‘Forensita’, de Pablo Vaca: una adolescencia entre la alberca y la morgue
21 de octubre, 2026
Por Carlos Ramón Morales
Conozcan a Inés Amayrani, pronto cumplirá quince años y le están organizando un pachangón. Mientras tanto, acude con sus amigas a los malls, participa en los desfiles de la escuela, se enamora como buena adolescente y algunas noches acompaña a su tío a la morgue, para auxiliarlo en sus actividades de forense en los rumbos de Pinotepa Nacional.
¿Cómo se concilia esta vida de sol y risas con el ejercicio oscuro de revisar, cuidar, escudriñar cadáveres? La ópera prima de Pablo Vaca, Forensita, indaga en esta contradicción y crea una semblanza tan divertida como misteriosa de Inés, que entre la claridad de sus días y lo umbrío de la morgue va definiendo una vocación.
Forensita, de Pablo Vaca, documental divertido y desconcertante, cuenta con el apoyo de EFICINE, y participa en la sección Largometraje documental mexicano del 24° Festival Internacional de Cine de Morelia.
Platicamos con Pablo Vaca sobre cómo enfrenta el reto de filmar unos XV años y una plancha de autopsia, sin perder el estilo (como Inés Amayrani hubiera querido).
¿Cómo inició tu relación con Inés y cómo es que decides hacer una película sobre ella?
La conocí por medio de una de sus familiares. Ella me contó la historia de Inés y me impresionó mucho. Esa noche no pude dormir, imaginaba su historia y que seguramente ahí podría haber un documental. Entonces le pedí a esta familiar que me pusiera en contacto con la madre de Inés. Les conté que soy documentalista y que quería conocerlas. Estuve dos semanas con ellas, ahí, en su cotidianidad.
Iba al centro comercial con Inés, cocinaba con su mamá y platicábamos, las llegué a conocer y creamos un vínculo especial.
Inés me parece una persona divertidísima. Con pocas personas me río tanto como con ella. Y me llamaba la atención los contrastes en su vida, podría parecer que entre estos mundos, el de su vida adolescente, y su trabajo como aprendiz de forense, no existe un diálogo, pero sí ocurre y eso es lo interesante.
¿Cómo fue el trabajo cinematográfico en la morgue? Llama la atención que, salvo en la primera escena que muestras el cuerpo del cadáver que revisan, como para darnos contexto, después no hay más escenas así. En estas escenas prefieres hacer planos medios y close ups de Inés y sus compañeros de trabajo, imagino que por un tema ético. Lo interesante es cómo lo ético se vuelve estético.
Ese fue el volado más grande de toda la película. Desde que decidí hacer este documental sabía que no quería mostrar los cuerpos. Es un momento íntimo y no soy morboso, no me sentía cómodo mostrando eso, que es algo impresionante.
Para mí la historia siempre fue sobre Inés y su familia. Quería mostrar su seguridad y concentración cuando realizaba el oficio en la morgue, cómo se comunicaba con los adultos, que fue lo que a mi me impresionó.
A su corta edad, ella muchas veces es la persona más profesional. Eso me parecía fascinante. Para retratar eso en el documental, tenía que enfocarme en ella y en las personas que trabajan. Si yo me enfocaba en algo más, aparte de las razones éticas, iba a perder esa fuerza: si bajaba la cámara un poquito, el ojo del espectador se hubiera ido a eso, al morbo y yo no quería eso. Era importante que el espectador conectara con Inés y su concentración.
Editando la película, los close-ups de Inés me siguen enchinando la piel; es la razón por la que conecté con esta historia.
¿Cómo reaccionó Inés cuando el amigo se convierte en un documentalista, el hombre con la cámara que busca contar una historia?
En el primer viaje llevé una cámara y una grabadora que uso para mis investigaciones, para hacerle preguntas a Inés. Vimos que podíamos generar una relación de confianza para hacer un documental, pero también quise saber si ella estaría dispuesta a compartir sus historia enfrente a una cámara.
La cámara y la foto fija nos permitía jugar mucho. Le decía: “ahora te voy a tomar una foto aquí, ahora otra foto de tu clase de baile”. Así pude ver que ella estaba dispuesta a compartir su historia.
