimena.

Cuando es tu ópera prima se siente cuando trabajas con gente que tiene estas carreras tan importantes. Pero traté de conectarnos como humanos, yo estoy aquí para que entiendas estos momentos, para crear un set donde podemos crear este personaje juntas. 

Aprendí mucho de la experiencia de ellas, y yo vi a Luz y a Jimena, no a Adriana Paz y a Teresita Sánchez. Y  mi intención era diferenciar estos personajes de otros, ser tan específica que no había de otra, iban a ser únicos.

 

¿Por qué decidiste hacer una historia de ficción, cuando la historia de Diana, la cazadora de choferes también hubiera funcionado para un documental ?

Desde el inicio me di cuenta de que estaba contando el mito de Diana, la cazadora, y para esto era importante hacerlo desde la ficción. No sé si esta mujer existe; cuando fui a Juárez, muchas personas me dijeron: "una persona mandó la carta después, pero los asesinatos los hicieron otras personas”. Es posible, pero también es posible que haya existido Diana.

La ficción te da la facilidad de contar un mito, aunque fue importante hacer investigaciones y establecer la realidad de Juárez en ese momento, tener un contexto histórico. Pero yo quería indagar en los motivos de esta persona para cometer los asesinatos, explorar el conflicto en el que no eres una persona violenta, pero la impotencia y la desesperación te lleva a cometer este tipo de acto. Eso quería explorar, para eso no necesitaba a la gente que estuvo involucrada.

Todavía existe la posibilidad de que alguien haga un documental. Mi intención no fue investigar qué pasó, me gustaba la idea de una mujer que llega, mata a dos personas, deja una carta que lo explica y se describe como una protectora. Me guíe por sus palabras, pero no para clavarme con quién es y cómo lo hizo. Me enfoqué en la motivación del personaje y en su conflicto interno.

La cazadora está más cerca de películas oníricas, es una película entre géneros, empieza como thriller, tiene momentos oníricos, cuenta una mitología de una mujer real. La gente no sale del cine pensando en qué horrible es el mundo, si no que salen empoderadas, las mujeres en particular. 

 

La cazadora (México, 2026). Dirección y guión: Suzanne Andrews Correa. Producción: Gabriela Maire, Edher Campos y Mynette Louie. Cinefotografía: María Sarasvati Herrera. Edición: Gilberto González Penilla. Diseño de producción: Francisco Blanc. Diseño sonoro: Alejandro de Icaza. Musicalización: Tomás Barreiro. Reparto: Adriana Paz, Teresa Sánchez, Jennifer Trejo, Eme MalaFe, Guillermo Alonso.


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