‘Toda una vida’, de Ariel Gutiérrez Flores: crecer entre secuestros


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22 de octubre, 2026

 

Por Carlos Ramón Morales

 

Armin se siente feo y torpe, en su escuela lo molestan y en su casa debe cargar con la responsabilidad de ser el hijo mayor. Todo esto pasa a segundo término cuando secuestran a su madre. La pubertad enfrenta la peor forma de crecimiento, entre la incertidumbre y la fortaleza de hacer lo que se pueda —y que es tan poco—  por recuperar a su madre con vida.

Entre el coming of age y el thriller, en su ópera prima Toda una vida, Ariel Gutiérrez Flores propone una historia que hace del secuestro un disparador para hablar sobre la entereza, la responsabilidad, pero también sobre la libertad y los intentos de adquirir cierta madurez.

Filmada en Saltillo, Coahuila, con talento local, Toda una vida participa en la sección Largometraje Mexicano del 24° Festival Internacional de Cine de Morelia.

Platicamos con Ariel Gutiérrez Flores sobre esta historia que arranca en la autobiografía y desde ahí se extiende a imaginar géneros, familias y ciudades.

 

¿Cómo surge la historia de Toda una vida?

Todo inició hace una década, cuando mi madre sufrió un secuestro exprés en Saltillo, la ciudad donde filmé la película. Al principio pensé que no me había marcado, pero al pensar ideas para mi ópera prima regresaba a esta historia. Fue un secuestro exprés que duró alrededor de un día pero fue bastante traumático.

Tengo un corto como antecedente, mi tesis del CCC, se llama Los tiempos de Héctor; con una temática diferente porque se relaciona con el estudio asistido y una relación improbable que se da en la Ciudad de México. En Toda una vida confluyen cosas personales y autobiográficas. Por eso filmé la película en la ciudad donde nací.

 

Toda una vida tiene un cruce interesante de géneros. Es un coming-of-age enfocado en el crecimiento de Armin como persona; también es un thriller dominado por el secuestro, la urgencia económica para pagar el rescate, los conflictos familiares y el misterio de la madre ausente. ¿Cómo planteaste este cruce?

Cuando empecé a escribir el guión tenía más thriller. Y yo quería hacer una película estresante, que el espectador se pusiera nervioso, que se la pasara mal pero que al final tuviera una recompensa por haber atravesado este viaje.

Cuando me planteé cómo filmar, me costó trabajo imaginar un coming of age contemplativo, porque aquel día fue de locos. Había que transmitir ese estrés y la única forma de hacerlo era a través de lo que viven los personajes; van de un lugar a otro, no están quietos, la ansiedad los desborda.

Tampoco es una película hollywoodense, donde un muchacho desarma a una banda de delincuentes, aunque esa era la sensación que tuve aquel día, me pregunté: “¿qué puedo hacer para encontrar a mi mamá?” Y mi papá me decía: "esperar, es lo único que podemos hacer."

 

La fuerza de Toda una vida está en sus actores. Marcus Eli, Gerardo Trejoluna y Mateo Díaz Garza forman un trío sólido, que sostiene la trama. ¿Cómo fue la dirección con tu protagonista y cómo trabajas con los otros miembros de la familia?

Esta es una producción de actores y de rostros, está filmada de planos medios a cerrados. Es el intento por hacer la experiencia estresante. Cuando tienes la cámara tan cerca para un actor, eso lo desnuda, y Marcus supo manejarlo bien. Todos sufrieron esta tortura que venía de dirección y de foto, pero para Marcus fue mucho más demandante, porque él está en el 99.9% de las escenas.

Recuerdo que cuando Mateo se despidió el último día, Marcus lloró. Se formó una comunidad, todos estaban muy compenetrados. Eso sucede donde las películas están contando algo doloroso: narra una herida desde la honestidad y espero que el público lo sienta cuando la vea.


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Después de resolver el conflicto, sumas varias secuencias para devolver la calma. Hay una idea de recompensa en el guion, terminas en un estado de paz y redescubrimiento de Armin...

Agradezco muchísimo a Claudia Sainte-Luce porque ella leyó varias versiones. Hubo alguna fatalista, que trata el secuestro como algo exagerado y tremendista. Después me fui enamorando de los personajes y me convencí de que no podía hacerles más daño.

También tiene que ver con el espectador mexicano y con algo que a mí me interesa,  al hablar sobre la violencia en el país. Hay un hartazgo de mucha gente y yo no quería que la gente se la pasara mal. Quise ofrecer un dejo de esperanza y eso encamina a mis siguientes proyectos.  

No quiero que el espectador tenga la sensación de que es una película de desapariciones y que eso le provoque rechazo. Queríamos darle un giro más optimista y luminoso, porque la vida, por más horrible que sea nuestro país, es luminosa, a pesar de todas las sombras y la oscuridad que también hay. 

 

Hacer una filmación en Saltillo implica apropiarse de la ciudad para narrar su propia esencia.  ¿Cómo integraste a tu crew y qué implicó trabajar con talento local?

Yo sentía que tenía una deuda enorme con mi ciudad. Había hecho varios cortometrajes en la Ciudad de México, pero nada en Saltillo. Y desde hace unos años el cine ha creado políticas públicas en favor de descentralizar el cine. Han ido surgiendo cinematografías que estaban en la periferia y que comienzan a tener luz.  

Queríamos hacer una película en Saltillo y nos propusimos que la mayor parte del crew fuera de Saltillo, o por lo menos de la región. La mayoría de los actores que comprenden el reparto con roles secundarios son de Saltillo, algunos de Torreón. Un gran porcentaje de la película se filmó en Saltillo y con gente de Saltillo, lo cual me pareció magnífico.

 

¿Cómo le proponemos a los espectadores una película como Toda una vida?

Les diría que es una película sobre crecer en México. Tiene rasgos universales,  cosas que podrían estar sucediendo en cualquier ciudad del mundo. Se trata de lo agridulce que es crecer en México, pero es una película optimista y una película accesible, que cualquiera puede ver.

 

Toda una vida, (México, 2026) Dirección: Ariel Gutiérrez Flores.  Guión: Ariel Gutiérrez Flores. Producción: Victor Léycegui, Daniel Vota, Raymundo Hernández. Cinefotografía: Sebastián González Rivas. Diseñador sonoro: Cesar González Cortés. Música: Yolhuani Curiel. Editor: Julián Sarmiento. Compañía productora: Varios Lobos. Reparto: Marcus Elí V. Gómez, Gerardo Trejo Luna, Mateo Díaz Garza, Montserrat Marñón. Locación: Saltillo, Coahuila. 

 

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