Antes de la filmación hicimos un scouting. En ese viaje venía todo el equipo de producción y llevamos una cámara para ver cómo se relacionaban Inés y su familia con ella. Más allá de levantar material, lo más importante era que se sintieran cómodos con el equipo. Escogí a quienes trabajaron en el documental pensando que quería forjar una relación de confianza con Inés y su familia.
Veo en los créditos de Forensita a personas como Isabel Vaca (Temporada de campo) o Arturo Mendicuti (Camino a casa), me parece interesante que formas un equipo de trabajo con ellos para este documental. ¿Qué me puedes contar sobre este equipo?
Arturo es mi amigo e Isabel es mi prima y también mi amiga. Cuando conocí esta historia, a los pocos días le conté a Isa y me dijo: "esto parece fascinante, hay que hacer una película, ¿no?" Entonces fue orgánico cómo se integraron al equipo.
Justo Temporada de campo, de Isabel, trata sobre la infancia; es curioso que siendo primos, los dos estemos tratando estas historias. El resto del equipo se sumó porque son amigos. Nassif [González] fotografió el docu de Arturo y es amigo de los tres, había esa confianza para generar este vínculo entre nosotros, pero también con los personajes.
Eso fue fundamental, tener personas en las que confías y con quienes puedes crear una historia que está viva. Porque el documental está vivo y cambia, una semana tienes un plan de filmación y eso jamás sucede, todo va evolucionando, por eso es importantísimo tener esa red en quien puedes confiar.
¿Cómo fue el ejercicio de retratar la vida en comunidad en torno a Inés?
Desde que empecé el documental tenía claro de que estaba trabajando con la infancia, para mí fue importante comunicarle a Inés que sus límites eran lo más importante.
Lo que ella me quería mostrar era lo que estaba dispuesto a ver, y lo que ella no me quisiera mostrar, yo no iba a tocar esa puerta. Me dejé guiar por ella, con los amigos que me quería presentar, los eventos a los que quisiera que fuera. Eso ayudaba a hacer el trato de la comunidad a través de los ojos de Inés.
¿Cuáles fueron las dificultades para retratar a Inés y a su mundo?
Me preocupaba que Inés creciera mientras levantábamos el dinero, era un tema importante para la película. Y también, Inés es una adolescente con tanta energía, que fue complejo filmar su vida. Un día íbamos a la clase de baile y otro íbamos a la morgue o a la alberca; crear estas líneas narrativas, dentro de todos los mundos que tiene esa vida, fue divertido.
Algo especial para el equipo fue filmar en la escuela de Inés, porque nos concentramos en detalles pequeños, que a nos hacía platicar sobre nuestras propias experiencias como adolescentes. Eso quise transmitir en el documental, que la audiencia conectara a través de estos pequeños momentos de la adolescencia, que son muy efímeros, que muchas veces olvidas los detalles, pero que a fin de cuentas construyen una adolescencia.
¿Qué expectativas tienes sobre el estreno de Forensita en Morelia?
Estoy muy emocionado por las conversaciones que podría generar el documental. Tengo muchas ganas de ver cómo la audiencia recibe este sentimiento y cómo conectan a través de él con la historia de Inés.
Esta película hace un retrato sobre un país que vive en dualidad, como Inés. Invita a hacer una reflexión sobre cómo es vivir entre esas dualidades, algo que una película de Hollywood jamás te dará oportunidad.
Es una película íntima, pequeña, pero la forma en la que nosotros abordamos la historia hace que cualquier mexicano se pueda relacionar con ella.
Forensita (México, 2026). Dirección: Pablo Vaca. Productores: Arturo Mendicuti, Isabel Vaca. Coproductores: Miguel Escudero, 24-48 Post. Compañía productora: Caribou Visual Studio. Director de fotografia: Nassif González. Edición: Paloma López Carrillo, Andrea Rabasa. Sonido: Laure Domínguez. Diseño sonoro: José Miguel Enríquez. Música: Mabe Fratti y nuvnu. Corrección de color: Miguel Escudero, Constanza Moctezuma.